jueves, 1 de octubre de 2026

Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1-

Papi mataba un cordero
Cada cumpleaños
Los cuereaba y les sacaba despacito
El corazón
Delante de mí
Papi sí que sabía de vacas y caballos
A las vacas
Las miraba a los ojos
Y ellas permanecían impávidas
Pensando, vaya uno a saber qué.
A los caballos
Les acariciaba las patas con
Delicadeza y después
Les daba una palmadita
Como podrían saludarse los viejos amigos
Papi me decía “nena, no se dice 
puta”
Y yo aprendí con inocencia
De cordero
“pu, no….ta, no…-le decía-
Puta sí”.


                   2-

Mami tampoco era inocente
Le retorcía el cuello
A una gallina 
En un santiamén
Con la excusa del puchero
Una vez la vi llorar
Frente al despeñadero
De plumas
A lo mejor era nostalgia
Por las causas perdidas
O tal vez lloraba con lágrimas
Del pato
Que –estoy segura—amaba
A la bataraza en el cadalso.

                  3-

Me caso para divorciarme
Y qué
Les dijo mientras María
se confundía 
con las cenizas del Ave
y la guitarra 
de Pablo Milanés
No ama quien quiere sino quien puede
Elegir/se
Con libertad
Más tarde diría Spinetta
Que buscar se parece a nada
Pero buscar siempre es mejor
Que morir de sed
Adoro lavar, planchar y 
cocinar
Pero todavía 
Sueño con bordear
Lo marginal
Correr
El peligro de saber quién soy
Me caso, y qué
Les dijo y los hizo
Testigos de que todo
Futuro es imperfecto.


Rafael Felipe Oteriño: CANTÁBAMOS

Cantábamos sin la lengua adecuada,
cantábamos con la voz del relámpago
y la urgencia del trueno.
Pero nuestro canto estaba inflamado
desde muy atrás:
por voces que nos sostenían
con su cantar ininterrumpido.

Con la convicción de los hermanos mayores,
con el diamante en el pecho
de los que nos habían precedido,
hijos de un lugar, cantábamos:
una canción más alta que nosotros mismos,
una Arcadia más dulce
que la corriente del agua entre los dedos.

¿A quién cantábamos?, ¿con qué imágenes
y artes desconocidas cantábamos,
que el relámpago nos tocaba el hombro,
y no lo sentíamos; que el trueno
era duro y áspero, y no lo oíamos;
que las manos tiraban de nosotros,
y no obedecíamos?

Cantábamos
con labios acostumbrados sólo a cantar;
cada vez más lejos de nuestras casas,
por calles que ni los propios padres
reconocerían. Cantábamos, ¿lo recuerdas?,
y las cabezas rodaban de los cuerpos,
aún cantando.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Elián Del Mestre

En una plaza
donde hay miles de pájaros
no se nota.
Compra grandes bolsas de avena
por su suavidad.
50 kg.
Y las subdivide en bolsitas de medio kilo
que lleva cada día.
Puede desaparecer pájaros
con la mente.
Se sienta en chinito
en el medio exacto de la plaza.
Al toque está rodeado de palomas y palomos,
algunos gorriones.
Los distrae espolvoreando el alimento,
mientras disfruta de frotarse
la yema de los dedos.
Se alborotan y ahí, en el medio del caos,
comienza el ritual.
¡Plup!
El primero.
¡Plup! ¡plup! ¡plup!
Así con todos.
Una vez en un viaje
desapareció un cóndor del zoológico de Buenos Aires,
y se desmayó.
¿Y si desaparecen todos?
¿Qué hay después de los pájaros?

Verónica Peñaloza

En mi pueblo hay un zorro
que se mudó a la playa
donde mejor se ven ballenas.
Aparece en un video,
está quieto en la orilla
mientras desde el mar
una ballena asoma la mitad del cuerpo.
El zorro no fija la vista sobre 
el animal gigante
mira tímido, de reojo
esonoexiste esonoexiste dice
ii
Mira dos segundos y se vuelve, nervioso.
Lo hace varias veces.
La mira y mira a su alrededor.
Trata de completar la información
eso existe pero cómo
Las cosas que más me marcaron
siempre tuvieron esa mezcla 
de fascinación y miedo
un descubrimiento que da vuelta todo
eso existe y ahora entonces qué
iii
de noche el zorro sueña
que es una piedra que alguien lanza al mar
se va hundiendo mientras ve
el cuerpo de la ballena bajo el agua
una casa mar abajo
cientos de casas
toca fondo
despierta.
iv
Cómo era de esperar 
ahora lo veo seguido en la orilla
caminamos bordeando el agua
me pregunta
como si fuera un problema matemático:
si cada ballena es una mecha de deseo,
cuántas ballenas entran en una vida.
v
Lo que yo me acuerdo de mí es muy poco.
Una noche encontré una liebre mirando el mar
corría de acá para allá en la playa desierta
eso existe y ahora entonces qué
vi
Cuando se vayan las ballenas,
el zorro y yo 
desorientados
vamos a mirar lejos el mar
achinando los ojos
acá falta algo, vamos a decir.
Con el tiempo quizás no nos acordemos qué,
qué fue lo que encendió el deseo.
Pero estaremos brillantes, 
destrozados, 
vivos
en otra orilla. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Kiwi (Héctor Rolando Rodríguez)

Primer día de febrero de 1997…
Purpúreo

el alguacil

sobre el tallo e la ortiga.


