miércoles, 15 de julio de 2026

Graciela Mitre

Algunas especies
nadan contra la corriente
regresan a su lugar de origen
y vuelven a nacer
otras en cambio
cobijadas en sus nidos
aguardan dócilmente
el vuelo final
hay cuerpos resistentes
rebeldes
desoyen todo ruego
fluyen sin ley alguna
como si la muerte
los hubiese olvidado
o los negara.

Marcelo Rizzi

El colibrí es una partícula tornasolada
del tiempo: un instante en que todas las
formas aladas del lugar se detienen.
Quietísimo sobre su rama elegida, volar
quizá sea su dichosa inquietud. Esta casa
no parece ser real: no se sabe a ciencia
cierta si del principio o del fin de los tiempos.
Anoche algunas luces que danzaban sobre
el horizonte nos daban una especie de rara
bienvenida. El camino que toma el sol para
iluminar la tierra ha cambiado, y hay una
parsimonia mordaz en cada estrella que
en el cielo se apaga. Está de más seguir
hablando de ello, hay que pensarlo todo
de nuevo, es hora de ponerse a trabajar.

En "La constancia"

lunes, 13 de julio de 2026

Sara Cohen: Éramos felices

infancias, invento

memorioso

de imaginaciones

golosas


ávidas miradas

hacia otros tiempos

historias, tejidos

en el secreto cofre

de una mente 

trasnochada


mi tía Martha me obsequia

un sobre con fotos


en su mayoría anteceden

a mi nacimiento


elijo entre 1923 y 1975

y me detengo ahí, en 1975


la letra de mi abuelo

al reverso de alguna foto

la de mi tía en otra


ella flota entre tres tiempos

del primero, infancia en París,

dice, era muy grande

el departamento de París,

Becky nunca se recuperó,

¡éramos felices!


hay que circular

con cada fotografía

de habitación en habitación 

a la hora en la que el sol

ilumina una u otra ventana 

para tener claridad 

acerca de lo que se mira


como si cada ventana 

fuese la de aquel 

departamento de París

y Becky, mi abuela,

estuviese 

-como otrora-

allí en su dicha

Alan La Veglia

Recuerdo

el olor de los pinos 

al caer octubre.

 

Hojas húmedas 

aún se encienden 

en la lengua del día.

 

Rosarios, la Colt 45,

una hebilla caída 

entre jazmines paraguayos.

 

Dios era el color oscuro

de las semillas

al ensamblarse el otoño,

las entrañas 

en un balde de metal.

 

Alguien se arrodilla 

al final del mismo invierno.

La llovizna discurre sobre el musgo.


jueves, 9 de julio de 2026

Ana Danich: NUNCA SUPE HABLAR DE RUISEÑORES

Por qué no abres la carne y buscas,
hurga hasta la cavadura del hueso, esa astilla,
esa médula que se hornea en el rescoldo
una escritura sellada en las entrañas.  

Agonía.

Hunde tu mano hasta la última víscera
el animal yace inerte con su boca deslenguada,
no podrás comértela, qué pena,  pero  invito, 
cómete el hígado, el pulmón,  el útero,
sobran  restos de humanidad apetecida.

Cómetelos.

Una arteria inflamada tiñe el mantel 
arroja morados coágulos hirvientes 
flotan jugos en el mar sangriento de su vientre,
navegan juncos jinetes jabalinas jaguares
danzan los caníbales en la mesa del martirio,
despostan  vibran  palpitan  gruñen
cómete la piel,  la grasa, si es que puedes,
cómete la letra, la escritura,  la palabra tallada,
degusta las sobras del festín, sírvete un trozo, 
el animal yace inerte,  vaca herética.

Su sacrificio.

Nunca supe hablar de sutiles  ruiseñores
me disculpas.

Tierna carne que me sabe a nada.

Rubén Vedovaldi: NADA TRAIGO A ESTE SITIO

NADA TRAIGO A ESTE SITIO,

ni ruiseñor de Keats ni tigre Willam Blake ni 
río de Juanele o gato de Girri

no he domesticado mis estrofas
no le puedo al silencio ni a la ausencia
águila ni serpiente de Zoroastro traigo,

disculpen, no me trajo ni la maga de Julio
ni el burrito de plata de Juan Ramón Jiménez
ni cuerva de Vallejo ni aquel cuervo de Poe;
ni la rana de Basho ni las cosas
que Giannuzzi versara contra su muerte


no he fracasado más que cualquier otro
no he bebido mejores licores
no me alcanzó la luz del elegido
ni me chuparon los pozos de sombra
¿con qué derecho vengo a oficiar de poeta?


no hice más feliz a la que hice feliz
que lo que otro bien pudiera hacerla
no soborné, no maté a ser humano
no fui padre ni esposo
no moriré en París
no me piden permiso para ser
la lluvia, el viento, el mar;
el sol para brillar
la flor para aromar en el desierto
¿con qué laurel esgrimo olvidables argucias de poetastro?

no descubrí el aleph ni falso aleph
no estuve en la frontera al borde de la guerra
no me ha excomulgado la Iglesia en que no creo
no he ganado una estrella
en el cielo inestable del marxismo
no amasé una fortuna ni dejo deudas
sólo que aquí y ahora me atraviesa
este atardecer gris de medio invierno
y estoy solo en mi cuerpo
(no más solo que antes o que otros)
y está todo tan frío tan inmóvil
que estirando la mano con que escribo
quise alzar esa piedra que es mi alma
y no puedo y me duele

no consigo arrancarme a dar el grito
a ser un vuelo azul un viento negro
un pozo ciego un puñal una rosa
un pedazo de pan en la vereda

nada traigo, disculpen,
y no sé cómo vine a dar aquí

lunes, 6 de julio de 2026

Geraldine Mac Burney Jones: VENUS IN FURS – JOHN CALE

Es hora de atrasar los relojes. Porque el invierno vuelve arropado de noche y de mala fortuna.

No veo lechuzas. Los zorros escarban la última sangre de cada gallina. Será un invierno asido de pequeñas criaturas. De a poco vendrán como lobos en la noche. A susurrarme en sueños, a regalarme brújulas para roer antiguos calendarios. Me traerán el pentagrama blanco de las siestas, una mañana trémula con andar de pájaro, los mil rostros de la infancia. Una tarde con mi abuela. Su perfume azul.

Y mi corazón aullando
como un antílope.


Graciela Mitre

Algunas especies nadan contra la corriente regresan a su lugar de origen y vuelven a nacer otras en cambio cobijadas en sus nidos aguardan d...