viernes, 3 de julio de 2026

Diana Bellessi

Corre paradigma de miel
Yo me quedo en el jardín viendo
abrir las semillas de gingo
un árbol sabio por antiguo
y simple como el brote de un
poroto

Ríos de la mente sabrán porqué
elrevés de la trama te lleva hacia
Leyenda
Un alma sola enfrenta su pasado
para luego dar la cara a la muerte

Aquí, no hay poder del
pensamiento ni saber
que al mundo modifique
Paciencia solamente
que busca sentimiento,
sentido en la astillada
totalidad del puma
cruzando el tiempo como
a un tapiz. El bosque
se transforma en jardín
a medias modelado
por la conciencia humana

como si una mujer hablara a otra en
un cruce de aguas profundas y claras

Daniel Durand: SPRAY

Tenemos muchas palabras

para designar a la lluvia,

en español y en rioplatense,

pero hay una muy fina,

que casi no cae y se mantiene

suspendida en el aire,

es una especie de spray, a esa

nunca pude encontrarle palabra.


El spray denso de esta mañana

borronea todos los objetos

que tratan de avisar

que hoy es domingo.

De manera que nos hallamos

ante un ningún día.


Afuera los de la calle deambulan

buscando un toldo para pasar la tarde.

Acá adentro tengo de todo y en orden,

y sin embargo busco un error, una falla,

algo para hacer entre medio de los mates


martes, 30 de junio de 2026

Irma Verolín: LAS TÍAS DEL CAMPO

Venían una vez al año con sus vestidos floreados 
y sus zapatos chuecos, conversaban
sobre las vacas
sobre la altura de los yuyos
o relataban la furia de las lluvias,
hablaban sin parar
de las langostas
y abrían inmensamente sus bocas
cuando las llevábamos
a pasear al centro de la ciudad.
Resplandecían tanto los vidrios que las separaban 
de los maniquíes
resplandecían con un estrépito
que obligaba a sus bocas a abrirse aún más.
Gracias a ellas
aprendí palabras nuevas
que nunca pude usar en la ciudad
y recibí sus abrazos de bocas hambrientas
cerrando suavemente mis ojos.

Ernesto Parysow: la sombra de la llave

¿quién se despierta día tras día?
¿quién se levanta día tras día
de la misma cama al mismo suelo al mismo desayuno a los mismos pasos
día tras día?
¿mismos pasos?

el tiempo avanza día tras día
el mismo acto día tras día
el mismo actor paso a paso despierta día tras día
se levanta día tras día
y camina día tras día
los mismos pasos día tras día
hasta gastar las suelas
paso a paso
día tras día
levantarse suela a suela
despertarse cama a cama
día tras día

viernes, 26 de junio de 2026

Mónica Sifrim: RELICARIO

(a Iván y Zoe)

Son los higos. Curvan con su peso
Las ramas en el jardin trasero. Comemos higo, aliviamos el árbol.

Y después caminamos hacia
El mar
Donde van los pingüinos……………..A arrojarse
Luego de cruzar

La carretera.

Sus pichones son apenas
Una pelusa blanca.
Cruzan la ruta………Como distraídos.

Y una piensa
Que van a suicidarse
Debajo de los autos
Pero no

Se apuran a saltar al agua:
Es allí donde pueden
Disolverse

Brumosos y macizos
Camino al horizonte

Y tan diestros que andan
Con el agua…..Perlada
Sobre el plumaje negro

Tan arriba y abajo
Se menean
Dichosos……..Y una entiende

Que en la tierra
Son torpes

Y que habitan aquí
Como nosotros

Por equivocación

Martín Prieto

La profesora de Filosofía
un manual de buena conciencia
que da clases con un echarpe cubierto de pines
estampados con consignas que defienden todas las causas
-se diría: un auto de Turismo Carretera promocionado
por empresas autogestionadas de izquierda- en un acto de contrición
por haber obrado mal en su vida vieja
cuando creía en el dinero y en la hetenormatividad
le dio un baúl de ropa usada a la chica que trabaja en su casa
y gastando de la herencia residual de su propio pasado
unas semanas después en una confusión temporal de roles
-la patrona que había sido, la que no quería ser-
le preguntó qué había hecho con las prendas
que no modificaban en nada su vestuario habitual
-el jogging, las zapatillas, la camperita de cuero-
y la chica, de repente distante, en modo principesco natural
empapando una esponja en detergente y agua:
“se las regalé a los pobres”.

martes, 23 de junio de 2026

Camila Charry Noriega: REVELACIÓN

Éramos tres y la calle,
pronunciábamos entre el vino
aquello que nos hace humanos:
el amor, la muerte, el tiempo.
De esquina a esquina
como si ese breve espacio fuera el mundo
y la ebriedad un útero oscuro,
nos mirábamos incrédulos
advirtiendo en el otro
la revelación de esa voluntad voraz,
fortuita
que lo mueve todo.
Se intuye el mundo en lo hondo que se esfuma
desde lo que tiembla vertiginoso en la palabra
lenta e incapaz de acercarse a esa vorágine.
Las calles del ebrio
en perpetua fuga
se caminan hacia el fondo y calladas.


