martes, 19 de mayo de 2026

María Negroni: Monólogo interior

¿cosa busca la noche

cuando aquí prolifera

tu ausencia más palpable

 

y yo me quedo en vano

cada vez hacia nadie

 

eco de qué mármol

de qué aurora

 

luz de sombra de tu luz

que me naciera

 

o alegoría del oído

 

esa campana

repicando

 

por todo paisaje?


Héctor Berenguer: La casa de arena

Gusto a sal en la boca,
principio y fin de todas las cosas.

Cuando el verano termine
el viento me tallará como a una duna.

Mi arrepentimiento es no terminar a tiempo
y que mis deseos permanezcan más allá de mi tiempo.

Anoche tuve un extraño sueño
podía ver pasar la vida,
así como se da la mano o la espalda.

Las cosas cambian de sentido
y con ellas se detiene todo lo previsto.

Hay otro mar e irrumpe en sueños su larga travesía,
piedra horadada que recoges lo que el cielo desprecia.

Vulnerable es todo hombre hecho a la altura de su luz.

Cuando era niño
salía susurrar exigente el término del miedo.
Ahora cuando llamen por mí,
habré desaparecido.

Amo este día porque todo se pierde.

El estar aquí nada más que por nada
cautivo y libre en un instante eterno.

Siento la vida extrañada como si fuera de otro.
¿Acaso ya no soy la sombra de mi mismo?

sábado, 16 de mayo de 2026

Paula Martini

En el tren una mujer escribe en su libreta
mira el paisaje 
gesticula 
Siento el olor de la tinta 
Pasan los techos
reforzados a ladrillos sueltos 
Ella escucha el sonido agudo de cada estación
algo la lleva a las palabras que inventa
otra mujer abre los ojos sin mirar
mientras atravesamos el parque Pereyra
todo es otoño
después de un pájaro tiembla una rama
eso pasa rápido
la vida se parece a la costumbre
rompe y nace 
ejercita en el viaje los dolores 
los torna pedazos de memoria 
la mujer de las palabras se levanta 
baja
la veo como el olvido
extraña y pequeña caminar entre los álamos.

Juan Diego Incardona

Los vecinos están en el baldío
alrededor de un pájaro recién muerto;
habrá caído del espacio —dicen—,
porque acá no hay árboles ni hay cielo.
La radio y la TV transmiten desde el nido;
algo habrán hecho —informan—,
acá no hay árboles ni hay cielo.
Alguien abre las geodas de basura
cuyas amatistas brillan figuritas
y muñecas desmembradas;
en retirada, marcha la comunidad,
pisa los juguetes en el día-noche
y se hunde, colectivamente,
hacia el interior de la Provincia
donde la pampa, se sabe,
es como el mar,
rojo, oscuro, olvido.
Las plumas del pájaro flotan sin cielo
y en el espacio no las quema el sol,
sino la última estrella fugaz
que cruzó el Acceso Oeste
antes de que los deseos apagaran
las chispas.

martes, 12 de mayo de 2026

Silvana Franzetti

Por qué Ozu.

El sabor del té verde con arroz

alcanza el fuera de campo.

Qué variedades

se perdieron en los últimos cien años

y por qué causa placer

el sonido de la lluvia

de arroz

al verterlo en el agua.

 

Construida la perspectiva,

quién sabe si una parte

de las cosas

están en oriente.


Mario Arteca: El Arroyo El Gato ataca de nuevo

Y de pronto, por si no lo supieran, se abrieron
las aguas del arroyo, y una implacable mácula
de aceite para frenos se engulló el oxígeno y acabó
con el plancton. Las gaviotas venidas del Náutico,
antes obesas, ahora anotan nuevas coordenadas
donde aterrizar kilómetros más allá. Se afirma
un cementerio de antiguos terraplenes. El lecho
parece un cascabel de latas de 350 mililitros
de la más ordinaria de las ordinarias de las cervezas:
los zorzales pestañean ante el desperdicio, pero
recogen con náusea la provisión de profilácticos
desdeñados por la debacle nocturna. Cierta vez,
el activista Javier Prol echó sus maldiciones
por un réquiem servido en bandeja. La calle 526
lleva su nombre. Para quienes la transitan, se trata
sólo de una señal rumbo a la boca de la nueva
autopista. Por ahora, lo que queda del macadán
siquiera propone un stock para cerámicas.
Y aquellos que aseguran el pronto surgimiento
de las napas, desconocen de un cúmulo de razones
para detener la caravana del riacho. Oscuro.
Más de 30 ordenanzas no pueden detener el avance
de las aguas, mientras el arroyo es una pastilla
sublingual que se desliza por debajo de la city,
a la busca de cuidados menos intensivos. Nadie
cruzó el lecho legamoso, y hasta los dioses
y el insigne Rocha, aguardaron en vano la llegada
de nuevos mandamientos. No innovar. Se regresa
al punto en que una nueva denuncia, será
pregunta en la respuesta. Quien crea de ahora
en más, deberá vadear la orilla de los vivos
y cuidarse (en puntas de pie, sobre superficie líquida)