Azules cielos

tras el humo de boñiga.

              ________


En la quietud

corren camalotes marejando

verdes y azules.

              ________


Yo yéndome hacia dentro

nada en la que existo

sol a borbotones.

________


Adormilado bajo

los árboles

del paraíso, alerta

rojo

el chiviro.


Gabriela Clara Pignataro

El agua en la zona de tormentas

refleja lo que nos aterra

el latido entrecortado

el deslumbre 

de las palabras apretadas 

en las manos, apenas un gesto

puede destruirlo todo,

trazar un corte perpendicular

a la sensatez:

las habitaciones doradas

por la costumbre

caen de tu hombro izquierdo

con voluntad inútil,

como un músculo que desentiende

la extensión de su fuerza.

 

Vos viste el rayo en el ojo

la luz bailando enloquecida,

simulada por el sol

quedaste ciega

el disco volado de la boca

de tormentas

girando

girando

en la calle desierta

orbitando,

inundada de fe.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Beatriz Vallejos: El diáfano

Hay un sitio en la Tierra.
Hay un sitio en la Tierra, sí.
Digo que hay un sitio en la Tierra;
no, el dolor lo retrae, lo lleva
más allá de nosotros,
más allá de nuestra pobre
posibilidad de explicación. No
hay un sitio en la Tierra,
pero entonces el diáfano canta
para nuestro oído perceptible
de toda transfiguración de la memoria también.

¿Has oído cantar el diáfano
que absorta niñez
lo bebía de cielo?
¿De dónde regresaba?
¿En qué lugar de la Tierra, entonces?


Alejandro Schmidt: Remotamente vivo


 Yo que soñé las lecturas en el cielo
termino carne amarga y necesaria
lo poco que me di
lo he recibido
y en lágrimas de luz
lo fui gastando
como prodiga un dios
su nieve en los infiernos


quién era yo
un claro error
roto en su madre apenas terminado
disuelto y ya pequeño
si algo prometí
no lo he cumplido

y así
sabiéndolo o no
entre dispersos boletines
quieto asisto
a esta torpe mano
cuya fortuna
abre los huecos de otra noche

alguien dirá
y alguien lo dice
todo es azar, destino, cosa oscura
pero
no cambia
el beso de los padres muertos
amigos del Enigma ya perdidos

penumbras que pisé
voces buscadas
y siempre su retrato
de labios apartados
años donados
al mensajero ebrio
buscadas voces

y canta la infancia entre paredes muertas
salmodia su fábula de sombras

lo mucho que le di
me lo ha quitado

porque
si para otros fui
soplo de diálogos
el espesor de un cuerpo
dicha del reino que se guarda
lo fui sin mí

lo fui sin mí
profunda máscara en festival macabro
hueca balanza de ladrones

no cambia su espejo
esa casa blanca que encontré paseando
-yo era joven-
allí amables criaturas
bordaban calendarios
la estación del fervor, la primavera, el ángel,
las palabras

y sentí que el mundo daba a los muros de esa casa

golpeé y salió un monstruo

bienvenido dijo, al hogar del miedo
¿sabés?
me alimento de dolor
y compró mi altura y dibujó mí cara

son los rasgos que llevo
en el amor de las estatuas
en tan larga oración
de vergüenza y anhelo

con mi afilado hueso rayo
solemnes relámpagos de chasco

idiota y semejante
el pan que aúlla
a la gloria del perro entre confusos amos

lo poco que aprendí ya lo he olvidado

y este rendido lápiz
guarda salarios pobres
compra pasajes del verano.

Remotamente vivo
sin darme la sorpresa
hombres felices
altos ríos

signos de polvo inclino
obsceno en mi estupor

quién era yo
a esa pregunta voy
y vuelvo consumido

canta el candor
en su país sin nadie.


martes, 15 de septiembre de 2026

Antonio Requeni: MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
—aunque yo soy su deudo más humilde—
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.

Antonella Vulcano

madre

rompí ese jarrón 

huérfano

en el que guardabas 

las cosas ínfimas

que sostenían la casa

madre

el tiempo da saltos

que parecen nidos

porque a veces yo también

me acerco a esas puertas

como si no fuesen

mi hogar

como si ocultaran burla o plomo

en vez de mantas 

como si procurases alejar de mí las cosas pequeñas

porque me las puedo tragar.



En "Las cosas ínfimas", Tiempo de parque, 2025

viernes, 11 de septiembre de 2026

Mónica Sifrim: Poema 4

Ay amor-te dije-
Corazón de mirlo.

Dos mujeres rotas
Se deshacen

En la bruma
De una espumadera

Recordame así

Rota.