Carlos Barbarito: DESPIERTA DEL LETARGO…

Despierta del letargo para ser el mismo.
A la deriva el agua del bautismo
y la falsa llave de la puerta del encierro.
A pulso el primer día y la última noche,
el parir de pie para no dejar hijo;
agua quieta o rizada y pálido el rostro,
lejana visión de una telaraña
y el peso que hace crujir el deseo
hasta aplastarlo contra una tierra
que pide a gritos una renovada niñez.
Ni anuncio ni presagio:
se ahuecan y se agotan el individuo y el coro;
quién puebla ahora el patio
y mira pasar la bandada
antes de perder los ojos. 



viernes, 19 de junio de 2026

Lorena Nittoli

Habrá que construir

ciudades

donde se desborden los ríos

donde el agua

corra

hacia el encuentro

de todos los hombres

en la naturaleza primitiva:

Herbópolis

la ciudad de los sueños

Allí

donde los límites del tiempo

se desvanecen

donde la tierra

no tiene dueño

donde se escucha

una sola canción:

la canción de los vientos.



Herbopolis (fragmento)-(De ‘Voces en el cenotafio. El lenguaje de las piedras’. Lorena Lucía Nittoli. Poemas en alta voz. 2021)

Gerardo Burton: XXIX

las desgracias

no son naturales, no

las catástrofes

tampoco

a los muertos no los mató la lluvia

a los torturados

no los sometió la electricidad pura

 

la pereza de mirar subyuga

y así

ondean las banderas del enemigo

fabricando

cementerios a su paso

 

hay que buscar una victoria

recordar

las batallas ganadas hace tiempo

volver

a ganarlas, a pelearlas

aun cuando

las bombas lluevan, los vientos rasantes

sobre la culpa

pudran

el alma

 

no hay fiesta en ello

no hay gozo, sólo miedo

porque tener deudas

es terrible, mirás y 

algo falta, algo muere

por eso

la victoria debe ser recordada

su raíz, cuidada, y de a poco

convertida en dura, alegre memoria resistente

 

no existe, dicen los que viven

más amor, mejor amor

que la vida

que pasa de uno a otro a otra

a una a otro y así

así

interminable

amor

inter

mi

na

ble


En "Cantares de Junio"

martes, 16 de junio de 2026

Florencia Madeo Facente: Nota en un restaurant

Una mancha de sangre 
no sale,
pero si la limpiás enseguida tenés 
más chances.
Ahora bien, si te demorás 
puede que no salga del todo,
que quede imborrable el contorno 
y se forme algo monstruoso
como un país,
un país que solo vos
(no importa si la sangre es tuya
o de otro, importa sólo tu motivación 
para borrarla) sabrás vacío.


Ariel Williams

Hasta muy vieja corrió con sus piernas de fibra. Desde
muy joven corrió con sus piernas. Niña corredora
bajo los cielos quemados de azul.
Sola. Definiendo un estilo,
marcándolo con pasos golpeadores de cascotes,
asustadores de insectos.
Cuando ella se acercaba a una ciudad, la anunciaban
montones de abejas desbocadas y saltones con las caras verdes.
“Ahí viene la niña de los insectos”, decían, “la que los huye”.
De entonces quedó decir, con las mangas de langostas,
que venía la niña de los insectos.
Embarazada de mí, casi adolescente, hermosísima
como una muerte, corrió sosteniéndome en sus aguas
internas.
Yo dormía en su panza ovalada, aprendía el ritmo.
Así se forman las culturas.
Cuando ella me desaguó, lo primero que asomó al mundo
fueron mis piernas, y ya calzaban unas zapatillas finas
de correr.
Los niños galgos nacemos por las piernas.


En “Vengo de una Galga Mayor”, La risa hué

domingo, 14 de junio de 2026

Mari Lamas FAUSTO SIGLO XXI

Iba a la iglesia los domingos.
Comulgaba y rezaba
arrodillado
ante el dios de los altares de los ricos
como él,
que tuercen la cara y se santiguan 
si les hablan de los pobres;
ese dios miope que evita los crucifijos 
y no reconoce
más hijo que el dinero.
Insatisfecho y ambicioso como era
quiso venderle su alma al diablo
y resultó ser que el diablo,
tasador astuto
y conocedor del paño,
se la compró por nada.