sábado, 9 de mayo de 2026

Catalina Boccardo: EL PÚBLICO EN EL TEATRO

No existe ese trozo de aire

usás zapatos contra la gravedad

el público
sus cabezas
unos butacones falsos
aplauden
y susurran

bailás bailás
para quienes sufrimos en serio
no esa levedad de mierda

y las arañas
los aros
cuelgan

movés la horca
con tu lengua adentro

el sinsabor termina
                              a la salida
el sobre de marca
unos tacones que nunca dejarían

los trabajadores de la danza
tienen un pie casi en la garganta



Matías Beltrame

Cuando un corazón esta herido
la mente es capaz de hacer cosas
primitivas.
La primera vez que discutimos
cambiaste tu forma de vestir
cambiaste de talle
y fue como si te liberaras.
Una semana antes me dijiste
que con ropa tan grande
parecía un gangster o un cafiolo.
La segunda vez que nos peleamos
te había dicho que necesitaba zapatillas
pasamos frente a una vidriera
te dije que me gustaban esas 
que estaban en buen precio
entraste y te las compraste
aunque no las necesitabas.
La tercera vez que nos gritamos fuerte
fuiste al peluquero te pusiste un piercing
te recortaste las cejas y empezaste a depilarte
todo
la misma
tarde.
La vez que te dejé pasaron sólo unos días
hasta que volví a tu casa
tiraste las plantas y macetas
compraste otras más caras
sacaste los muebles que aún servían
y los dejaste en la vereda
compraste un sillón enorme
sábanas y almohadones.
Una vez te dije 
que me gustaban los marcos de fotos o cuadros
sólo los marcos
colgados en la pared
y los pusiste sobre tu cama.
Decías que todo eso era para mí.
Cuando un corazón está herido 
se activa un mecanismo de defensa
una alerta que nos protege
pero que a la vez nos debilita
nos vuelve vulnerables
    transparentes
por no saber pedir perdón
o por no saber pedir ayuda.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Cecilia Romana

Y ahora me llama porque se siente solo

 

y dice que el viento ha vuelto a soplar y entonces

 

el humo bajó a su casa

 

que está separada del resto por una hilera de árboles

 

que no sabe qué tipo de árboles son

 

pero sus hojas solo saben dar sombra en verano

 

como su corazón que solo sabe apagar lo que toca.

 

Pero el fuego no se apaga en el este.

 

 

 

Quisiera verla, dice.

 

 

 

Hay un álamo frente a mi casa. A su lado un tilo.

 

En verano la gente pasa

 

y arranca hojas para hacer infusiones.

 

 

 

Las hileras de su corazón no tienen especie.

 

Mi corazón se quema bajo esa sombra.




 

Gonzalo Vega: Viernes

El sol rebotaba

sobre el lomo del río,

achinábamos los ojos

para poder avanzar.

Martín me había dicho

Que el equilibrio en piragua

se logra llevándole la contra

al remo del otro.

Los pescadores volvían

de su jornada

zumba un motorcito villa

zigzagueando entre las islas

con la Central Eléctrica

cuidando nuestras espaldas.

Las ramas de los sauces

caían sobre el río

parecía que estaban

a la espera del pique.

lunes, 4 de mayo de 2026

Ana Gervasio: MI PADRE ERA UN OBRERO QUE CANTABA

camino hacia la fábrica,
mientras la llanura hechizaba los ciervos 
y una flor abría su corazón rosado,
mi padre pedaleaba sobre el camino guadaloso
cuesta arriba y salvaje.

a través de la hilera de árboles
la antigua bicicleta brillaba 
como un dulce misterio. 
la historia entera de un obrero 
encendía las semillas,
el principio del pan, la espiga de los pobres.

los gorriones seguían su estela
que labraba una huella perenne
como la fuerza de todos los trabajadores.
su cuerpo laborioso, ileso de la muerte,
dejaba un resplandor que se albergaba
en los jardines de las casas blancas.

mi padre era un obrero que cantaba,
camino hacia la fábrica, cantaba.