Sobre el piso de mosaicos
Me crucificaron

Pero yo
Aprendí
El don de gentes

Enrique Winter

por capas el mar va poniendo en el sol

el recuerdo del recuerdo de la luz

sábanas que descorren la leche derramada

en el braceo

y una nueva oportunidad para entenderse

en pares trae la noche

que toca a los actores secundarios

 

adónde miran los protagonistas confluirán sus aguas 

servidas de café o té verde

en algo como el mar sal de los ojos

sal de quien mira atrás

las sábanas la leche o por la tarde

por capas la pintura va poniendo en la tela

el recuerdo del recuerdo de la ola

 

luz derramada de interrogatorio

qué nos quiere decir el retratado

si ahora mira como no podría

una quietud inquieta

le inquieta acaso hueso o solo humus 

cuando contempla inapetente

la arena que no está en las córneas de quienes lo indagamos

aprieta el pecho y se parece al hambre

en un idioma que no habla el castellano se refugia

en un castillo y castra

                                  el color es la costra o su accidente

braceando los actores secundarios

una piscina roja con los muros marrones

     el nácar raspa un hueso día que al sanar la carne oculta

como su mano sobre el pecho 

nada en la tela que respira

mano distinta sin tomarla 

entre las nuestras ni juntarnos 

en la playa por un café por el té de las cinco

 

esa mano en el pecho de la tela

que no damos ni nos busca

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria De Vito: Maravilla

Hoy lunes

a esta hora

de la tarde

donde no se escucha más

que un colectivo que pasa

lejano

este poema

aparece

y se ilumina la ventana

con la luz que entra

a morir en el sillón

de cada palabra

el día se ahoga

y en contraste

los colores cambian

igual que la maravilla

sombría de las cosas.



En "Cosas que pierdo con los días" Ed. Trapezoide


Stefano Branca: El muelle


 

El río abrió la boca.

Una tabla cedió

y caí en su garganta de hierro.

 

Entonces saltaste.

Tu cuerpo rajó el aire,

y la corriente, desconcertada,

se apartó un instante.

 

Te vi bajo el agua:

no madre,

sino un fulgor vegetal,

un animal de fuego entre los peces.

 

Tus manos me arrancaron del fondo

como quien arranca un fruto

que aún respira en la rama.

 

Regresamos.

El mundo aullaba de pájaros mojados,

el muelle cerraba sus dientes.

 

En tu pecho

mi cuerpo ardía todavía,

una brasa rescatada del agua 


viernes, 4 de septiembre de 2026

Laura Wittner: El origen

Ese vocabulario acuático pero a la vez reseco
que incluye dique, embalse, olor a yerba,
dos nenas hermanas que miran
el abismo desde una pasarela,
el embudo de cemento a escala inaccesible
de una represa mientras intentan atajar
todo lo que se va, lo que se viene
para más tarde, en la bañera y en cuclillas
ver el chorro que cae
sobre el molino de juguete:
plástico que gira a la velocidad
de los diez o doce años de una infancia.

Jorge Aulicino

Ella regresó a la casa por la autopista,
con la carga del mercado.
No volvió a rezar en el teléfono.
Con los años sabría que la herida
atacaría cíclicamente.
Como ordenados ejércitos robot,

como buenas e insensatas guerrillas.
Esa noche y otras sopló el viento
y las hojas cantaron antes de morir
la vieja incomprensible canción.
Pero ella era, de todos modos, otra.
¿Dónde fue a parar entonces la energía
que la había animado y dónde
la energía de todos iría
si pudiesen mirar por la ventana
el mundo ralear en su inmensidad,
achicarse el ansia?
Esta era una pregunta inmerecida
para su descanso atento,
para la vigilia sin armas.
¿Había hecho lo que quiso el universo,
qué ley?
Escuchó al viejo que podría haberle dicho:
no prestes conformidad,
no prestes conformidad a los vestidos del diablo.
Cuando dejes de hablar con dios,
también él dejará su nido.



En "Hacia el mal"

martes, 1 de septiembre de 2026

Roberta Iannamico: Cola de zorro

Hay en su patio un matorral de totoras y otros
de cola de zorro.
Para cruzarlo se agarra los bordes de la poyera y
las piernas se le acarician
entonces los zorros tienen murmuraciones
subterráneas
y refriegan los hocicos en la sal
y se comen las raíces de las totoras

Sebastián Jaka: Madre en una nube.

Esa nube es un vellón de espuma del que cuelga mi madre.

La he visto por casualidad, porque no suelo mirar al cielo.

¿Qué hace ahí mi madre?, me pregunto.

¿Cómo ha llegado a colgarse de esa nube?

¿Es que acaso vuela mi madre?

Ahora agita sus manos y piernas y me grita algo que no logro entender.

Desde aquí parece un cordero recién esquilado.

Yo he visto a los muertos danzar desnudos en mi jardín, una madrugada

y he oído un magnífico sólo de jazz en las tuberías de un viejo baño

pero nunca nada como esto.

Ahora mi madre cuelga de una nube y no sé cómo bajarla.

Tendría que fabricar una escalera muy larga

o llamar a los servicios de emergencia.

¿Saben lo que se siente al ver una madre colgar de una nube?

Es algo horrible, horrible, que te aprieta el corazón como una mano fría.

Ahora me grita de nuevo y esta vez logro escuchar algo

me dice que no me olvide de sacar el arroz del fuego

y yo corro a la cocina, porque no hay nada peor que el arroz quemado

y pienso y me repito, como una letanía: mi madre cuelga de una nube,

oh, mi madre cuelga de una nube.

viernes, 28 de agosto de 2026

Krasiah Al Awad: CORÓNAME…

CORÓNAME…

...y explícame el último capítulo de tu ausencia.
¿Cómo pudiste transformarme de
una mujer parecida al imposible
a una estación de sal?
Coróname y explícame.
Pero no me prometas navegar en la luz de la luna
ya he perdido mi relación con el tiempo,
ya no tengo tratos con ninguna isla que
lee diarios, persigue noticias, o
se preocupa por los colores de las banderas
ya no pertenezco a los partidos del llanto,
ni a los mandamientos del exilio.
Anúlame de este calendario vidrioso,
y tírame en un barco que no tiene velas
el olor de las arenas en los puertos cruza mis
huesos como espada
alójame en la costa de tus manos y
coróname, pero
no camines descalzo sobre mi existencia.
No me fustigues con tu indiferencia
no me doblegues.
Compréndeme y luego
ama (rga) me.