Daniel Quintero

Mi abuelo se sacaba las uvas
de la boca para alimentarme
éramos una familia de pájaros
no volábamos /al menos yo
él recorría el patio en busca
de las uvas para cruzar el mar
hasta su aldea de Galicia
así amábamos el vino
así él me daba de beber
«hoy la parra es algo
que sucede en el pasado»
ni mosto ni abejas libando
ni ratas que hurguen
en los racimos maduros
ahora que dejé el alcohol
recuerdo a mi abuelo
entre las parras
extrañarlo es
mi síndrome de abstinencia.

jueves, 11 de junio de 2026

Valeria Zurano: Insular

Insular
«…Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo?”.
Haroldo Conti

Dejaré la casa de la isla a la mañana
las aguas han crecido durante la noche.
Crecieron con una calma absoluta
sigilosas y oscuras abrieron
las puertas del sueño.
Dejaré los ojos en el borde de la orilla
el cuerpo tendido sobre la arena,
los zapatos flotando junto a cada objeto
que fue puesto allí
con la esperanza de una vida.
Temprano me arrancarán de lo que fue mi casa.
Dejaré la cama tibia y el agua humeante
la voluntad de los que juntan
las redes vacías y luego,
retornan.

Cuando las aguas crecen
la corriente se lleva todo,
las palabras junto a los mudos camalotes
buscan el sosiego de una playa.
No hay impulso valedero en el furioso arrastre
sino un aliento guardado para el final.
Al llegar a la desembocadura
un enjambre de llamados y de pérdidas
improvisan un embalse:
la amalgama que se forma de plumas y de hojas
tapa la locura de ver cómo va yéndose
en aquellos camalotes
mi alma terrestre.

Los caracoles trepan las varas de las leguminosas
por la ruta verde de sus estambres
buscan la gota que piensan que es la luna.
Los que hallaron un tronco flotante
no saben cómo detenerse
las olas se los llevan, hunden sus cuerpos
ahogan el pedido desesperado de una soga
el grito de sus nombres.
Un dolor trepa por las varas de mi espalda
busca aquella gota que es la luna;
los mensajes del destino se escriben
y se borran
bajo la estrella gris de la sudestada.

Rendidos al movimiento de la espera
las empalizadas del muelle oscilan.
Algunos se entregan a la inercia del descenso
y otros son empujados hacia las copas de los árboles,
jamás hay que perder de vista
un punto en el horizonte
ni dejar de oír el torbellino de la arcilla.
Oníricas linternas nos llaman
desde los barcos
que Ella veía entre la niebla.
Todo se va cuando las aguas suben
las vidas se separan
se abren con la resignación de lo que madura.

Martín Gambarotta

Una pieza
donde el espacio del techo es igual
al del piso que a su vez es igual
al de cada una de las cuatro paredes
que delimitan un lugar sobre la calle.
La bruma se traslada a su mente
vacía, no sabe quién es y el primer
pensamiento “un perro que se da cuenta que es perro
deja de serlo” vuelve a formar parte
del sueño pero aparece, difusa,
la maceta: una pava abollada con plantas
en el centro de la mesa: dos caballetes
sosteniendo una tabla de madera
–entonces está despierto.
Las manchas de óxido en el cielo–
el color de la luz sobre las cosas, el cielo
que se retrae y es óxido borroneado
entre sus ojos y cae dormido de nuevo, pero aparece
un orden en la materia despierta.
La ubicación lúcida
del lugar en el día, el ruido,
el cuerpo latiendo,
la ruina de una idea que corre
por una red de nervios,
palabras de acero
contenidas en un soplo:
un orificio cabeza de alfiler
en una cavidad del corazón.

lunes, 8 de junio de 2026

Natalia Oroño


Hace un tiempo que no tengo paz
y ojo que no hablo de tormentas
hablo de la falta de casa
de no encontrarme en ningún lado
como si la falta de hogar se hiciera
falta de cuerpo.
Yo, sin poder encontrar un lugar
dentro de mi sostengo el día a día
sin que nada pase realmente.
Ni el sol, ni escucharte hablar
nada dirigido a mí

Claudio Portiglia


Si llevarse la voz hasta los huesos
si achicar la palabra y llevarse la voz hasta los huesos
si quitar las linduras
si rasurar los brotes de tilinguería que sombrean la cara
y dar vuelta el adentro para mostrar las costuras del revés
si escaparse de todas las lisonjas
si confiar en que algo de nosotros hablará mañana
para ese interlocutor desconocido
y una pizca de verdad trascienda la provisoriedad con que escribiéramos
si pudiéramos de veras revelarnos
si pudiéramos de veras rebelarnos
este oficio tal vez nos salvaría de tantas horas hueras
de tantas horas yermas
de tanto andar a ciegas por caminos que nos llevan adónde


jueves, 4 de junio de 2026

María Negro

La mujer que fui

tiende la ropa

piensa la poesía

espanta un abejorro

espera

cuando el cielo cae

y es verano.

A veces quisiera

llamarla

hacer así con la mano

es verano y los pájaros

avisarle.

Ella

la mano la ropa

los ojos el cielo

espera.

No puede ser

un color

dice.

Calcula el arroz

que será cena

espera.