Horacio Zabaljáuregui: EL PRIMER DESCONSUELO

También hay condiciones objetivas
para que mi queridísima me deje un sábado por la noche.
Corrientes abajo voy,
la lluvia me arruga la yema de los dedos.
Calado, termino viendo Derzu Uzala,
entre sobresaltos de sueño.
Quedará una sinusitis crónica;
es la primera muesca del desengaño;
viene con la culebrilla de los celos, su collar de ahorque.
La contradicción principal:
el fantasma del otro, la discordia del tercero,
y el desencuentro;
en su reclamo hay un retrato de mí,
en el que apenas me reconozco.
El desarrollo desigual y combinado de la pasión
y el desencanto.
Un manto de reproches:
estas cuitas siguen su propia línea.
No hay síntesis en el corazón de la desavenencia.
Es la primera pena y parece insondable.
Su dialéctica es oscura:
y lo único que recuerdo
es cómo me empeñé en mojarme,
en disolver en lluvia,
el primer desconsuelo.

sábado, 2 de mayo de 2026

Amanda Pedrozo: Adaptación


Si retirase con esta mano
cuanto hubiese dado con la otra
si a mi mano izquierda no le importase
en qué asuntos anda la derecha
si con buenísimas maneras me convencieran
de que lo cortés no quita lo valiente
si de tanto hacer la ronda
se me diera al fin por elegir pareja.

Si considerase gentil
ceder la última palabra
si viviera nombrando a Dios
en tanto voto por César
si alabase el orden establecido de las cosas
y decidiera consecuentemente
tornarme buey por el camino,
y punto.

(Donde Ud. por supuesto, decidiera ponérselo
rotundamente y absoluto)

Claudio Archubi

Otra vez mi pensamiento era uno con la
montaña del Norte: entero, claro y distinto, en la
escarpada mañana, claro y distinto.

Y yo ascendía por mi montaña
comprendiéndolo todo, para perderlo todo, mientras el
cielo se cerraba sobre mí, con su triste blanco,
moviendo sus nuncas y sus siempres, y su otro lado
escrito en griego.

Lengua muerta, cielo lento, otra lluvia: caían
sobre mi piedra hasta volverla más pesada, tanto como
una pregunta, la que no alimenta, una que se derrite en
centurias, pero sigue pesando, una para ir con ella,
sosteniéndola, como la hormiga con su carozo de hielo.

Así mi piedra fue la montaña y yo no ascendí
sobre ella sino que caminé por debajo.

Mi cielo estaba hecho de tierra y yo descendía
arqueado, siempre la misma ladera clara y distinta, con
sus raíces, esas, las nunca crecidas, tan cercanas y
blancas, con su duro corazón de nieve, con su otro lado
escrito en griego.



En: "Sísifo en el norte"

miércoles, 29 de abril de 2026

Carolina Massola

Existe esta memoria estelar
donde arden los rostros del Universo
donde caer es girar en torno a incontables soles
e incontables mundos surgen de mí
estallan de mí
se expanden en un remolino solar
soy eso que se aleja
este caer del centro de la estrella
en un temblor de nacer que vibra
en cada partícula del Universo
en cada célula que respira en mí
todo es polvo gas
y confusión en mí
donde bordear las fronteras del caer
es llegar a las entrañas de la luz
que abastece al día
arañar los confines del Universo
dormir en un latido del mundo.

Yo tengo los restos de esa noche
y todos esos soles aullando en mí.

Leandro Llull: El ángel desfasado

Me miro el brazo, la mano,
sigo su movimiento,
la estela de su paso, casi un ala,
reparo en esas manchas
rosadas, blancas de la palma,
me detengo en sus mínimos incendios,
las pequeñas constelaciones de sus células,
las espirales de la sus combustiones,
los mapas invisibles que se tejen
por detrás de cada forma, y siento
crecer su presencia, soy una llama
blanda, de encaje,
su espectro en el aire, desfasado,
unido, disuelto, despedido
por un fuego que no quema.

lunes, 27 de abril de 2026

María Eugenia Rapp

Dejarlo ir
como el cielo permite desleírse a la nube
y se rompe en las flechas de humo
que arrojan los ángeles 

Esos pájaros con raíz
que abandonaron para siempre 
el vuelo y el acierto

Quiero colarme en la historia 
de otra línea de tiempo
en la que vos estabas, esperándome
-tus latidos a la sombra de un altar- 

En esa historia no existen los ángeles 
y nos cantábamos ese bolero que dice
lo que queda de mi / sigue siendo de ti

Éramos cursis 
y no importaba

Pero ahora 
no podemos juntarnos 
sin partir el carozo de la vida

Esta vida seca y llena de vueltas 
que huele suavemente a duraznos

Piero De Vicari

dos tordos negros renegridos
como la sangre de las uvas del trapiche
vinieron o regresaron no lo sé
a la hora en que la tarde o sus pezuñas
caen en los hombros del que escribe
del que sueña y mitiga su soledad
en la siempre manía del intento

y así como vinieron cantaron y se fueron
dos tordos negros renegridos como la parca
que acecha pispea y se va y no se queda gracias a Dios
o a los hombres que tendrán su merecido
el día en que los tordos negros renegridos
por fin regresen y ya
para quedarse


sábado, 25 de abril de 2026

Daniela Bastías: Escucho una canción del pasado

Abuelo, hacia el final del disco Akira Kosemura
hace un movimiento que cambia su sentido
por completo.