Ricardo Ruiz

¿Cómo es posible afirmar la propia identidad,
sin resolverla en lo otro de sí?
Massimo Cacciari

i


es sabido
descendemos 
de los barcos

repletos de sangre

de negros 
esclavos 
de europeos 
de criollos 
de indios 
de inmigrantes

descendemos

de criollos de sangre de europeos 
de negros de sangre de esclavos
de inmigrantes de sangre de indios

no 
es sabido 
de los barcos 
de sangre repletos
descendemos


ii

de los cerros 
de la selva de los ríos 
destos otros continentes
de sus villas ciudades

es sabido 
descendemos

de sus libros

sus oscuras
lenguas
nuestras


iii

de la tierra 
del mar de huesos 

de fantasmas

sus canciones
sus semillas

indias inmigrantes
esclavas criollas
negras europeas 

de sus cuerpos

descendemos

de tristezas 
de lo que se repite
de alegrías 
de lo que podamos 
hacer venir
de lo que fuimos
somos

es sabido


sábado, 22 de agosto de 2026

Gonzalo Geller

¿Para qué sirve la literatura?
¿Y para qué servís vos?
¿Para qué sirvo yo?

¿Para qué carajo sirve
todo lo que no es literatura?

¿Hay algún mérito en servir?
Un árbol que sirve
¿vale más que uno
que no sirve?

Rompemos el Mundo
para convertirlo
en cosas que sirven.

¿Por qué no sentimos horror
cada vez que algo
sirve para algo?

Todo lo que sirve
nos está matando.

La literatura no es útil
para casi nada:
nos puede curar
ayudarnos a sobrevivir
a entender
pero
para qué
todo eso.

La literatura
no sirve a nada.
Ni a nadie.

No admite
servidumbre.

¿Para qué sirve esta adicción
a la utilidad?
¿Por qué todo
tiene que ser útil?

¿Para qué mierda sirve
preguntar para qué sirve
algo como la poesía?

¿Para qué, díganme
para qué sirve todo
lo que no es literatura?



Ph Milton Méndez

Ana Suñé

Será que un día puede quemarse la oscuridad?

con sueños encendidos
soplando el fuego,
Trizando los espejos relámpagos de nieve
Cristales y
destellos

Ejércitos de soles
Resquebrajando el lomo de sombra hostil del fin de los caminos...

Será que un día
puede apagarse la oscuridad?  

Embriagada de luna, luciérnagas y estrellas
se quedará dormida en un regazo tibio de azules horizontes?

Desvanecida la sombra.

Oculta para siempre 
Al imperio de Luz que nos asista.

martes, 18 de agosto de 2026

Anahí Mallol: FUE VERSE Y ESTAR YA TODO DICHO

la flecha de cupido

yo te vi vos me viste nos miramos

no hubo nadie nada más en el centro de ese lazo

de una vez y para siempre lo supimos

había un paraíso y ahí estábamos

en la fidelidad del milagro

de querer y saberse querido y aventurar un para siempre

en medio de los cambios

los cuerpos que crecen se hacen viejos

el pelo alborotado las bocas tristes o risueñas

los tonos de la voz

el capullo de palabras

que se descubren o se dicen como si fuera

la primera vez de mundo

el dedo que señala y dice un orden

acá el perro

acá la flor

acá la casa

el centro siempre una promesa

como un azahar una presunción y un acto

el fulgor de lo conocido en la presencia

el arrullo de un verano eterno.

Daniel Fara: A RAIZ DE UN MALENTENDIDO

A RAIZ DE UN MALENTENDIDO

(sólo para vos)

Si uno quiere
escribir un poema,
lo escribe:
en la oficina,
en la ladera de un pecho
o en la cuerda de su horca.
Y no espía
por el ojo de una estrella
para ver
si conviene o no conviene:
lo escribe
en el último renglón de la conciencia,
alumbrado por el miedo y lo imposible.

Si uno quiere
escribir un poema,
lo escribe.
Pero no lo escribe:
lo dice,
lo acaricia,
lo ametralla.
Pero no lo mide,
ni se sienta,
reclinado en las ofertas,
a calcular
si lo vive o no lo vive.

Si otro pudo
escribir ese poema,
vale más taparse los oídos,
esconder la inocencia entre las plumas
o pensar
que si otro pudo
también pueden
los que creen
no entender lo que se dice.