La vida abierta ahí,

ahí y ahí, sin donde

Respira hondo

el hocico del miedo

espanta un abejorro

hace así

la mano la ropa

los ojos el cielo

Desea

Desea

Desea de nuevo

Desea

Quisiera advertirle

Desea

¡Oh incrédula!

Desea

Calcula el arroz

Desea

Es verano y el cielo

Desea

Guarda los broches

Desea

Cierra la puerta


Diego Bentivegna

En esa caja pequeña conserva varias cosas.
En la cajita guarda cartas. En la cajita custodia
fotos de ella joven; fotos de su madre, cartas de una tía;
una estampa de Ceferino, ya tuberculoso,
en Roma; algunas cartas.

No leo nunca, nos dice;
no me atraen nada los libros.
Mansilla era un viejo mentiroso.
Yo creo solamente en la memoria.

En EL POZO Y LA PIRÁMIDE (Audisea, 2022)

lunes, 1 de junio de 2026

María Paula Alzugaray: Gessler


Penachos indomables, teros rompieron la siesta
búhos rompiendo la noche
torpes cardos, vacas como hongos florecidos
la brisa abejea entre las cunetas, 
toros jocundos rompiendo la mañana
rompiendo el olor rancio de la quesería
pacifistas caballos cebados de tanto amarillo
de tanto tierno choclo.

Fui a conquistar un paisaje zanjado, yodado
a ver el abandono de la loca Marita y su familia
aprendí a cascotazos a errores a sapos a abrojos,
a berrear como tilingos de arpillera.

Haciendas cercanas en las que nos revolcamos
ojivas nuestros cuerpos
entre ronquidos y gallinas estercoleras
sobre los campos de soja
lejos del oleaje petrificado de los adoquines,
lejos del riquerío
más cerca del escarmiento apestoso.

Machona,
aprendí a tirar con la escopeta, a hacer la vertical,
a amar en tiempos tranquilos, a hacer ramos de cardos embalsamados
a dar zarpazos capaces de abrillantar a los chicos lindos
a hablar de la vida de lo demás en que chismorreábamos tole toles,
a dar codazos y chiflidos, aprendí otras consonantes
palabras de yute.

Cosas que debíamos corregir allí de jóvenes
que luego ya sería tarde.

Toda esa quietud me rompe,
su aburrimiento hincó el diente a las auroras,
lo hincó en el casco de los atardeceres.

De ahí que prefiero estudiar con las manos. La no rebeldía,
vivir bajo el dosel de una gloria inmediata
sin que nadie se responsabilice de mi salvajada.
Gessler, hiciste de mí lo rústica que soy.


Salvador Biedma: Lo que queda de té

Nunca fuimos tanto.
Un escuadrón nos matará en Brasil.

No quiero estar cuando saltes.
Las lagunas son tu línea
....y un jardín que se estruja.

Buscamos como tontos en la brea
......una pantalla que nos mire,
pero el té que toma el asesino
es de la misma marca
que el que compramos nosotros.

Somos como un torturador
a la hora del té.
Somos como un torturador
durmiendo la siesta,
cuando duerme la siesta.

Nunca fuimos tan poco,
pero algo nos iguala.

Nos deja tontos
hablar de esto.

Sólo reconocemos nuestros cuerpos:
las palabras se rompen
y nuestros espejos
se van a tapar algún día.
Sabemos que nuestra sangre
acabará dura, que las charlas
se olvidan y que nos esperan
en otro lado.

En breve habremos de irnos;
hablamos de no hacer.


viernes, 29 de mayo de 2026

Daiana Henderson: Equilibrio

Papá aflojó los tornillos
para que aprendiera
a andar sin las rueditas.
Ella me llevó a la vereda de tierra
que rodea al hipódromo,
justo enfrente de casa.
Y cuál es la necesidad
de aprender a sostener
mi cuerpo todo de nuevo.
Le hice prometer que no
me soltaría por nada del mundo;
giraba apenas mi cuello
para ver que ella siguiera ahí,
corriendo justo detrás mío,
agarrándome de la parte baja del asiento.
«Yo no te suelto -me decía-,
yo no te suelto»,
pero para ese entonces
ya estaba pedaleando sola
y no me daba cuenta
de cómo ella se alejaba de mí,
aun quedándose quieta
entre los troncos viejos y gruesos.
Me enojé tanto cuando me di vuelta
que rechacé ese objeto
a un costado de la vereda
y quise volver a casa.
Ahora voy esquivando colectivos,
haciendo finitos, calculo
el tiempo exacto para pasar en rojo
y no morir en el asfalto,
pero así y todo no voy a reconocerlo.
He decepcionado muchas veces a mi madre
y sé que seguiré haciéndolo.
No hay lugar en el mundo
para dos personas iguales,
ni siquiera lo hay en una casa,
y por eso me fui apenas terminada la escuela.
Pero es necesario para que mamá aprenda.
El equilibrio se fabrica con la distancia,
si nos quedamos quietas
seguramente nos vamos a caer.
Ahora rebobino el cassette
y resulta que soy yo la que se aleja
mientras ella se queda parada,
palideciendo bajo el sol de un domingo.
Pero yo no te suelto, mamá,
yo no te suelto.

