viernes, 29 de mayo de 2026

Daiana Henderson: Equilibrio

Papá aflojó los tornillos
para que aprendiera
a andar sin las rueditas.
Ella me llevó a la vereda de tierra
que rodea al hipódromo,
justo enfrente de casa.
Y cuál es la necesidad
de aprender a sostener
mi cuerpo todo de nuevo.
Le hice prometer que no
me soltaría por nada del mundo;
giraba apenas mi cuello
para ver que ella siguiera ahí,
corriendo justo detrás mío,
agarrándome de la parte baja del asiento.
«Yo no te suelto -me decía-,
yo no te suelto»,
pero para ese entonces
ya estaba pedaleando sola
y no me daba cuenta
de cómo ella se alejaba de mí,
aun quedándose quieta
entre los troncos viejos y gruesos.
Me enojé tanto cuando me di vuelta
que rechacé ese objeto
a un costado de la vereda
y quise volver a casa.
Ahora voy esquivando colectivos,
haciendo finitos, calculo
el tiempo exacto para pasar en rojo
y no morir en el asfalto,
pero así y todo no voy a reconocerlo.
He decepcionado muchas veces a mi madre
y sé que seguiré haciéndolo.
No hay lugar en el mundo
para dos personas iguales,
ni siquiera lo hay en una casa,
y por eso me fui apenas terminada la escuela.
Pero es necesario para que mamá aprenda.
El equilibrio se fabrica con la distancia,
si nos quedamos quietas
seguramente nos vamos a caer.
Ahora rebobino el cassette
y resulta que soy yo la que se aleja
mientras ella se queda parada,
palideciendo bajo el sol de un domingo.
Pero yo no te suelto, mamá,
yo no te suelto.

Carlos Vitale: RISAS DE COCODRILO

No te engañes.
El de la foto
tan sonriente
ya era infeliz
(tú lo sabes,
bien que lo sabes).

Contémplalo ahí detrás,
público o comparsa,
borroso
incluso en primer plano. 

Sonríe
aunque esté muerto.

Si le pides
que se adelante 
no da sombra.

Convéncete:
sólo la sombra
no da sombra.

lunes, 25 de mayo de 2026

Ana Arzoumanian

No hay manera de salir
de la síntesis del relato;
alguien cede.
Alguien contra la pared,
en el grito sordo de las cosas, se reduce
a quietud de pasillos, de zanjones,
al resudar de sábanas en la siesta.
Alguien aturdido gira, no sabe
cuánto tiempo pasa dónde
cuando cede.
Así, como interrupción del hambre
se distancian las piernas,
en un aire continuo, invariable;
tan calladamente pegajoso
como líquido espeso de arena
que se empasta en la lengua, vela
el cuerpo desnudo;
la inexorable trampa
de las uñas rasgando
la pollerita cerrada.

Fragmento del libro El ahogadero, Edit. Tsé Tsé, 2002.

Néstor Fenoglio

Cada cual tiene sus muertos, 
algunos de antigua podredumbre, 
otros apenas estrenados, 
gorriones quietos 
recién detenidos en el medio de su trino. 
Yo tengo muertos orgullosos y vacíos, 
claras muescas inauguradas para siempre, 
tumbas anónimas 
resecas de sol y de muerte verdadera. 
A veces, en el óxido opaco de alguna 
resurrección mis muertos cantan 
convencidos. 
Otras veces sollozan despacio 
o gimen en lenguas extinguidas. 
Cada cual tiene sus muertos 
tendidos prolijamente, alineados 
y con su número, 
su rosa seca, su florero barato. 
También mis muertos se derraman 
se agujerean imprecisos 
y me convocan 
con gritos amargos, 
algunas veces. 