Y si uno quiere
escribir un poema
y lo escribe,
habrá siempre palabras,
tiempo y golondrinas,
siempre el gusto de vivir la muerte
y seguir
hasta dar con las botas
y las siete leguas
y el comienzo del poema
que si uno quiere,
sigue.

jueves, 13 de agosto de 2026

Romina Dziovenas

tu cuerpo
quería avanzar por encima del mío
como si a pesar del empeño por vencer la resistencia
del agua
todo permaneciera en su sitio
el pelo se agitaba
en la humedad
y nuestras bocas contenían la urgencia
por asomar la cabeza y volver a respirar
por unos segundos me gustó vernos
ocupados en otra cosa
que la corriente se llevara a otra parte
la necesidad de encontrar
las palabras justas
cuando sentimos que de seguir buscándolas
podríamos
tocar fondo

Osvaldo Luis Marrero: DECONSTRUCCIÓN DE BOTITAS ALMAFUERTE

punteras
corte y forro en cuero 
talón 
corte y forro en cuero 
plantillas de armado y vista 
forradas y rellenas con goma eva
de alta densidad 
base (goma)
cuñas de goma 
suelines de caucho 
nervios relleno con goma eva 
refuerzos y parches en cuero 
re armado 
pegado 
goma cosido a mano

domingo, 9 de agosto de 2026

Julieta Steimberg

Canté una canción de agua, 
de barro, de tiempo, 
y di una vuelta completa 
mientras insistías en construir 
algo que no parecía posible 
pero que estaba anclado 
en ese deseo antiguo y tenaz 
de ir hacia arriba apilando piedras. 

Diego Muzzio: El rayo cae con predestinación

¿Puedes responder a mis preguntas

Tú, San Juan Evangelista en Patmos,

colgado de un clavo en la pared de Berlín,

escribiendo aún mientras se arrastran

las larvas del tiempo sobre largas galerías?

De la blanda muerte por agua a los caballos

trompetas peste hambre fuego hemos

evolucionado: se torna más complejo destruirnos.

Todavía puedo respirar. Encerrado en este cuarto

huyendo de mi prójimo, hojeando guías de viaje,

riéndome de la ruina, ignorando la pobre

prosa de la maquinaria animal del día.

Quiero ir a pescar con mi padre y con su primo.

Estoy dispuesto a atravesar el dilatado páramo

para llegar al río, así que dejemos a un lado

la destrucción del mundo y, si es posible,

dame una respuesta:

¿qué quedará de mí luego de que el rayo

calcine los trigales que conducen a mi puerta?

miércoles, 5 de agosto de 2026

Patricia Coto

No escribas por hábito, por costumbre.
Escribir es algo más que una gimnasia de la mano.
Escribir es algo más que un juego de los ojos.
Escribir obliga al tremolar de las ideas,
de las nostalgias secretas,
de las amarguras eternas en el paladar del día.
 Sin embargo, escribir es una hambruna del corazón.
Aunque no se escriba, hay poemas en hojas transparentadas
que giran en el viento la razón.

Osvaldo Ballina (1942-2026)

El día mayor
nace
en el hueco
de tu mano
una isla
de apretadas naranjas
que reafirma
potestades secretas
donde
el compromiso
ajeno
con una realidad
impuesta
en nuestra burla,
libertad
sujeta a la madera
que nos enseña
a amar
el acero
plegaria alta
sobre estas
miserias cotidianas
y pensándonos
nos traducimos
en gracia natural
uniéndonos
con los duendes
de la historia
a través
de actos
que alaban
a la vida
como nadar
desnudos
bajo el sol
que no sabe
de angustias
mientras madura
el corazón
errante
en la playa
desierta.
Quizás
toda nuestra fe
radique
en lograr
ese fervor
esa furia
que fuerce
nuestra elección
entre destinos
inciertos
y enemigos naturales.

domingo, 2 de agosto de 2026

Larisa Cumin

En puntitas
sobre el respaldo
juego a la equilibrista
intentando sortear
mi torpeza para
que no te desarmes
del todo.

El arroz pegado
después de rebalsarse
deja una lámina blanca
que se resquebraja
cuando insisto con la uña
como la piel que las chicharras
dejan prendidas al tronco.

Arturo Carrera

al girar de los siglos, duele
el misterio. El misterio que los poetas jóvenes
no quieren nombrar de viejos.
La niebla cubría la cara
de los otros chicos.
No le veíamos la cara tampoco a la maestra.
El fauno reviejo visitó la rescuela.

En el repatio plantaron un reárbol.
Borges plantó otro en La Casa de la Cultura.
El pozo lo hizo Raúl, el portero Raúl,
que a veces nos dejaba tocar aquel timbre
del final del recreo. «A mí, a mí...» –se oía.
Nos alzaba, firme,
para que alcanzáramos el botón
de baquelita oscura.

jueves, 30 de julio de 2026

Anahí Testa

Vine al mundo 
¿para hacer trabajos que no quiero?
¿contentar a otros?
¿pagar sus deudas?
no tengo el remedio para esa injusticia 
pidiendo auxilio en orejas sordas
mujer complaciente 
de centro fragmentado 
todo pende del hilo del creador


Leandro Dussex

IMPERDONABLE

Así, si con todo te acercaras y me largaras
con voz raída, pecho henchido por la rabia,
perdida, sostenida y a la altura de la mía la mirada,
tus rezongos, santerías, peroratas.
 
¡Que cabrón que me pondrías! Si luego
de rodillas mis perdones reclamaras,
de la furia sentir pasiones me negaras y
derramaras a mis pies tu llanto tierno.
 
Pues, para que sepas, que me niego.
De la culpa te exonero porque soy agradecido.
Aun prefiero desdeñar y corregir malentendidos.
Jamás tener que perdonar la bravura del guerrero.
 