La música que lo integra comienza a ser, de pronto, más
que un lugar hermoso. Y esa es condición necesaria
para decir cualquier cosa honesta.

Con este gesto está mostrándole a su hijo todo lo otro
que es el mundo. Lo que perdemos
y lo que siempre regresa a nosotros.


Hernán Schillagi: Mecánico de la palabra

como una escena robada de una película

del cine nacional empuja con los dedos engrasados

de tinta su viejo auto bajo la lluvia

«para qué me sirve la poesía» repite «para qué»

si el motor no responde a sus bucólicas quejas

empuja puja y campuja vocablos contra el paragolpes

y las balizas le marcan la intermitencia

de su confundido corazón la indolencia

de su mecánica literaria ante el carburador

las oscuras transmisiones y los cables indiferentes

por eso empuja con el cuerpo entero

para llevar la mole de su torpeza hacia adelante

hasta que sin más toda la lengua le quede afuera


viernes, 24 de abril de 2026

Bárbara Alí: Carta 10

No es desmalezando el bosque
como vamos a llegar a encontrarnos
es quizás caminando a tientas
lo vi en un sueño
yo iba con mi hocico inquieto
en mitad de la noche
tanteando las hojas secas
vos del otro lado
aguzabas el olfato
para alcanzar el perfume
de mi sangre caliente
ninguno de los abría los ojos para ver.
Caminar con los ojos cerrados
dicen que es la forma
en que los equilibristas
se sostienen en la cuerda floja.


Leo Lobos

A límite humano

a mazmorra, a cárcel a ciudad abierta

huele aquí

lavamos nuestros rostros

maldecimos después de llorar

y en procesión lenta

nos enterramos uno a uno

como sí algo de nosotros

descansara en esos

minutos repetidos

repetidos

repetidos

miércoles, 22 de abril de 2026

Vivian Lofiego: Escenario

Las sillas en casa de la abuela forman una retahíla de novias

novias juntas unas con otras traman la tarde

el tocado les da aire altivo, al sentarnos en ellas

nos aprisionan abdicando su belleza

novias vestidas según la estación, terciopelo en invierno

seda cuando la florescencia,

vestidas por capricho el canto

olvidadas, arrumbadas, desprolijas en un desván

mis amigas discretas

callan el secreto de lo que la infancia anima

 

Seis sillas de madera desnudas juegan como actrices,

seis caballos de madera en la escena del living

seis novias languidecen en seis sillas

seis años asomando al patio

la tarde abre su telón al juego

seis sillas vacías, ahora

Carlos Ardohain: EL CUERPO ES UNA CASA...

EL CUERPO ES UNA CASA...
una casa es una cosa
que contiene otras cosas
como el cuerpo
la tristeza es una cosa
que no tiene forma
y se siente en todo
el cuerpo en todos
los cuartos de la casa
la muerte es una cosa
que le sucede al cuerpo
y también a las casas
pero la muerte no termina
con la tristeza
que se desparrama alrededor
en otros cuerpos amigos
cuando una casa muere
deja un hueco en el espacio
quedan los recuerdos
que no tienen donde ir
ahora mismo
mi cuerpo asoma 
desde la ventana de mi casa
para mirar un avión 
que atraviesa el cielo
perforando las tristes
nubes rosas de la tarde
que empieza a morir

lunes, 20 de abril de 2026

Noelia Palma: Tarde de sol

Esta foto es una contrabelleza.
La sonrisa se detiene, las manos se detienen.
El cabello todavía tiembla.

Las tardes de sol en sepia suelen ser rojas.

¿Cómo era la felicidad de una muchacha en combustión?
¿Con la misma felicidad
persignabas al hijo,
a la hija
y al espíritu santo?

¿Dónde menguó la cruz que sujetabas
el día que tuviste que pedir perdón?

Tu cabello todavía tiembla, Marilyn,
como el cuerpo
cuando obedece.