En: "Desde este cuerpo"

viernes, 22 de mayo de 2026

Rocío Wittib

nací sin dios sin esperanza con convencimiento
nací antes de mí en el primer hombre y en el último cada día
nací con un llanto que es ahora y para siempre incertidumbre
nací huyendo a ningún lugar esquivando el destino
nací para llorar el mar para oír el bosque dormido en la niebla
nací diciendo lo que no sé callar callando lo que quiero decir
nací con todos estos versos incapaces de alcanzar la poesía
nací –insisto– insistiendo en la deriva renunciando a la renuncia
nací espera tal vez qué importa lo siento hasta siempre te quiero
nací al otro lado de mí y me voy mareando sin encontrarme
nací eso es todo que mi vida me perdone


Hugo Mujica: En plena noche

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón

el ciego es la luz, no el camino.

martes, 19 de mayo de 2026

María Negroni: Monólogo interior

¿cosa busca la noche

cuando aquí prolifera

tu ausencia más palpable

 

y yo me quedo en vano

cada vez hacia nadie

 

eco de qué mármol

de qué aurora

 

luz de sombra de tu luz

que me naciera

 

o alegoría del oído

 

esa campana

repicando

 

por todo paisaje?


Héctor Berenguer: La casa de arena

Gusto a sal en la boca,
principio y fin de todas las cosas.

Cuando el verano termine
el viento me tallará como a una duna.

Mi arrepentimiento es no terminar a tiempo
y que mis deseos permanezcan más allá de mi tiempo.

Anoche tuve un extraño sueño
podía ver pasar la vida,
así como se da la mano o la espalda.

Las cosas cambian de sentido
y con ellas se detiene todo lo previsto.

Hay otro mar e irrumpe en sueños su larga travesía,
piedra horadada que recoges lo que el cielo desprecia.

Vulnerable es todo hombre hecho a la altura de su luz.

Cuando era niño
salía susurrar exigente el término del miedo.
Ahora cuando llamen por mí,
habré desaparecido.

Amo este día porque todo se pierde.

El estar aquí nada más que por nada
cautivo y libre en un instante eterno.

Siento la vida extrañada como si fuera de otro.
¿Acaso ya no soy la sombra de mi mismo?

sábado, 16 de mayo de 2026

Paula Martini

En el tren una mujer escribe en su libreta
mira el paisaje 
gesticula 
Siento el olor de la tinta 
Pasan los techos
reforzados a ladrillos sueltos 
Ella escucha el sonido agudo de cada estación
algo la lleva a las palabras que inventa
otra mujer abre los ojos sin mirar
mientras atravesamos el parque Pereyra
todo es otoño
después de un pájaro tiembla una rama
eso pasa rápido
la vida se parece a la costumbre
rompe y nace 
ejercita en el viaje los dolores 
los torna pedazos de memoria 
la mujer de las palabras se levanta 
baja
la veo como el olvido
extraña y pequeña caminar entre los álamos.

Juan Diego Incardona

Los vecinos están en el baldío
alrededor de un pájaro recién muerto;
habrá caído del espacio —dicen—,
porque acá no hay árboles ni hay cielo.
La radio y la TV transmiten desde el nido;
algo habrán hecho —informan—,
acá no hay árboles ni hay cielo.
Alguien abre las geodas de basura
cuyas amatistas brillan figuritas
y muñecas desmembradas;
en retirada, marcha la comunidad,
pisa los juguetes en el día-noche
y se hunde, colectivamente,
hacia el interior de la Provincia
donde la pampa, se sabe,
es como el mar,
rojo, oscuro, olvido.
Las plumas del pájaro flotan sin cielo
y en el espacio no las quema el sol,
sino la última estrella fugaz
que cruzó el Acceso Oeste
antes de que los deseos apagaran
las chispas.

martes, 12 de mayo de 2026

Silvana Franzetti

Por qué Ozu.

El sabor del té verde con arroz

alcanza el fuera de campo.

Qué variedades

se perdieron en los últimos cien años

y por qué causa placer

el sonido de la lluvia

de arroz

al verterlo en el agua.

 

Construida la perspectiva,

quién sabe si una parte

de las cosas

están en oriente.