Cobardes sólo aquellos quienes retroceden
sin profesar como emblema su palabra.
Sé valiente, sostén tu coraje tal escudo cual espada.
Sólo acaba con dragones quien no teme. 
 
Que de ti yo no tolero que te mostrés arrepentido.
Estoy dispuesto a combatir con aquel que lanza fuego,
mas no puedo, vitorear de honor por saberle herido,
darle muerte y presumir haber vencido. 
 
De considerarte mi enemigo tal vez lo supusieras.
Debo confesarte que son falsas conjeturas, no concuerdo.
Todo perdonara si pensás que obrás correcto, no confundas,
le disculpo a quien sos y no a quien deseo.


domingo, 26 de julio de 2026

Laura Kiener: Fuga

Hoy pintamos la casa de los chicos

con mi hermana volvimos

a discutir por el simple placer

de hacernos la contra

renegamos con lo suave

del color elegido

siempre alguna manchaba

accidentalmente o no

las pinceladas o rodilladas de la otra

 

mi sobrina apoyó de lleno

la mano en el blanco reciente

no se dio por enterada

y siguió pidiendo upa

su hermano cual adulto

intentaba mantenerla lejos

de la zona de peligro

o sea 

todo el patio

en ese momento

había sido abierta

la cámara de los secretos

o una habitación cerrada 

hace años

 

en el encierro

de una casa

pintamos otra

nos metimos adentro

para ver

si se respiraba distinto

para pensar bien

esta vez

los colores

 

en el encierro sacamos

todo al aire libre

del que disponemos

salimos de la casa

estando dentro

pensando en cómo 

arreglarla cómo

acomodarla

y darle vida

esta vez

entre todos. 

Ezequiel Zaidenwerg

I. La lírica está muerta: 
                                               se quedó  
varada en un remanso hipnótico del sueño,  
mientras que más allá del coágulo final de la conciencia,  
en torno al lecho con dosel de plata,
junto a la cama pobre de madera y espina,
se reunían los deudos,  
                              aguardando el instante de iniciar  
la sucesión.  
                    Con todos los sentidos humanos agotados,  
la cápsula de viento que tenía su espíritu  
se alzó rumbo a las auras, desleída en una racha
centrífuga de luz, igual que Elías en la tempestad, arrebatado  
sobre un carro de fuego.  
                                        Y aunque murió la vida, 
no dejó harto consuelo su memoria: nadie partió las aguas,  
ni surgió un Eliseo como sucesor.  
                                                                      Ajenos al prodigio,  
en contubernio, se llevaron el cadáver
y vino un impostor para dictar un testamento espurio,  
que se arropó con sus cobijas, tibias
todavía.  
                    La lírica 
está muerta. “De muerte natural”,  
según manifestaron a través de un portavoz,  
“tras batallar durante largos años
contra una cruel enfermedad”.  
                                                             (Fin del comunicado).  
“Con profundo
pesar, sus hijos y sus hijas,
sus nietos y sus nietas y su abnegado esposo  
participan de su fallecimiento
y ruegan una oración en su memoria”.  
                                                                      Está́ muerta,  
la lírica. Hace ya siglo y medio,
y aunque sus herederos todavía parecen ser los mismos
–aún no peinan canas y caminan erectos, sin ayuda de nadie–,  
recién ahora el expediente
(LÍRICA S/SUCESIÓN AB INTESTATO),
tras mil y una ofensivas judiciales,
tiene sentencia firme, y es posible dar curso
a la liquidación definitiva del acervo hereditario:  
                                                  PROPIEDADES OFRECIDAS: 
Gran oportunidad. Se vende torre. Únicamente en block.  
Importantes detalles en marfil sobre fachada.  
Destino: comercial o dependencias estatales.  
A reciclar. Sin baños ni aberturas.
Gran profusión de espejos.  



miércoles, 22 de julio de 2026

Inés Manzano

Las palabras obscenas
las que nunca mi lengua

las negadas
en la infancia y en misa

las peores
las lascivas las húmedas

las que azotan
las de fiera

las que son
como sal en la herida

Las palabras
que tu furia me dicta
que mi candor las diga
de espaldas a tu aliento

Jorge Ariel Madrazo

Ah de aquellas carnes resurrectas

aquél néctar de lúpulo y

cebada

La belleza quizás sea hebra o

caligrama

de lo indeterminado

(de lo que jamás ha sido

o será)

La cerveza: pesante vellón

alquímico babeo

 

nupcial

 

y el vivir que empotra sus patas de cerdo

y el morir que ríe de la tumba vacía

 

Tal truco -revivir luego

andar- ya el Christo lo hizo

Mis amigos suelen repetirlo

No hay milagro para nos

reyes de utopía

 

Sólo es poeta

quien al tercer día

canta y abandona

sin prisa el sepulcro

 

Y aquí: Magdalena, la escena

armemos, Hosanna,

el poema

 

bienvenido sea al café

que abre las tontas veinticuatro

horas

Piquetes del verbo, hágase la

fe

Y sea con nosotros la palabra

Y se cabree la cabra de la afasia

Y se enrabie el burgués

de pacotilla

con todo el vulgo vomitado

a cuestas

 

domingo, 19 de julio de 2026

Mariana Suozzo

A Ramos Mejía.