Carlos Schilling: Jaime Gil de Biedma

Escribo siempre sobre otros poemas,
nada quiero decir, nada de nada,
mi tema no es el mar, tampoco el cielo,
no busco en las palabras las personas
del verbo y nunca me dirijo a nadie.
¿No reconocen en mi voz el tono

de Jaime Gil de Biedma? Es que su tono
se mezcla y se confunde con poemas
que ya no pertenecen más a nadie.
Citar sus versos es volverse nada,
es transformarse en todas las personas
que han apostado su porción de cielo

a cambio de las luces que otro cielo
les promete. ¿Por qué negar el tono
de alguien que no confía en las personas,
y sólo les dedica sus poemas
a fantasmas, a sombras, a esa nada
desde donde jamás responde nadie?

Si persone, en francés, vale por nadie,
como la voz latina, muestra el cielo
detrás de toda máscara: la nada
que vive en esos cuerpos cuyo tono
rosado han celebrado otros poemas
más justos. ¿Qué decirles a personas

que pronto dejarán de ser personas
para asumir su condición de nadie?
Ese vacío no acepta poemas
para llenarse, es mudo como el cielo,
como el mar que jamás encuentra el tono
ni el modo de cantar su propia nada.

Si cavando en el verso sólo a nada
se llega, ¿cómo pueden las personas
hacer allí su tumba? ¿Acaso el tono
es la rara manera de ser nadie
que día a día le concede el cielo
a quien paga su deuda con poemas?

Al revés: baja el cielo a los poemas
y es el tono filial de las personas,
celebrando que nadie sea nada.

viernes, 17 de abril de 2026

Valeria Tentoni

Un sentimiento

se despega de mí

como una cáscara,


quedo suave y perfecta,

todo de cero.


Observo de cerca

encuentro la hendidura

por la que podría brotar

convertirme

otra vez

en hebras relucientes

que sigan su camino:


soy una semilla extraña

en la palma de una mano.

Gustavo Caso Rosendi: PATRIA

Yo no quería tu sonrisa ni tu llanto
y en verdad te imaginaba
como una comadreja criando
muertitos en su bolsa
Pero en la Soledad te vi
te vi y tomé tu mano
y estabas bella como la luz del dolor
Casitas de chapa salían de vos
jacarandaes ojerosos
hilachas de flores de lapacho
angelitos pordioseros salían de vos
zorzales lastimados y en los picos
banderas de jazmines y lavandas
Te vi y estabas bella y temblabas
sombras de niños salían de vos
corriendo hacia un zaguán oscuro y viejo

miércoles, 15 de abril de 2026

Cynthia Langier

Nosotras jugamos con las palabras

recién le pedí a L. que me regale una palabra:
prisma, me dijo.

Quiero escribir la palabra prisma pero me viene
catalejo o espejo de colores.

Un día me regaló un caleidoscopio, otra vez un
reloj de arena y una brújula.
Yo le hice cuadernos artesanales cosidos a mano
con tapas brillantes, hilos de seda y hojas rústicas.
Las cosas más lindas que hago se las regalo.

Creo que de a poco voy a ir dando todo.

Julián Axat: Otras nostalgias de la luz

Todo comenzó tras el fallecimiento de su padre

fue en ese momento en el que la mexicana Gabriela Reyes Fuchs

pensó en las cenizas que le entregaron

Desde entonces caviló ante los restos

pensó en las imágenes

en los sueños que la llevaron a ser fotógrafa

pero de repente sintió la necesidad observar más de cerca

y hacerlo a través del microscopio

“No vas a ver más que blanco, negro y gris”, le decían los expertos de la UNAM

Pero Reyes descubrió fragmentos

Pequeñas luces brillantes en forma de constelaciones

En las partículas de las cenizas de su padre había una galaxia escondida

Desde entonces nació el proyecto que recibe muestras de todo el mundo

Y que permite a las personas ver estrellas entre las cenizas

«Estamos hechos de estrellas» decía Carl Sagan 

y los hijos de desaparecidos de la Argentina

los de Guatemala, Chile y Perú ya se alistan para ir mandando

los restos que los equipos forenses han hallado perdidos en las fosas comunes

y así se esperanzan con ver

a sus ancestros convertidos en soles y cuásares

 

