la mente es capaz de hacer cosas
primitivas.
La primera vez que discutimos
cambiaste tu forma de vestir
cambiaste de talle
y fue como si te liberaras.
Una semana antes me dijiste
que con ropa tan grande
parecía un gangster o un cafiolo.
La segunda vez que nos peleamos
te había dicho que necesitaba zapatillas
pasamos frente a una vidriera
te dije que me gustaban esas
que estaban en buen precio
entraste y te las compraste
aunque no las necesitabas.
La tercera vez que nos gritamos fuerte
fuiste al peluquero te pusiste un piercing
te recortaste las cejas y empezaste a depilarte
todo
la misma
tarde.
La vez que te dejé pasaron sólo unos días
hasta que volví a tu casa
tiraste las plantas y macetas
compraste otras más caras
sacaste los muebles que aún servían
y los dejaste en la vereda
compraste un sillón enorme
sábanas y almohadones.
Una vez te dije
que me gustaban los marcos de fotos o cuadros
sólo los marcos
colgados en la pared
y los pusiste sobre tu cama.
Decías que todo eso era para mí.
Cuando un corazón está herido
se activa un mecanismo de defensa
una alerta que nos protege
pero que a la vez nos debilita
nos vuelve vulnerables
transparentes
por no saber pedir perdón
o por no saber pedir ayuda.
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