Cuando todos se vayan…

Cuando todos se vayan de Ramos Mejía
no quedarán ojos para ver la Avenida De Mayo
convertida en una pista de patinaje
diversos animales saldrán
desesperados de las alcantarillas
al saber que todos se han ido
correrán en busca de vasitos desechables
que usaban las cafeterías
para fabricar con ellos sus patines

y muchos pájaros migrarán de lugares desconocidos
para correr picadas a ras del asfalto
desde la estación de tren hasta el colegio Don Bosco
darán todo por el premio:
un departamento donde anidarán a sus polluelos

sin los habitantes de esta ciudad que barniza y barniza
las fachadas de madera de los chalés
serán devoradas por las termitas
y caerán al piso pedacitos de pintura
de una pared vieja que se descascara
al resguardo de una galería
en la casa que vio crecer a Maria Elena Walsh

y los pastos de los inmensos jardines
que se ocultan detrás de las viviendas
se podrán ver desde la vereda
recostados en los techos de tejas de cerámica

y las piscinas de fibra azul empotradas
o las construidas de concreto a la medida
servirán de albergue para extrañas criaturas acuáticas
que nosotros, antiguos habitantes de Ramos Mejía
jamás tuvimos oportunidad de conocer

y una montaña de hojas cubrirá por completo las veredas
y un hormiguero de grandes proporciones
crecerá en la aldea policial

y los cables de alta tensión sostenidos en las alturas
por esbeltos postes de madera
los cables de teléfono, de fibra óptica
por dónde los ciudadanos se conectaban a la red
los cables de >>Televisión por Cable>>
los cables que parecen lianas
que cruzan de una vereda a la otra
los tendidos de cables que conectan edificios
los cables ilegales, clandestinos
los cables en desuso de clientes que abandonan un servicio
los cables peligrosos
todos colocados desprolijamente
los cables que arman un caos en el cielo
tan criticados cables por los fanáticos del paisajismo
ya no tendrán ojos que juzguen.

Franco Rivero

lo que me llama la atención de
este linyera
es que tiene un paraguas
sano
de qué sirve un paraguas después de
haber bebido
tanta intemperie

díganme la verdad/¿alguien
se rió de él
alguien se ríe de él
o este linyera sabe de ironía
por eso no lo vende
por eso no lo cambia por pan
y mortadela?

miércoles, 15 de julio de 2026

Graciela Mitre

Algunas especies
nadan contra la corriente
regresan a su lugar de origen
y vuelven a nacer
otras en cambio
cobijadas en sus nidos
aguardan dócilmente
el vuelo final
hay cuerpos resistentes
rebeldes
desoyen todo ruego
fluyen sin ley alguna
como si la muerte
los hubiese olvidado
o los negara.

Marcelo Rizzi

El colibrí es una partícula tornasolada
del tiempo: un instante en que todas las
formas aladas del lugar se detienen.
Quietísimo sobre su rama elegida, volar
quizá sea su dichosa inquietud. Esta casa
no parece ser real: no se sabe a ciencia
cierta si del principio o del fin de los tiempos.
Anoche algunas luces que danzaban sobre
el horizonte nos daban una especie de rara
bienvenida. El camino que toma el sol para
iluminar la tierra ha cambiado, y hay una
parsimonia mordaz en cada estrella que
en el cielo se apaga. Está de más seguir
hablando de ello, hay que pensarlo todo
de nuevo, es hora de ponerse a trabajar.

En "La constancia"

lunes, 13 de julio de 2026

Sara Cohen: Éramos felices

infancias, invento

memorioso

de imaginaciones

golosas


ávidas miradas

hacia otros tiempos

historias, tejidos

en el secreto cofre

de una mente 

trasnochada


mi tía Martha me obsequia

un sobre con fotos


en su mayoría anteceden

a mi nacimiento


elijo entre 1923 y 1975

y me detengo ahí, en 1975


la letra de mi abuelo

al reverso de alguna foto

la de mi tía en otra


ella flota entre tres tiempos

del primero, infancia en París,

dice, era muy grande

el departamento de París,

Becky nunca se recuperó,

¡éramos felices!


hay que circular

con cada fotografía

de habitación en habitación 

a la hora en la que el sol

ilumina una u otra ventana 

para tener claridad 

acerca de lo que se mira


como si cada ventana 

fuese la de aquel 

departamento de París

y Becky, mi abuela,

estuviese 

-como otrora-

allí en su dicha

Alan La Veglia

Recuerdo

el olor de los pinos 

al caer octubre.

 

Hojas húmedas 

aún se encienden 

en la lengua del día.

 

Rosarios, la Colt 45,

una hebilla caída 

entre jazmines paraguayos.

 

Dios era el color oscuro

de las semillas

al ensamblarse el otoño,

las entrañas 

en un balde de metal.

 

Alguien se arrodilla 

al final del mismo invierno.

La llovizna discurre sobre el musgo.


jueves, 9 de julio de 2026

Ana Danich: NUNCA SUPE HABLAR DE RUISEÑORES

Por qué no abres la carne y buscas,
hurga hasta la cavadura del hueso, esa astilla,
esa médula que se hornea en el rescoldo
una escritura sellada en las entrañas.  

Agonía.

Hunde tu mano hasta la última víscera
el animal yace inerte con su boca deslenguada,
no podrás comértela, qué pena,  pero  invito, 
cómete el hígado, el pulmón,  el útero,
sobran  restos de humanidad apetecida.

