Una mariposa ocre entró a mi casa
entró y salió
un soplo
me dejó sola
deslumbrada
muy sola
cuando solté el aire
noté que ella estaba en mí
su dibujo cobrizo
sellado en ese rincón del pecho
donde tiene lugar
lo inesperado.
Una mariposa ocre entró a mi casa
entró y salió
un soplo
me dejó sola
deslumbrada
muy sola
cuando solté el aire
noté que ella estaba en mí
su dibujo cobrizo
sellado en ese rincón del pecho
donde tiene lugar
lo inesperado.
No gires la cabeza, Claudio,
cuando aquellos que te miran
hablan de sangre y silencio.
Vuelve una vez más a casa e inventa
el canto del ave y de su imagen.
Vuelve a casa como quien
coloca monedas sobre el camino
y trae tu cansancio ahora que crees morir.
Vuelve a casa,
nadie traerá tus muertos hasta esta fosa
en este destierro que llamabas en silencio “distancia”.
Vuelve a casa, cabizbajo como un monje joven
que llora bajo un ciprés.
Así observamos la voluntad de decir “amén” con otras palabras.
Claudio, ahora vuelve y recupera la infancia y las cartas de tu padre.
¿Vacía?
mi carencia real es de potasio.
Cuál es mi relato preguntás,
cuál mi adoración.
Que necesito argumentos
para “verme” bien plantada.
Es otra cosa este hormigueo,
amigo.
Es algo más que ausencia mineral,
lo siento
viene subiendo
es un sueño de pies livianos
un desprendimiento.
De eso se trata,
no poseer.
Debería esconder una manga en el as
y algunas sobras de sabios en mi barba
desarrollar bien malas ideas
o al menos tener una buena idea mal desarrollada
aprender latín
y el nombre de algunas flores que no existen
buscar en un trebolar el verbo de cuatro letras
que me permita arrojar de un manotazo al papel
un barco navegando
o podría alguien decirme que la poesía
es un camino con puentes en los charcos
por andamios que trepe
un albañil no besa una golondrina
a lo sumo desde sus ojos de piedra
mira achicarse la espalda de algún sueño
pero entonces
cómo se ignora una erupción de mar
cómo se hace para no escribir
cuando llueve.
Dicen que encontrarse una liebre es una señal del destino
un eco de luz entre la bruma
La liebre que cruzó mi camino aquella mañana
mensajera del alba
trazó su huella en el rocío
Sólo sé que el monte se desperezaba a esa hora
y en su bostezo vi nuestras heridas
También nosotros buscamos
un monte
una guarida
un silencio
donde lamer lo que sangra
Tengo un acompañante que esquiva
los quejidos que lo clavan al suelo:
prefiere invocar vértigos mirando las nubes.
Trepa la noche, silba
subido a los árboles.
Cuando llueve a rabiar señala la pared
que escapa a la humedad.
Cuando se avecina una tormenta en los labios
fabrica una balsa para internarse por sus canales
y forja escaleras para encender luces
a su tristeza.
Mi acompañante tiene ojos nuevos cuando su pena
trastabilla: ríe en la lluvia que oculta el cielo.
Colgado a una esperancita desquiciada
despereza sus desánimos,
rebusca la magia
que ni la tormenta en su boca apaga.
a Glauce Baldovín, in memoriam
Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.
Y nada
que no supiéramos –salvo volar-
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.
El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.
El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra . El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo
salvando una parte
de un día de pesar.
Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso del candor, cuando te mata.
Una mariposa ocre entró a mi casa entró y salió un soplo me dejó sola deslumbrada muy sola cuando solté el aire noté que ella estaba en mí s...