 

martes, 14 de abril de 2026

Leonor Silvestri: ANTIESPECISMO

una mosca muere en la mesa de mi cocina
una mesa blanca, una mosca negra
el sol es blanco y amarillo
la mosca brilla, tornasol
la muerte de la mosca es la muerte
la muerte del amor no es la muerte
describir el espanto, escribir del espanto,
escribir de tu locura, escribir sin pausa,
sobre la muerte sobre la mosca, sobre nuestro amor
muerto. tengo la atroz lentitud
del olvido y temo el instante de pavor absoluto
la locura también parece muerte, pero no es.
aun veo, aun veo la mosca en la mesa blanca
como si fuera tu voz provocando mi locura en
esa ratonera, contra las paredes, sobra la mesa donde
la mosca elige morir, donde elijo escribir, y
no olvidar el debate entre la soledad y la muerte
entre la vida y el amor, triste pero no trágico,
como dejar un vicio incontrolable
no por eso menos placentero.
elijo vivir el invierno, la vida injusta,
el horror absoluto de la incertidumbre
elijo vivir la calma de tu ausencia.
de a ratos lloro por la irreductible muerte
de esta mosca. no llorar nunca es como no haber vivido
esto también es necesario que suceda, inútil hacer tangible
la desesperación y el desconsuelo que conlleva la vida, la muerte
el recuerdo de la desesperación no nos mata
la escritura avanza es viento, está desnuda,
pasa como nada pasa en la vida, pasa y se vuela
el cuerpo muerto de esta nada, de esta mosca, ya no viva
pasa como nada pasa excepto esto que llamamos vida.

Federico Rodríguez

Todo irradia algo,
la luz, la memoria del agua,
la radio sonando desde la distancia,
la dorada franja que se aquieta tras los techos,
el pacífico pasar del olor de la noche
sobre mi casa
la oscuridad del derrumbe del mar,
la voz del pulso de la sangre,
la velocidad de la piel,
todo irradia algo
Que aún no sé como nombrar






miércoles, 8 de abril de 2026

Carolina Biscayart: LO QUE NO SE SABE TAMBIÉN FLUYE

En esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
han crecido mis flores
las raíces insisten
y mis hojas esclavas
testigos de la lluvia
que se va sin remedio
reverencian el cielo
son tan necias mis partes
no me dicen su sueño

en esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
mis flores se abren
con ternura a la lluvia
que nunca nunca
las moja
ni tiene la piedad
de abandonarlas.

Hugo Luna: héroe de la clase trabajadora

no aprendés de la historia no

bajés línea / línea

bajada es línea perdida / el vidrio

no evoca el poderoso vicio ni refleja

la mirada crítico-ideológica / tu rencor

de blanca pureza parece un negrito

joder con la complacencia de

quienes brindan cuando el año se fue

este poema es

la sobra de un postre / ya sabemos

los hambrientos comensales:

sin dulce de leche

las charlas de sobremesa serían hiel de palabras

caídas en el barro


lunes, 6 de abril de 2026

Valeria Melchiorre

Cuando la caza de brujas comienza

se tensan los arcos sus torcidas

intenciones la pica de incongruencias

 

consta en cada baluarte una balada

de injurias                  

remates puntudos

hay una pantalla de encendido abrupto

y un botón de pausa

una delgada línea en esto

de tirar al blanco

 

son elásticos                los matices

uno el flanco               una la ponzoña

 

somos incendiarios

reciclamos cada flecha para no sentirnos solos

forjamos una herencia de bastiones  

 

lo nuestro no es el escarmiento

hacemos de esta escena un retorno eterno

en loop una historia de cada prurito             

un escupitajo

 

hoy compré a mi hija

un manual de cetrería precoz


Esteban Nicotra: ELLOS VUELVEN

En la noche,
como traídos por las olas negras,
entre el sudor salobre de las sábanas,
ellos vuelven.
Llegan hasta tu cuarto a oscuras
y flotan sobre tus párpados caídos,
hasta que te levantas, insomne.
No dicen nada,
te miran con sus ojos de corderos,
sonríen, cantan su canción muda,
como tantos años atrás.
Y tú caminas y caminas,
entre las dunas,
entre las zarzas y el viento,
hasta que tus pies
pisan la arena firme de la playa,
y tu paso va recto y seguro,
hasta que te internas
en el agua helada del alba.

sábado, 4 de abril de 2026

Cintia Ceballos

Vas a llenarte de gratitud, harás 
lentamente con tu cuerpo
un ovillo que contenga: 
torso, cabeza, extremidades, dolor
y donde nada pueda
separarse entre sí. Vas a mostrar
una sonrisa abierta y los dientes  
que aún atesora tu boca
serán las cuentas de un collar.
Y digo vas y voy
con la cabeza gacha 
haciendo parches y remiendos
con los hilos que tengo y no
hay nada más visible que esta costura tosca
que nadie me enseñó a perfeccionar.
Perdón, es que no quiero darle 
ya más vueltas a esto. Una garúa
leve se hace lluvia copiosa a trasluz
y lejos de querer buscar refugio ahora
me quedo aquí parada con esta gratitud.