Mario Arteca: El Arroyo El Gato ataca de nuevo

Y de pronto, por si no lo supieran, se abrieron
las aguas del arroyo, y una implacable mácula
de aceite para frenos se engulló el oxígeno y acabó
con el plancton. Las gaviotas venidas del Náutico,
antes obesas, ahora anotan nuevas coordenadas
donde aterrizar kilómetros más allá. Se afirma
un cementerio de antiguos terraplenes. El lecho
parece un cascabel de latas de 350 mililitros
de la más ordinaria de las ordinarias de las cervezas:
los zorzales pestañean ante el desperdicio, pero
recogen con náusea la provisión de profilácticos
desdeñados por la debacle nocturna. Cierta vez,
el activista Javier Prol echó sus maldiciones
por un réquiem servido en bandeja. La calle 526
lleva su nombre. Para quienes la transitan, se trata
sólo de una señal rumbo a la boca de la nueva
autopista. Por ahora, lo que queda del macadán
siquiera propone un stock para cerámicas.
Y aquellos que aseguran el pronto surgimiento
de las napas, desconocen de un cúmulo de razones
para detener la caravana del riacho. Oscuro.
Más de 30 ordenanzas no pueden detener el avance
de las aguas, mientras el arroyo es una pastilla
sublingual que se desliza por debajo de la city,
a la busca de cuidados menos intensivos. Nadie
cruzó el lecho legamoso, y hasta los dioses
y el insigne Rocha, aguardaron en vano la llegada
de nuevos mandamientos. No innovar. Se regresa
al punto en que una nueva denuncia, será
pregunta en la respuesta. Quien crea de ahora
en más, deberá vadear la orilla de los vivos
y cuidarse (en puntas de pie, sobre superficie líquida)

sábado, 9 de mayo de 2026

Catalina Boccardo: EL PÚBLICO EN EL TEATRO

No existe ese trozo de aire

usás zapatos contra la gravedad

el público
sus cabezas
unos butacones falsos
aplauden
y susurran

bailás bailás
para quienes sufrimos en serio
no esa levedad de mierda

y las arañas
los aros
cuelgan

movés la horca
con tu lengua adentro

el sinsabor termina
                              a la salida
el sobre de marca
unos tacones que nunca dejarían

los trabajadores de la danza
tienen un pie casi en la garganta



Matías Beltrame

Cuando un corazón esta herido
la mente es capaz de hacer cosas
primitivas.
La primera vez que discutimos
cambiaste tu forma de vestir
cambiaste de talle
y fue como si te liberaras.
Una semana antes me dijiste
que con ropa tan grande
parecía un gangster o un cafiolo.
La segunda vez que nos peleamos
te había dicho que necesitaba zapatillas
pasamos frente a una vidriera
te dije que me gustaban esas 
que estaban en buen precio
entraste y te las compraste
aunque no las necesitabas.
La tercera vez que nos gritamos fuerte
fuiste al peluquero te pusiste un piercing
te recortaste las cejas y empezaste a depilarte
todo
la misma
tarde.
La vez que te dejé pasaron sólo unos días
hasta que volví a tu casa
tiraste las plantas y macetas
compraste otras más caras
sacaste los muebles que aún servían
y los dejaste en la vereda
compraste un sillón enorme
sábanas y almohadones.
Una vez te dije 
que me gustaban los marcos de fotos o cuadros
sólo los marcos
colgados en la pared
y los pusiste sobre tu cama.
Decías que todo eso era para mí.
Cuando un corazón está herido 
se activa un mecanismo de defensa
una alerta que nos protege
pero que a la vez nos debilita
nos vuelve vulnerables
    transparentes
por no saber pedir perdón
o por no saber pedir ayuda.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Cecilia Romana

Y ahora me llama porque se siente solo

 

y dice que el viento ha vuelto a soplar y entonces

 

el humo bajó a su casa

 

que está separada del resto por una hilera de árboles

 

que no sabe qué tipo de árboles son

 

pero sus hojas solo saben dar sombra en verano

 

como su corazón que solo sabe apagar lo que toca.

 

Pero el fuego no se apaga en el este.

 

 

 

Quisiera verla, dice.

 

 

 

Hay un álamo frente a mi casa. A su lado un tilo.

 

En verano la gente pasa

 

y arranca hojas para hacer infusiones.

 

 

 

Las hileras de su corazón no tienen especie.

 

Mi corazón se quema bajo esa sombra.




 

Gonzalo Vega: Viernes

El sol rebotaba

sobre el lomo del río,

achinábamos los ojos

para poder avanzar.