Carlos Vitale: RISAS DE COCODRILO

No te engañes.
El de la foto
tan sonriente
ya era infeliz
(tú lo sabes,
bien que lo sabes).

Contémplalo ahí detrás,
público o comparsa,
borroso
incluso en primer plano. 

Sonríe
aunque esté muerto.

Si le pides
que se adelante 
no da sombra.

Convéncete:
sólo la sombra
no da sombra.

lunes, 25 de mayo de 2026

Ana Arzoumanian

No hay manera de salir
de la síntesis del relato;
alguien cede.
Alguien contra la pared,
en el grito sordo de las cosas, se reduce
a quietud de pasillos, de zanjones,
al resudar de sábanas en la siesta.
Alguien aturdido gira, no sabe
cuánto tiempo pasa dónde
cuando cede.
Así, como interrupción del hambre
se distancian las piernas,
en un aire continuo, invariable;
tan calladamente pegajoso
como líquido espeso de arena
que se empasta en la lengua, vela
el cuerpo desnudo;
la inexorable trampa
de las uñas rasgando
la pollerita cerrada.

Fragmento del libro El ahogadero, Edit. Tsé Tsé, 2002.

Néstor Fenoglio

Cada cual tiene sus muertos, 
algunos de antigua podredumbre, 
otros apenas estrenados, 
gorriones quietos 
recién detenidos en el medio de su trino. 
Yo tengo muertos orgullosos y vacíos, 
claras muescas inauguradas para siempre, 
tumbas anónimas 
resecas de sol y de muerte verdadera. 
A veces, en el óxido opaco de alguna 
resurrección mis muertos cantan 
convencidos. 
Otras veces sollozan despacio 
o gimen en lenguas extinguidas. 
Cada cual tiene sus muertos 
tendidos prolijamente, alineados 
y con su número, 
su rosa seca, su florero barato. 
También mis muertos se derraman 
se agujerean imprecisos 
y me convocan 
con gritos amargos, 
algunas veces. 

En: "Desde este cuerpo"

viernes, 22 de mayo de 2026

Rocío Wittib

nací sin dios sin esperanza con convencimiento
nací antes de mí en el primer hombre y en el último cada día
nací con un llanto que es ahora y para siempre incertidumbre
nací huyendo a ningún lugar esquivando el destino
nací para llorar el mar para oír el bosque dormido en la niebla
nací diciendo lo que no sé callar callando lo que quiero decir
nací con todos estos versos incapaces de alcanzar la poesía
nací –insisto– insistiendo en la deriva renunciando a la renuncia
nací espera tal vez qué importa lo siento hasta siempre te quiero
nací al otro lado de mí y me voy mareando sin encontrarme
nací eso es todo que mi vida me perdone


Hugo Mujica: En plena noche

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón

el ciego es la luz, no el camino.

martes, 19 de mayo de 2026

María Negroni: Monólogo interior

¿cosa busca la noche

cuando aquí prolifera

tu ausencia más palpable

 

y yo me quedo en vano

cada vez hacia nadie

 

eco de qué mármol

de qué aurora

 

luz de sombra de tu luz

que me naciera

 

o alegoría del oído

 

esa campana

repicando

 

por todo paisaje?


Héctor Berenguer: La casa de arena

Gusto a sal en la boca,
principio y fin de todas las cosas.

Cuando el verano termine
el viento me tallará como a una duna.

Mi arrepentimiento es no terminar a tiempo
y que mis deseos permanezcan más allá de mi tiempo.

Anoche tuve un extraño sueño
podía ver pasar la vida,
así como se da la mano o la espalda.

Las cosas cambian de sentido
y con ellas se detiene todo lo previsto.

Hay otro mar e irrumpe en sueños su larga travesía,
piedra horadada que recoges lo que el cielo desprecia.

Vulnerable es todo hombre hecho a la altura de su luz.

Cuando era niño
salía susurrar exigente el término del miedo.
Ahora cuando llamen por mí,
habré desaparecido.

Amo este día porque todo se pierde.

El estar aquí nada más que por nada
cautivo y libre en un instante eterno.

Siento la vida extrañada como si fuera de otro.
¿Acaso ya no soy la sombra de mi mismo?

sábado, 16 de mayo de 2026

Paula Martini

En el tren una mujer escribe en su libreta
mira el paisaje 
gesticula 
Siento el olor de la tinta 
Pasan los techos
reforzados a ladrillos sueltos 
Ella escucha el sonido agudo de cada estación
algo la lleva a las palabras que inventa
otra mujer abre los ojos sin mirar
mientras atravesamos el parque Pereyra
todo es otoño
después de un pájaro tiembla una rama
eso pasa rápido
la vida se parece a la costumbre
rompe y nace 
ejercita en el viaje los dolores 
los torna pedazos de memoria 
la mujer de las palabras se levanta 
baja
la veo como el olvido
extraña y pequeña caminar entre los álamos.