Eduardo Magoo Nico: ZAMBA

El patio era sobrio y los malvones mudos
Profundas arrugas en los árboles viejos
Un halo verdeante de luz
El musgo
Cerdos salvajes
Un pozo azul
Espacios en calma

Levantar un dedo
Sacudir la cabeza
Las palabras hicieron aquí la risa y el suspiro
(Una fuente profunda y tenebrosa)
Tocaron el velo que separa a los amantes

Él regresó a la carcasa de su corazón extranjero
Ella se volvió altiva como el atrio y los geranios:
Vagaba por el salón de los libros
-¡Ah, la variedad de las cosas de este mundo!
Racimos de abejas
Columnas de miel

Sintió temblar en los mosaicos
Un pueblo invisible y discordante
Sutilmente carnoso en las miradas
Un torbellino de rebaños
Teñidos con la misma sangre
Ávido de emancipación…

Inútil tristeza
El lomo rayado de los puercos
El monte bajo
El umbroso santuario del Ombú
Y en el pozo cuadrado del cielo
Una hormigueante inmensidad
El llanto
La mujer amada

Tendido en el ninfeo
Podría haber hallado su propio cadáver
Sin embargo
Puesto que conocía de verdad
La tristeza
Y el amor
La muerte pasó de largo

Alta y sombría casa
Fuente de mis ingenuas alegrías
Cielo turbio y verde
Senos metálicos
Cabellera africana

miércoles, 1 de abril de 2026

Jorgelina Soulet

Cuando vuelva al mar
y me hunda
en el sonido metálico
que atraviesa el silencio
bajo el agua.
Cuando regrese
para dejar en remojo
este corazón
que boquea
como pez en la orilla y pueda
hacer cabriolas
saltos mortales mirando el horizonte.
Cuando vuelva
a tensarse mi piel
con escamas de sal.
Cuando vuelva a respirar violento
fuerte como soplido de ballena
y me queme los pies demorando
la llegada del médano
a la orilla.
Cuando estalle otra vez el golpe seco
de la primera ola en medio
del pecho y vuelva
al mar y me abandone
al vaivén
azul y sea otra vez
el pez que fui.
Cuando vuelva.

Juan Pablo Bagnarol: Verso libre

Cómo me gustaría
enamorarme ciegamente
y que eso afecte
mi escritura

 

no existen
buenas palabras para definir
la felicidad
no a la altura
de aquellas que abundan
la tristeza

amor vos podés
destruir el espacio de la poesía

la sacrificaría por un sentimiento así

lunes, 30 de marzo de 2026

Concha García: ERRABUNDEO

Pasaron muchas cosas. Pasó un autobús,
un hombre sin manos. Un vendedor, un espacio
de tiempo, un escaparate de peines,
un semáforo aturdidor, un lapso de ansia,
un pasajero sin billete, un hotel donde puse
la mirada, una habitación desolada,
unas ganas de fumar infinitas, pasó
un ser del futuro, un significante onírico,
y la vendedora.
Pasó tu pelo.

Gabriel Impaglione: Testimonios

Aquello que en la noche sucede:
fuegos dormidos que despiertan
en el parpadeo de las bestias,
travesías de fantasmas
que agitan el ladrido y los postigos,
las pequeñas criaturas del rocío,
escrituras del amor sobre la hora,
distancias apiladas en el borde de otros mundos,
palabras perdidas que encuentran casa,
los huérfanos del cielo en su melancolía

todo

lo cuentan los pájaros al alba.

sábado, 28 de marzo de 2026

Ivana Szac

I
Cuando nos conocimos
soñé quedarme
en esas caricias
que calman
la furia de la tierra

en esos ojos
que desnudan el mundo

soñábamos quedarnos
en los renglones de lo prohibido

el amor
crece entre llamas.

En "Vestigios", 2020

Carlos Piccioni: POÉTICA

Es en mi pueblo
donde el conjunto
terroso y cristalino
de las lluvias,
mezcló
su fragancia conjuntiva
con mis huesos.
Allí bebí su ritmo,
su música constante,
allí entreví el murmullo
adocenado del sistema,
su pico genocida.

Hay una inquieta y triste
y dulce (¿y trilce?)
agitación de aguas
en la raíz del sufrimiento?

Un sabor a tierra
y semen
en toda fantasía?