Cómetelos.

Una arteria inflamada tiñe el mantel 
arroja morados coágulos hirvientes 
flotan jugos en el mar sangriento de su vientre,
navegan juncos jinetes jabalinas jaguares
danzan los caníbales en la mesa del martirio,
despostan  vibran  palpitan  gruñen
cómete la piel,  la grasa, si es que puedes,
cómete la letra, la escritura,  la palabra tallada,
degusta las sobras del festín, sírvete un trozo, 
el animal yace inerte,  vaca herética.

Su sacrificio.

Nunca supe hablar de sutiles  ruiseñores
me disculpas.

Tierna carne que me sabe a nada.

Rubén Vedovaldi: NADA TRAIGO A ESTE SITIO

NADA TRAIGO A ESTE SITIO,

ni ruiseñor de Keats ni tigre Willam Blake ni 
río de Juanele o gato de Girri

no he domesticado mis estrofas
no le puedo al silencio ni a la ausencia
águila ni serpiente de Zoroastro traigo,

disculpen, no me trajo ni la maga de Julio
ni el burrito de plata de Juan Ramón Jiménez
ni cuerva de Vallejo ni aquel cuervo de Poe;
ni la rana de Basho ni las cosas
que Giannuzzi versara contra su muerte


no he fracasado más que cualquier otro
no he bebido mejores licores
no me alcanzó la luz del elegido
ni me chuparon los pozos de sombra
¿con qué derecho vengo a oficiar de poeta?


no hice más feliz a la que hice feliz
que lo que otro bien pudiera hacerla
no soborné, no maté a ser humano
no fui padre ni esposo
no moriré en París
no me piden permiso para ser
la lluvia, el viento, el mar;
el sol para brillar
la flor para aromar en el desierto
¿con qué laurel esgrimo olvidables argucias de poetastro?

no descubrí el aleph ni falso aleph
no estuve en la frontera al borde de la guerra
no me ha excomulgado la Iglesia en que no creo
no he ganado una estrella
en el cielo inestable del marxismo
no amasé una fortuna ni dejo deudas
sólo que aquí y ahora me atraviesa
este atardecer gris de medio invierno
y estoy solo en mi cuerpo
(no más solo que antes o que otros)
y está todo tan frío tan inmóvil
que estirando la mano con que escribo
quise alzar esa piedra que es mi alma
y no puedo y me duele

no consigo arrancarme a dar el grito
a ser un vuelo azul un viento negro
un pozo ciego un puñal una rosa
un pedazo de pan en la vereda

nada traigo, disculpen,
y no sé cómo vine a dar aquí

lunes, 6 de julio de 2026

Geraldine Mac Burney Jones: VENUS IN FURS – JOHN CALE

Es hora de atrasar los relojes. Porque el invierno vuelve arropado de noche y de mala fortuna.

No veo lechuzas. Los zorros escarban la última sangre de cada gallina. Será un invierno asido de pequeñas criaturas. De a poco vendrán como lobos en la noche. A susurrarme en sueños, a regalarme brújulas para roer antiguos calendarios. Me traerán el pentagrama blanco de las siestas, una mañana trémula con andar de pájaro, los mil rostros de la infancia. Una tarde con mi abuela. Su perfume azul.

Y mi corazón aullando
como un antílope.


Alejandro Crotto: El ojo enamorado ata los cielos y la tierra

Los cielos nos dan miedo,
los cielos de belleza aterradora
donde se queman las estrellas.

La íntima tierra, en ella -un nuevo descrearse-
nuestra gota de vida.

Dando lugar, sacándose lo hace.

¿Ves el jazmín de tu balcón? ¿La mosca
en la pared, que frota sus patitas? ¿La herida
detrás de toda la ciudad cuando amanece?

viernes, 3 de julio de 2026

Diana Bellessi

Corre paradigma de miel
Yo me quedo en el jardín viendo
abrir las semillas de gingo
un árbol sabio por antiguo
y simple como el brote de un
poroto

Ríos de la mente sabrán porqué
elrevés de la trama te lleva hacia
Leyenda
Un alma sola enfrenta su pasado
para luego dar la cara a la muerte

Aquí, no hay poder del
pensamiento ni saber
que al mundo modifique
Paciencia solamente
que busca sentimiento,
sentido en la astillada
totalidad del puma
cruzando el tiempo como
a un tapiz. El bosque
se transforma en jardín
a medias modelado
por la conciencia humana

como si una mujer hablara a otra en
un cruce de aguas profundas y claras

Daniel Durand: SPRAY

Tenemos muchas palabras

para designar a la lluvia,

en español y en rioplatense,

pero hay una muy fina,

que casi no cae y se mantiene

suspendida en el aire,

es una especie de spray, a esa

nunca pude encontrarle palabra.


El spray denso de esta mañana

borronea todos los objetos

que tratan de avisar

que hoy es domingo.

De manera que nos hallamos

ante un ningún día.


Afuera los de la calle deambulan

buscando un toldo para pasar la tarde.

Acá adentro tengo de todo y en orden,

y sin embargo busco un error, una falla,

algo para hacer entre medio de los mates


Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1- Papi mataba un cordero Cada cumpleaños Los cuereaba y les sacaba despacito El corazón Delante de mí Papi sí que sabía de vacas y caball...