jueves, 11 de junio de 2026

Valeria Zurano: Insular

Insular
«…Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo?”.
Haroldo Conti

Dejaré la casa de la isla a la mañana
las aguas han crecido durante la noche.
Crecieron con una calma absoluta
sigilosas y oscuras abrieron
las puertas del sueño.
Dejaré los ojos en el borde de la orilla
el cuerpo tendido sobre la arena,
los zapatos flotando junto a cada objeto
que fue puesto allí
con la esperanza de una vida.
Temprano me arrancarán de lo que fue mi casa.
Dejaré la cama tibia y el agua humeante
la voluntad de los que juntan
las redes vacías y luego,
retornan.

Cuando las aguas crecen
la corriente se lleva todo,
las palabras junto a los mudos camalotes
buscan el sosiego de una playa.
No hay impulso valedero en el furioso arrastre
sino un aliento guardado para el final.
Al llegar a la desembocadura
un enjambre de llamados y de pérdidas
improvisan un embalse:
la amalgama que se forma de plumas y de hojas
tapa la locura de ver cómo va yéndose
en aquellos camalotes
mi alma terrestre.

Los caracoles trepan las varas de las leguminosas
por la ruta verde de sus estambres
buscan la gota que piensan que es la luna.
Los que hallaron un tronco flotante
no saben cómo detenerse
las olas se los llevan, hunden sus cuerpos
ahogan el pedido desesperado de una soga
el grito de sus nombres.
Un dolor trepa por las varas de mi espalda
busca aquella gota que es la luna;
los mensajes del destino se escriben
y se borran
bajo la estrella gris de la sudestada.

Rendidos al movimiento de la espera
las empalizadas del muelle oscilan.
Algunos se entregan a la inercia del descenso
y otros son empujados hacia las copas de los árboles,
jamás hay que perder de vista
un punto en el horizonte
ni dejar de oír el torbellino de la arcilla.
Oníricas linternas nos llaman
desde los barcos
que Ella veía entre la niebla.
Todo se va cuando las aguas suben
las vidas se separan
se abren con la resignación de lo que madura.

Martín Gambarotta

Una pieza
donde el espacio del techo es igual
al del piso que a su vez es igual
al de cada una de las cuatro paredes
que delimitan un lugar sobre la calle.
La bruma se traslada a su mente
vacía, no sabe quién es y el primer
pensamiento “un perro que se da cuenta que es perro
deja de serlo” vuelve a formar parte
del sueño pero aparece, difusa,
la maceta: una pava abollada con plantas
en el centro de la mesa: dos caballetes
sosteniendo una tabla de madera
–entonces está despierto.
Las manchas de óxido en el cielo–
el color de la luz sobre las cosas, el cielo
que se retrae y es óxido borroneado
entre sus ojos y cae dormido de nuevo, pero aparece
un orden en la materia despierta.
La ubicación lúcida
del lugar en el día, el ruido,
el cuerpo latiendo,
la ruina de una idea que corre
por una red de nervios,
palabras de acero
contenidas en un soplo:
un orificio cabeza de alfiler
en una cavidad del corazón.

lunes, 8 de junio de 2026

Natalia Oroño


Hace un tiempo que no tengo paz
y ojo que no hablo de tormentas
hablo de la falta de casa
de no encontrarme en ningún lado
como si la falta de hogar se hiciera
falta de cuerpo.
Yo, sin poder encontrar un lugar
dentro de mi sostengo el día a día
sin que nada pase realmente.
Ni el sol, ni escucharte hablar
nada dirigido a mí

Claudio Portiglia


Si llevarse la voz hasta los huesos
si achicar la palabra y llevarse la voz hasta los huesos
si quitar las linduras
si rasurar los brotes de tilinguería que sombrean la cara
y dar vuelta el adentro para mostrar las costuras del revés
si escaparse de todas las lisonjas
si confiar en que algo de nosotros hablará mañana
para ese interlocutor desconocido
y una pizca de verdad trascienda la provisoriedad con que escribiéramos
si pudiéramos de veras revelarnos
si pudiéramos de veras rebelarnos
este oficio tal vez nos salvaría de tantas horas hueras
de tantas horas yermas
de tanto andar a ciegas por caminos que nos llevan adónde


jueves, 4 de junio de 2026

María Negro

La mujer que fui

tiende la ropa

piensa la poesía

espanta un abejorro

espera

cuando el cielo cae

y es verano.

A veces quisiera

llamarla

hacer así con la mano

es verano y los pájaros

avisarle.

Ella

la mano la ropa

los ojos el cielo

espera.

No puede ser

un color

dice.

Calcula el arroz

que será cena

espera.

La vida abierta ahí,

ahí y ahí, sin donde

Respira hondo

el hocico del miedo

espanta un abejorro

hace así

la mano la ropa

los ojos el cielo

Desea

Desea

Desea de nuevo

Desea

Quisiera advertirle

Desea

¡Oh incrédula!

Desea

Calcula el arroz

Desea

Es verano y el cielo

Desea

Guarda los broches

Desea

Cierra la puerta


Diego Bentivegna

En esa caja pequeña conserva varias cosas.
En la cajita guarda cartas. En la cajita custodia
fotos de ella joven; fotos de su madre, cartas de una tía;
una estampa de Ceferino, ya tuberculoso,
en Roma; algunas cartas.

No leo nunca, nos dice;
no me atraen nada los libros.
Mansilla era un viejo mentiroso.
Yo creo solamente en la memoria.

En EL POZO Y LA PIRÁMIDE (Audisea, 2022)

lunes, 1 de junio de 2026

María Paula Alzugaray: Gessler


Penachos indomables, teros rompieron la siesta
búhos rompiendo la noche
torpes cardos, vacas como hongos florecidos
la brisa abejea entre las cunetas, 
toros jocundos rompiendo la mañana
rompiendo el olor rancio de la quesería
pacifistas caballos cebados de tanto amarillo
de tanto tierno choclo.

Fui a conquistar un paisaje zanjado, yodado
a ver el abandono de la loca Marita y su familia
aprendí a cascotazos a errores a sapos a abrojos,
a berrear como tilingos de arpillera.

Haciendas cercanas en las que nos revolcamos
ojivas nuestros cuerpos
entre ronquidos y gallinas estercoleras
sobre los campos de soja
lejos del oleaje petrificado de los adoquines,
lejos del riquerío
más cerca del escarmiento apestoso.

Machona,
aprendí a tirar con la escopeta, a hacer la vertical,
a amar en tiempos tranquilos, a hacer ramos de cardos embalsamados
a dar zarpazos capaces de abrillantar a los chicos lindos
a hablar de la vida de lo demás en que chismorreábamos tole toles,
a dar codazos y chiflidos, aprendí otras consonantes
palabras de yute.

Cosas que debíamos corregir allí de jóvenes
que luego ya sería tarde.

Toda esa quietud me rompe,
su aburrimiento hincó el diente a las auroras,
lo hincó en el casco de los atardeceres.

De ahí que prefiero estudiar con las manos. La no rebeldía,
vivir bajo el dosel de una gloria inmediata
sin que nadie se responsabilice de mi salvajada.
Gessler, hiciste de mí lo rústica que soy.


Valeria Zurano: Insular

Insular «…Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo?”. Haroldo Conti Dejaré la casa de la isla a la mañan...