Mi pueblo es el detalle,
la afirmación
de los rasgos infinitos
(el paisaje y la historia)
la energía cristal
del hombre y de la lluvia.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Graciela Perosio

de humo se ha inundado el mundo

entre cualquier exactitud y yo

humo

que flota ondea resplandece

ahumadas las frases de los libros

las letras del poema por decir

las palabras del hijo en el teléfono

las cuentas por pagar de las expensas

el día en que retiran el sillón

la hora del electrocardiograma

sueño y vigilia confundidos

la saciedad y el hambre aún la sed

se fusionaron

en revoltijo innominado y solo

me duele oscuramente

este oscuro triunfo de la duda

con su garra el virus infectó

toda certeza

Alejandro Méndez Casariego

¿Qué edad tenías, Mama, en esa foto
en la que estás sentada en un banquito
con los pies diminutos colgando hacía el vacío
los ojos mirando al que te mira
y te retrata? Qué vida extraña.
¿Qué edad tenías cuando el quinqué
llenaba el aire con aliento a kerosén
y su luz teñía apenas los contornos
de objetos que ignorabas?
¿Qué edad cuando mirabas
a aquella que fuiste en el espejo
enchapado de plata
y sonreías como sabiendo
que nada, todavía, había pasado
que las cosas, simplemente, se iban?
¿Intuías, sospechabas
o era el estar la forma suficiente
de saber la existencia?
Qué vida extraña. Entraba y salía gente
que era como sombras y palabras
dichas en los pasillos, los zaguanes
en los lugares que tenías prohibidos.
Un día te vistieron de fiesta
de blanco con volados
y te sentaron en aquel banquito
Yo te veo ahora
y esa misma que balanceaba los piecitos
y tanteaba con las manos el aire
me mira con aquellos mismos ojos
poco antes de morir y me pregunta
"¿Viste, mijito, que extraña que es la vida?
Se va como si nada."

domingo, 22 de marzo de 2026

Emilia Carabajal: Ifigenia

Despósame, puñal, no te acobardes.
Elige un sitio dulce para el hecho:
Garganta palpitante o gentil pecho,
Adéntrate allí, novio, no te tardes.

Mas tiemblas. Son, pues, vanos tus alardes
Y la hombría en que fundas tu derecho
De lacerar mi carne en tu provecho
Para que un viento más propicio aguardes. 

Si así es como mi patria me desposa,
Destino más dichoso considero
El de Helena, a quien llamas licenciosa.

Si preguntas, puñal, también prefiero
A esta boda en la Hélade gloriosa
Una bárbara unión con extranjero. 

En "El coro desmembrado"

Guillermo Saavedra: LO IMPROBABLE Y LO AJENO

Todo es
talla en
nos
otros todo
es im
propio y
a la vez
familiar o
acaso es
puma. No
vivimos más
que en la
impotencia de
pedalear el
aire entre
sollozos. No
obstante nos
empeñamos en
decir yo
yo yo
yo es
toy acá yo
sufro yo
deci
do. Cada
palabra
dicha es
la des
dicha del
mundo mal
decido y mal
versado. Somos
la incertidumbre
que absorta
hace la
plancha en
el agüita al
bies de
la des
gracia. Y
cada vez que
uno quiere
decir amor
amor a
mor tan
mío se
escucha en
cambio clara
mente como
un pasmo la
voz de un
calambur que
sus
pirando
grazna como
decía el
poeta un
lapidario y
fatal pescado
frito.

viernes, 20 de marzo de 2026

Soledad Castresana: EL ARTE DE TEJER

Estoy con mis abuelas. Las peino, les pongo flores de colores en el
pelo y collares de oro blanco. Las cargo en brazos y las llevo al sillón
frente a la ventana. Es un solo cuerpo pero son las dos. Cada una
con su peso.
Antes de irme, les arreglo la ropa y dejo las agujas cerca. Todavía no
recuerdan cómo hablar. Entonces, tejen.

Aníbal Cristobo (1971-2026): La soledad organizativa

En el mercado, oíste hablar nuevamente
de ese grupo de hombres que dibujaban, en una habitación cerrada,
una canoa atrapada en el hielo.
Se reunieron después del desayuno,
sin un plan previo, observando el modo en que el viento
hacía ondular sus corbatas
cerca del acantilado. Uno de ellos
volvió la vista un instante hacia su despacho y recordó
que con 20 años se había aficionado
a fotografiar a su hermano. Guardaba un par
de buenos retratos: ¿por qué
no llevarlos a la expedición? También conocías versiones
acerca de la trucha; y de cómo uno de los hombres
había resultado herido y se mantenía
en silencio, en un ángulo del salón de reuniones,
dibujando en la tierra con un trozo de alambre. Los rumores
se multiplicaban; cualquiera de nosotros
puedo haber estado en esa habitación, tiritando. Las lonas
de las fruterías comenzaban a sacudirse con la tormenta.




María Negroni: Monólogo interior

¿cosa busca la noche cuando aquí prolifera tu ausencia más palpable   y yo me quedo en vano cada vez hacia nadie   eco de qué mármol de qué ...