Juan Diego Incardona

Los vecinos están en el baldío
alrededor de un pájaro recién muerto;
habrá caído del espacio —dicen—,
porque acá no hay árboles ni hay cielo.
La radio y la TV transmiten desde el nido;
algo habrán hecho —informan—,
acá no hay árboles ni hay cielo.
Alguien abre las geodas de basura
cuyas amatistas brillan figuritas
y muñecas desmembradas;
en retirada, marcha la comunidad,
pisa los juguetes en el día-noche
y se hunde, colectivamente,
hacia el interior de la Provincia
donde la pampa, se sabe,
es como el mar,
rojo, oscuro, olvido.
Las plumas del pájaro flotan sin cielo
y en el espacio no las quema el sol,
sino la última estrella fugaz
que cruzó el Acceso Oeste
antes de que los deseos apagaran
las chispas.

martes, 12 de mayo de 2026

Silvana Franzetti

Por qué Ozu.

El sabor del té verde con arroz

alcanza el fuera de campo.

Qué variedades

se perdieron en los últimos cien años

y por qué causa placer

el sonido de la lluvia

de arroz

al verterlo en el agua.

 

Construida la perspectiva,

quién sabe si una parte

de las cosas

están en oriente.


Mario Arteca: El Arroyo El Gato ataca de nuevo

Y de pronto, por si no lo supieran, se abrieron
las aguas del arroyo, y una implacable mácula
de aceite para frenos se engulló el oxígeno y acabó
con el plancton. Las gaviotas venidas del Náutico,
antes obesas, ahora anotan nuevas coordenadas
donde aterrizar kilómetros más allá. Se afirma
un cementerio de antiguos terraplenes. El lecho
parece un cascabel de latas de 350 mililitros
de la más ordinaria de las ordinarias de las cervezas:
los zorzales pestañean ante el desperdicio, pero
recogen con náusea la provisión de profilácticos
desdeñados por la debacle nocturna. Cierta vez,
el activista Javier Prol echó sus maldiciones
por un réquiem servido en bandeja. La calle 526
lleva su nombre. Para quienes la transitan, se trata
sólo de una señal rumbo a la boca de la nueva
autopista. Por ahora, lo que queda del macadán
siquiera propone un stock para cerámicas.
Y aquellos que aseguran el pronto surgimiento
de las napas, desconocen de un cúmulo de razones
para detener la caravana del riacho. Oscuro.
Más de 30 ordenanzas no pueden detener el avance
de las aguas, mientras el arroyo es una pastilla
sublingual que se desliza por debajo de la city,
a la busca de cuidados menos intensivos. Nadie
cruzó el lecho legamoso, y hasta los dioses
y el insigne Rocha, aguardaron en vano la llegada
de nuevos mandamientos. No innovar. Se regresa
al punto en que una nueva denuncia, será
pregunta en la respuesta. Quien crea de ahora
en más, deberá vadear la orilla de los vivos
y cuidarse (en puntas de pie, sobre superficie líquida)

sábado, 9 de mayo de 2026

Catalina Boccardo: EL PÚBLICO EN EL TEATRO

No existe ese trozo de aire

usás zapatos contra la gravedad

el público
sus cabezas
unos butacones falsos
aplauden
y susurran

bailás bailás
para quienes sufrimos en serio
no esa levedad de mierda

y las arañas
los aros
cuelgan

movés la horca
con tu lengua adentro

el sinsabor termina
                              a la salida
el sobre de marca
unos tacones que nunca dejarían

los trabajadores de la danza
tienen un pie casi en la garganta



Matías Beltrame

Cuando un corazón esta herido
la mente es capaz de hacer cosas
primitivas.
La primera vez que discutimos
cambiaste tu forma de vestir
cambiaste de talle
y fue como si te liberaras.
Una semana antes me dijiste
que con ropa tan grande
parecía un gangster o un cafiolo.
La segunda vez que nos peleamos
te había dicho que necesitaba zapatillas
pasamos frente a una vidriera
te dije que me gustaban esas 
que estaban en buen precio
entraste y te las compraste
aunque no las necesitabas.
La tercera vez que nos gritamos fuerte
fuiste al peluquero te pusiste un piercing
te recortaste las cejas y empezaste a depilarte
todo
la misma
tarde.
La vez que te dejé pasaron sólo unos días
hasta que volví a tu casa
tiraste las plantas y macetas
compraste otras más caras
sacaste los muebles que aún servían
y los dejaste en la vereda
compraste un sillón enorme
sábanas y almohadones.
Una vez te dije 
que me gustaban los marcos de fotos o cuadros
sólo los marcos
colgados en la pared
y los pusiste sobre tu cama.
Decías que todo eso era para mí.
Cuando un corazón está herido 
se activa un mecanismo de defensa
una alerta que nos protege
pero que a la vez nos debilita
nos vuelve vulnerables
    transparentes
por no saber pedir perdón
o por no saber pedir ayuda.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Cecilia Romana

Y ahora me llama porque se siente solo

 

y dice que el viento ha vuelto a soplar y entonces

 

el humo bajó a su casa

 

que está separada del resto por una hilera de árboles

 

que no sabe qué tipo de árboles son

 

pero sus hojas solo saben dar sombra en verano

 

como su corazón que solo sabe apagar lo que toca.

