la flecha de cupido
yo te vi vos me viste nos miramos
no hubo nadie nada más en el centro de ese lazo
de una vez y para siempre lo supimos
había un paraíso y ahí estábamos
en la fidelidad del milagro
de querer y saberse querido y aventurar un para siempre
en medio de los cambios
los cuerpos que crecen se hacen viejos
el pelo alborotado las bocas tristes o risueñas
los tonos de la voz
el capullo de palabras
que se descubren o se dicen como si fuera
la primera vez de mundo
el dedo que señala y dice un orden
acá el perro
acá la flor
acá la casa
el centro siempre una promesa
como un azahar una presunción y un acto
el fulgor de lo conocido en la presencia
el arrullo de un verano eterno.