Martín me había dicho

Que el equilibrio en piragua

se logra llevándole la contra

al remo del otro.

Los pescadores volvían

de su jornada

zumba un motorcito villa

zigzagueando entre las islas

con la Central Eléctrica

cuidando nuestras espaldas.

Las ramas de los sauces

caían sobre el río

parecía que estaban

a la espera del pique.

lunes, 4 de mayo de 2026

Ana Gervasio: MI PADRE ERA UN OBRERO QUE CANTABA

camino hacia la fábrica,
mientras la llanura hechizaba los ciervos 
y una flor abría su corazón rosado,
mi padre pedaleaba sobre el camino guadaloso
cuesta arriba y salvaje.

a través de la hilera de árboles
la antigua bicicleta brillaba 
como un dulce misterio. 
la historia entera de un obrero 
encendía las semillas,
el principio del pan, la espiga de los pobres.

los gorriones seguían su estela
que labraba una huella perenne
como la fuerza de todos los trabajadores.
su cuerpo laborioso, ileso de la muerte,
dejaba un resplandor que se albergaba
en los jardines de las casas blancas.

mi padre era un obrero que cantaba,
camino hacia la fábrica, cantaba.


Horacio Zabaljáuregui: EL PRIMER DESCONSUELO

También hay condiciones objetivas
para que mi queridísima me deje un sábado por la noche.
Corrientes abajo voy,
la lluvia me arruga la yema de los dedos.
Calado, termino viendo Derzu Uzala,
entre sobresaltos de sueño.
Quedará una sinusitis crónica;
es la primera muesca del desengaño;
viene con la culebrilla de los celos, su collar de ahorque.
La contradicción principal:
el fantasma del otro, la discordia del tercero,
y el desencuentro;
en su reclamo hay un retrato de mí,
en el que apenas me reconozco.
El desarrollo desigual y combinado de la pasión
y el desencanto.
Un manto de reproches:
estas cuitas siguen su propia línea.
No hay síntesis en el corazón de la desavenencia.
Es la primera pena y parece insondable.
Su dialéctica es oscura:
y lo único que recuerdo
es cómo me empeñé en mojarme,
en disolver en lluvia,
el primer desconsuelo.

sábado, 2 de mayo de 2026

Amanda Pedrozo: Adaptación


Si retirase con esta mano
cuanto hubiese dado con la otra
si a mi mano izquierda no le importase
en qué asuntos anda la derecha
si con buenísimas maneras me convencieran
de que lo cortés no quita lo valiente
si de tanto hacer la ronda
se me diera al fin por elegir pareja.

Si considerase gentil
ceder la última palabra
si viviera nombrando a Dios
en tanto voto por César
si alabase el orden establecido de las cosas
y decidiera consecuentemente
tornarme buey por el camino,
y punto.

(Donde Ud. por supuesto, decidiera ponérselo
rotundamente y absoluto)

Claudio Archubi

Otra vez mi pensamiento era uno con la
montaña del Norte: entero, claro y distinto, en la
escarpada mañana, claro y distinto.

Y yo ascendía por mi montaña
comprendiéndolo todo, para perderlo todo, mientras el
cielo se cerraba sobre mí, con su triste blanco,
moviendo sus nuncas y sus siempres, y su otro lado
escrito en griego.

Lengua muerta, cielo lento, otra lluvia: caían
sobre mi piedra hasta volverla más pesada, tanto como
una pregunta, la que no alimenta, una que se derrite en
centurias, pero sigue pesando, una para ir con ella,
sosteniéndola, como la hormiga con su carozo de hielo.

Así mi piedra fue la montaña y yo no ascendí
sobre ella sino que caminé por debajo.

Mi cielo estaba hecho de tierra y yo descendía
arqueado, siempre la misma ladera clara y distinta, con
sus raíces, esas, las nunca crecidas, tan cercanas y
blancas, con su duro corazón de nieve, con su otro lado
escrito en griego.



En: "Sísifo en el norte"

Florencia Madeo Facente: Nota en un restaurant

Una mancha de sangre  no sale, pero si la limpiás enseguida tenés  más chances. Ahora bien, si te demorás  puede que no salga del todo, que ...