 

Pero el fuego no se apaga en el este.

 

 

 

Quisiera verla, dice.

 

 

 

Hay un álamo frente a mi casa. A su lado un tilo.

 

En verano la gente pasa

 

y arranca hojas para hacer infusiones.

 

 

 

Las hileras de su corazón no tienen especie.

 

Mi corazón se quema bajo esa sombra.




 

Gonzalo Vega: Viernes

El sol rebotaba

sobre el lomo del río,

achinábamos los ojos

para poder avanzar.

Martín me había dicho

Que el equilibrio en piragua

se logra llevándole la contra

al remo del otro.

Los pescadores volvían

de su jornada

zumba un motorcito villa

zigzagueando entre las islas

con la Central Eléctrica

cuidando nuestras espaldas.

Las ramas de los sauces

caían sobre el río

parecía que estaban

a la espera del pique.

lunes, 4 de mayo de 2026

Ana Gervasio: MI PADRE ERA UN OBRERO QUE CANTABA

camino hacia la fábrica,
mientras la llanura hechizaba los ciervos 
y una flor abría su corazón rosado,
mi padre pedaleaba sobre el camino guadaloso
cuesta arriba y salvaje.

a través de la hilera de árboles
la antigua bicicleta brillaba 
como un dulce misterio. 
la historia entera de un obrero 
encendía las semillas,
el principio del pan, la espiga de los pobres.

los gorriones seguían su estela
que labraba una huella perenne
como la fuerza de todos los trabajadores.
su cuerpo laborioso, ileso de la muerte,
dejaba un resplandor que se albergaba
en los jardines de las casas blancas.

mi padre era un obrero que cantaba,
camino hacia la fábrica, cantaba.


Horacio Zabaljáuregui: EL PRIMER DESCONSUELO

También hay condiciones objetivas
para que mi queridísima me deje un sábado por la noche.
Corrientes abajo voy,
la lluvia me arruga la yema de los dedos.
Calado, termino viendo Derzu Uzala,
entre sobresaltos de sueño.
Quedará una sinusitis crónica;
es la primera muesca del desengaño;
viene con la culebrilla de los celos, su collar de ahorque.
La contradicción principal:
el fantasma del otro, la discordia del tercero,
y el desencuentro;
en su reclamo hay un retrato de mí,
en el que apenas me reconozco.
El desarrollo desigual y combinado de la pasión
y el desencanto.
Un manto de reproches:
estas cuitas siguen su propia línea.
No hay síntesis en el corazón de la desavenencia.
Es la primera pena y parece insondable.
Su dialéctica es oscura:
y lo único que recuerdo
es cómo me empeñé en mojarme,
en disolver en lluvia,
el primer desconsuelo.

sábado, 2 de mayo de 2026

Amanda Pedrozo: Adaptación


Si retirase con esta mano
cuanto hubiese dado con la otra
si a mi mano izquierda no le importase
en qué asuntos anda la derecha
si con buenísimas maneras me convencieran
de que lo cortés no quita lo valiente
si de tanto hacer la ronda
se me diera al fin por elegir pareja.

Si considerase gentil
ceder la última palabra
si viviera nombrando a Dios
en tanto voto por César
si alabase el orden establecido de las cosas
y decidiera consecuentemente
tornarme buey por el camino,
y punto.

(Donde Ud. por supuesto, decidiera ponérselo
rotundamente y absoluto)

Claudio Archubi

Otra vez mi pensamiento era uno con la
montaña del Norte: entero, claro y distinto, en la
escarpada mañana, claro y distinto.

Y yo ascendía por mi montaña
comprendiéndolo todo, para perderlo todo, mientras el
cielo se cerraba sobre mí, con su triste blanco,
moviendo sus nuncas y sus siempres, y su otro lado
escrito en griego.

Lengua muerta, cielo lento, otra lluvia: caían
sobre mi piedra hasta volverla más pesada, tanto como
una pregunta, la que no alimenta, una que se derrite en
centurias, pero sigue pesando, una para ir con ella,
sosteniéndola, como la hormiga con su carozo de hielo.

Así mi piedra fue la montaña y yo no ascendí
sobre ella sino que caminé por debajo.

