lunes, 12 de octubre de 2026

María Sueldo Müller: SOBRE EL RESENTIMIENTO DE ALGUNOS FENÓMENOS ASTRONÓMICOS

si el meteorito viene
con intención de estrellarse en mi jardín
díganle que sea certero
que dije yo 
afine la puntería 
no vaya a errar
no quisiera lo someta a una lenta agonía sin sol
el agua amarga
hastiada la tierra.
ese verde es una obra del amor y la paciencia, le dicen
tiene derecho a extinguirse con dignidad

si el meteorito viene
decidido a estampar su incandescencia entre mis flores
le avisan
que no me busque
ya sabré yo donde enterrarme
tal vez allí 
brote
alguna vez
la triste memoria de la belleza

Fernando Belottini: Paisaje con teros

Todo lo que en definitiva puede suceder, sucederá.

Busco el nido para desesperación del tero.

El mundo parece tan sencillo como un campo abierto.

El viento levanta la tierra donde aran.

El aire del campo abierto donde el tero puso el huevo

que no pisen, que defiende, allá lejos

en el hedor de un animal muerto, rodeado de caranchos y moscas

La vaca la boca los ojos abiertos, van encontrando su forma de tero.

Que nadie toque el huevo que el tero enloquece.

La casa allá lejos donde hay agua.

La bomba, el agua fresca del pozo en el balde gris.

Allá lejos hay agua donde los árboles y el techo de la casa, la quinta.

Los árboles y mis pesares corriendo como la centella en el alambrado.

Allá el molino, donde un rayo partió el árbol

y mató al abuelo.

martes, 6 de octubre de 2026

Laura Yasán: Loba Negra

viene la loba
es cada día más voraz
salgo a cazar su presa disfrazada de loca
no más de mí para entregar
la noche cabe entera en su respiración
se rasga en el aullido
si llegara a dormirme
viene la loba y no hay regreso
me pongo el brillo de su ojo feroz
y salgo a mendigar disfrazada de burla
le traigo pan y ruge carne
le traigo sangre y gime agua
negra loba de mí no tengo más
monto al sudor de su pelaje
me arrojo a depredar disfrazada de lástima


Luis O. Tedesco

Las tardes de mi barrio en el verano
con su quietud de polvo y frenesí,
y el remolino gris de las paredes
y el bochorno, la dádiva del árbol
que la cercana esquina ceremonia
con toque vertical de basto antiguo,
las tardes de mi barrio en el verano
son la entraña pasiva de mi cuerpo,
la sigilosa turba, el pensamiento,
el púlpito animal donde la ausencia
silba feroz la música paciente,
allí la bisectriz de otra distancia
y el potrero inicial, y misteriosa
la yegua blanca, súbita de dioses.

jueves, 1 de octubre de 2026

Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1-

Papi mataba un cordero
Cada cumpleaños
Los cuereaba y les sacaba despacito
El corazón
Delante de mí
Papi sí que sabía de vacas y caballos
A las vacas
Las miraba a los ojos
Y ellas permanecían impávidas
Pensando, vaya uno a saber qué.
A los caballos
Les acariciaba las patas con
Delicadeza y después
Les daba una palmadita
Como podrían saludarse los viejos amigos
Papi me decía “nena, no se dice 
puta”
Y yo aprendí con inocencia
De cordero
“pu, no….ta, no…-le decía-
Puta sí”.


                   2-

Mami tampoco era inocente
Le retorcía el cuello
A una gallina 
En un santiamén
Con la excusa del puchero
Una vez la vi llorar
Frente al despeñadero
De plumas
A lo mejor era nostalgia
Por las causas perdidas
O tal vez lloraba con lágrimas
Del pato
Que –estoy segura—amaba
A la bataraza en el cadalso.

                  3-

Me caso para divorciarme
Y qué
Les dijo mientras María
se confundía 
con las cenizas del Ave
y la guitarra 
de Pablo Milanés
No ama quien quiere sino quien puede
Elegir/se
Con libertad
Más tarde diría Spinetta
Que buscar se parece a nada
Pero buscar siempre es mejor
Que morir de sed
Adoro lavar, planchar y 
cocinar
Pero todavía 
Sueño con bordear
Lo marginal
Correr
El peligro de saber quién soy
Me caso, y qué
Les dijo y los hizo
Testigos de que todo
Futuro es imperfecto.


Rafael Felipe Oteriño: CANTÁBAMOS

Cantábamos sin la lengua adecuada,
cantábamos con la voz del relámpago
y la urgencia del trueno.
Pero nuestro canto estaba inflamado
desde muy atrás:
por voces que nos sostenían
con su cantar ininterrumpido.

Con la convicción de los hermanos mayores,
con el diamante en el pecho
de los que nos habían precedido,
hijos de un lugar, cantábamos:
una canción más alta que nosotros mismos,
una Arcadia más dulce
que la corriente del agua entre los dedos.

¿A quién cantábamos?, ¿con qué imágenes
y artes desconocidas cantábamos,
que el relámpago nos tocaba el hombro,
y no lo sentíamos; que el trueno
era duro y áspero, y no lo oíamos;
que las manos tiraban de nosotros,
y no obedecíamos?

Cantábamos
con labios acostumbrados sólo a cantar;
cada vez más lejos de nuestras casas,
por calles que ni los propios padres
reconocerían. Cantábamos, ¿lo recuerdas?,
y las cabezas rodaban de los cuerpos,
aún cantando.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Elián Del Mestre

En una plaza
donde hay miles de pájaros
no se nota.
Compra grandes bolsas de avena
por su suavidad.
50 kg.
Y las subdivide en bolsitas de medio kilo
que lleva cada día.
Puede desaparecer pájaros
con la mente.
Se sienta en chinito
en el medio exacto de la plaza.
Al toque está rodeado de palomas y palomos,
algunos gorriones.
Los distrae espolvoreando el alimento,
mientras disfruta de frotarse
la yema de los dedos.
Se alborotan y ahí, en el medio del caos,
comienza el ritual.
¡Plup!
El primero.
¡Plup! ¡plup! ¡plup!
Así con todos.
Una vez en un viaje
desapareció un cóndor del zoológico de Buenos Aires,
y se desmayó.
¿Y si desaparecen todos?
¿Qué hay después de los pájaros?

María Sueldo Müller: SOBRE EL RESENTIMIENTO DE ALGUNOS FENÓMENOS ASTRONÓMICOS

si el meteorito viene con intención de estrellarse en mi jardín díganle que sea certero que dije yo  afine la puntería  no vaya a errar no q...