domingo, 27 de septiembre de 2026

Elián Del Mestre

En una plaza
donde hay miles de pájaros
no se nota.
Compra grandes bolsas de avena
por su suavidad.
50 kg.
Y las subdivide en bolsitas de medio kilo
que lleva cada día.
Puede desaparecer pájaros
con la mente.
Se sienta en chinito
en el medio exacto de la plaza.
Al toque está rodeado de palomas y palomos,
algunos gorriones.
Los distrae espolvoreando el alimento,
mientras disfruta de frotarse
la yema de los dedos.
Se alborotan y ahí, en el medio del caos,
comienza el ritual.
¡Plup!
El primero.
¡Plup! ¡plup! ¡plup!
Así con todos.
Una vez en un viaje
desapareció un cóndor del zoológico de Buenos Aires,
y se desmayó.
¿Y si desaparecen todos?
¿Qué hay después de los pájaros?

Verónica Peñaloza

En mi pueblo hay un zorro
que se mudó a la playa
donde mejor se ven ballenas.
Aparece en un video,
está quieto en la orilla
mientras desde el mar
una ballena asoma la mitad del cuerpo.
El zorro no fija la vista sobre 
el animal gigante
mira tímido, de reojo
esonoexiste esonoexiste dice
ii
Mira dos segundos y se vuelve, nervioso.
Lo hace varias veces.
La mira y mira a su alrededor.
Trata de completar la información
eso existe pero cómo
Las cosas que más me marcaron
siempre tuvieron esa mezcla 
de fascinación y miedo
un descubrimiento que da vuelta todo
eso existe y ahora entonces qué
iii
de noche el zorro sueña
que es una piedra que alguien lanza al mar
se va hundiendo mientras ve
el cuerpo de la ballena bajo el agua
una casa mar abajo
cientos de casas
toca fondo
despierta.
iv
Cómo era de esperar 
ahora lo veo seguido en la orilla
caminamos bordeando el agua
me pregunta
como si fuera un problema matemático:
si cada ballena es una mecha de deseo,
cuántas ballenas entran en una vida.
v
Lo que yo me acuerdo de mí es muy poco.
Una noche encontré una liebre mirando el mar
corría de acá para allá en la playa desierta
eso existe y ahora entonces qué
vi
Cuando se vayan las ballenas,
el zorro y yo 
desorientados
vamos a mirar lejos el mar
achinando los ojos
acá falta algo, vamos a decir.
Con el tiempo quizás no nos acordemos qué,
qué fue lo que encendió el deseo.
Pero estaremos brillantes, 
destrozados, 
vivos
en otra orilla. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Kiwi (Héctor Rolando Rodríguez)

Primer día de febrero de 1997…
Purpúreo

el alguacil

sobre el tallo e la ortiga.


Azules cielos

tras el humo de boñiga.

              ________


En la quietud

corren camalotes marejando

verdes y azules.

              ________


Yo yéndome hacia dentro

nada en la que existo

sol a borbotones.

________


Adormilado bajo

los árboles

del paraíso, alerta

rojo

el chiviro.


Gabriela Clara Pignataro

El agua en la zona de tormentas

refleja lo que nos aterra

el latido entrecortado

el deslumbre 

de las palabras apretadas 

en las manos, apenas un gesto

puede destruirlo todo,

trazar un corte perpendicular

a la sensatez:

las habitaciones doradas

por la costumbre

caen de tu hombro izquierdo

con voluntad inútil,

como un músculo que desentiende

la extensión de su fuerza.

 

Vos viste el rayo en el ojo

la luz bailando enloquecida,

simulada por el sol

quedaste ciega

el disco volado de la boca

de tormentas

girando

girando

en la calle desierta

orbitando,

inundada de fe.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Beatriz Vallejos: El diáfano

Hay un sitio en la Tierra.
Hay un sitio en la Tierra, sí.
Digo que hay un sitio en la Tierra;
no, el dolor lo retrae, lo lleva
más allá de nosotros,
más allá de nuestra pobre
posibilidad de explicación. No
hay un sitio en la Tierra,
pero entonces el diáfano canta
para nuestro oído perceptible
de toda transfiguración de la memoria también.

¿Has oído cantar el diáfano
que absorta niñez
lo bebía de cielo?
¿De dónde regresaba?
¿En qué lugar de la Tierra, entonces?


Alejandro Schmidt: Remotamente vivo


 Yo que soñé las lecturas en el cielo
termino carne amarga y necesaria
lo poco que me di
lo he recibido
y en lágrimas de luz
lo fui gastando
como prodiga un dios
su nieve en los infiernos


quién era yo
un claro error
roto en su madre apenas terminado
disuelto y ya pequeño
si algo prometí
no lo he cumplido

y así
sabiéndolo o no
entre dispersos boletines
quieto asisto
a esta torpe mano
cuya fortuna
abre los huecos de otra noche

alguien dirá
y alguien lo dice
todo es azar, destino, cosa oscura
pero
no cambia
el beso de los padres muertos
amigos del Enigma ya perdidos

penumbras que pisé
voces buscadas
y siempre su retrato
de labios apartados
años donados
al mensajero ebrio
buscadas voces

y canta la infancia entre paredes muertas
salmodia su fábula de sombras

lo mucho que le di
me lo ha quitado

porque
si para otros fui
soplo de diálogos
el espesor de un cuerpo
dicha del reino que se guarda
lo fui sin mí

lo fui sin mí
profunda máscara en festival macabro
hueca balanza de ladrones

no cambia su espejo
esa casa blanca que encontré paseando
-yo era joven-
allí amables criaturas
bordaban calendarios
la estación del fervor, la primavera, el ángel,
las palabras

y sentí que el mundo daba a los muros de esa casa

golpeé y salió un monstruo

bienvenido dijo, al hogar del miedo
¿sabés?
me alimento de dolor
y compró mi altura y dibujó mí cara

son los rasgos que llevo
en el amor de las estatuas
en tan larga oración
de vergüenza y anhelo

con mi afilado hueso rayo
solemnes relámpagos de chasco

idiota y semejante
el pan que aúlla
a la gloria del perro entre confusos amos

lo poco que aprendí ya lo he olvidado

y este rendido lápiz
guarda salarios pobres
compra pasajes del verano.

Remotamente vivo
sin darme la sorpresa
hombres felices
altos ríos

signos de polvo inclino
obsceno en mi estupor

quién era yo
a esa pregunta voy
y vuelvo consumido

canta el candor
en su país sin nadie.


martes, 15 de septiembre de 2026

Antonio Requeni: MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
—aunque yo soy su deudo más humilde—
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.

Elián Del Mestre

En una plaza donde hay miles de pájaros no se nota. Compra grandes bolsas de avena por su suavidad. 50 kg. Y las subdivide en bolsitas de me...