Mi cielo estaba hecho de tierra y yo descendía
arqueado, siempre la misma ladera clara y distinta, con
sus raíces, esas, las nunca crecidas, tan cercanas y
blancas, con su duro corazón de nieve, con su otro lado
escrito en griego.



En: "Sísifo en el norte"

miércoles, 29 de abril de 2026

Carolina Massola

Existe esta memoria estelar
donde arden los rostros del Universo
donde caer es girar en torno a incontables soles
e incontables mundos surgen de mí
estallan de mí
se expanden en un remolino solar
soy eso que se aleja
este caer del centro de la estrella
en un temblor de nacer que vibra
en cada partícula del Universo
en cada célula que respira en mí
todo es polvo gas
y confusión en mí
donde bordear las fronteras del caer
es llegar a las entrañas de la luz
que abastece al día
arañar los confines del Universo
dormir en un latido del mundo.

Yo tengo los restos de esa noche
y todos esos soles aullando en mí.

Leandro Llull: El ángel desfasado

Me miro el brazo, la mano,
sigo su movimiento,
la estela de su paso, casi un ala,
reparo en esas manchas
rosadas, blancas de la palma,
me detengo en sus mínimos incendios,
las pequeñas constelaciones de sus células,
las espirales de la sus combustiones,
los mapas invisibles que se tejen
por detrás de cada forma, y siento
crecer su presencia, soy una llama
blanda, de encaje,
su espectro en el aire, desfasado,
unido, disuelto, despedido
por un fuego que no quema.

lunes, 27 de abril de 2026

María Eugenia Rapp

Dejarlo ir
como el cielo permite desleírse a la nube
y se rompe en las flechas de humo
que arrojan los ángeles 

Esos pájaros con raíz
que abandonaron para siempre 
el vuelo y el acierto

Quiero colarme en la historia 
de otra línea de tiempo
en la que vos estabas, esperándome
-tus latidos a la sombra de un altar- 

En esa historia no existen los ángeles 
y nos cantábamos ese bolero que dice
lo que queda de mi / sigue siendo de ti

Éramos cursis 
y no importaba

Pero ahora 
no podemos juntarnos 
sin partir el carozo de la vida

Esta vida seca y llena de vueltas 
que huele suavemente a duraznos

Piero De Vicari

dos tordos negros renegridos
como la sangre de las uvas del trapiche
vinieron o regresaron no lo sé
a la hora en que la tarde o sus pezuñas
caen en los hombros del que escribe
del que sueña y mitiga su soledad
en la siempre manía del intento

y así como vinieron cantaron y se fueron
dos tordos negros renegridos como la parca
que acecha pispea y se va y no se queda gracias a Dios
o a los hombres que tendrán su merecido
el día en que los tordos negros renegridos
por fin regresen y ya
para quedarse


sábado, 25 de abril de 2026

Daniela Bastías: Escucho una canción del pasado

Abuelo, hacia el final del disco Akira Kosemura
hace un movimiento que cambia su sentido
por completo.

La música que lo integra comienza a ser, de pronto, más
que un lugar hermoso. Y esa es condición necesaria
para decir cualquier cosa honesta.

Con este gesto está mostrándole a su hijo todo lo otro
que es el mundo. Lo que perdemos
y lo que siempre regresa a nosotros.


Hernán Schillagi: Mecánico de la palabra

como una escena robada de una película

del cine nacional empuja con los dedos engrasados

de tinta su viejo auto bajo la lluvia

«para qué me sirve la poesía» repite «para qué»

si el motor no responde a sus bucólicas quejas

empuja puja y campuja vocablos contra el paragolpes

y las balizas le marcan la intermitencia

de su confundido corazón la indolencia

de su mecánica literaria ante el carburador

las oscuras transmisiones y los cables indiferentes

por eso empuja con el cuerpo entero

para llevar la mole de su torpeza hacia adelante

hasta que sin más toda la lengua le quede afuera


viernes, 24 de abril de 2026

Bárbara Alí: Carta 10

No es desmalezando el bosque
como vamos a llegar a encontrarnos
es quizás caminando a tientas
lo vi en un sueño
yo iba con mi hocico inquieto
en mitad de la noche
tanteando las hojas secas
vos del otro lado
aguzabas el olfato
para alcanzar el perfume
de mi sangre caliente
ninguno de los abría los ojos para ver.
Caminar con los ojos cerrados
dicen que es la forma
en que los equilibristas
se sostienen en la cuerda floja.


Leo Lobos

A límite humano

a mazmorra, a cárcel a ciudad abierta

huele aquí

lavamos nuestros rostros

maldecimos después de llorar

y en procesión lenta

nos enterramos uno a uno

como sí algo de nosotros

descansara en esos

minutos repetidos

repetidos

repetidos

Diana Bellessi

Corre paradigma de miel Yo me quedo en el jardín viendo abrir las semillas de gingo un árbol sabio por antiguo y simple como el brote de un ...