viernes, 11 de septiembre de 2026

Mónica Sifrim: Poema 4

Ay amor-te dije-
Corazón de mirlo.

Dos mujeres rotas
Se deshacen

En la bruma
De una espumadera

Recordame así

Rota.

Sobre el piso de mosaicos
Me crucificaron

Pero yo
Aprendí
El don de gentes

Enrique Winter

por capas el mar va poniendo en el sol

el recuerdo del recuerdo de la luz

sábanas que descorren la leche derramada

en el braceo

y una nueva oportunidad para entenderse

en pares trae la noche

que toca a los actores secundarios

 

adónde miran los protagonistas confluirán sus aguas 

servidas de café o té verde

en algo como el mar sal de los ojos

sal de quien mira atrás

las sábanas la leche o por la tarde

por capas la pintura va poniendo en la tela

el recuerdo del recuerdo de la ola

 

luz derramada de interrogatorio

qué nos quiere decir el retratado

si ahora mira como no podría

una quietud inquieta

le inquieta acaso hueso o solo humus 

cuando contempla inapetente

la arena que no está en las córneas de quienes lo indagamos

aprieta el pecho y se parece al hambre

en un idioma que no habla el castellano se refugia

en un castillo y castra

                                  el color es la costra o su accidente

braceando los actores secundarios

una piscina roja con los muros marrones

     el nácar raspa un hueso día que al sanar la carne oculta

como su mano sobre el pecho 

nada en la tela que respira

mano distinta sin tomarla 

entre las nuestras ni juntarnos 

en la playa por un café por el té de las cinco

 

esa mano en el pecho de la tela

que no damos ni nos busca

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria De Vito: Maravilla

Hoy lunes

a esta hora

de la tarde

donde no se escucha más

que un colectivo que pasa

lejano

este poema

aparece

y se ilumina la ventana

con la luz que entra

a morir en el sillón

de cada palabra

el día se ahoga

y en contraste

los colores cambian

igual que la maravilla

sombría de las cosas.



En "Cosas que pierdo con los días" Ed. Trapezoide


Stefano Branca: El muelle


 

El río abrió la boca.

Una tabla cedió

y caí en su garganta de hierro.

 

Entonces saltaste.

Tu cuerpo rajó el aire,

y la corriente, desconcertada,

se apartó un instante.

 

Te vi bajo el agua:

no madre,

sino un fulgor vegetal,

un animal de fuego entre los peces.

 

Tus manos me arrancaron del fondo

como quien arranca un fruto

que aún respira en la rama.

 

Regresamos.

El mundo aullaba de pájaros mojados,

el muelle cerraba sus dientes.

 

En tu pecho

mi cuerpo ardía todavía,

una brasa rescatada del agua 


viernes, 4 de septiembre de 2026

Laura Wittner: El origen

Ese vocabulario acuático pero a la vez reseco
que incluye dique, embalse, olor a yerba,
dos nenas hermanas que miran
el abismo desde una pasarela,
el embudo de cemento a escala inaccesible
de una represa mientras intentan atajar
todo lo que se va, lo que se viene
para más tarde, en la bañera y en cuclillas
ver el chorro que cae
sobre el molino de juguete:
plástico que gira a la velocidad
de los diez o doce años de una infancia.

Jorge Aulicino

Ella regresó a la casa por la autopista,
con la carga del mercado.
No volvió a rezar en el teléfono.
Con los años sabría que la herida
atacaría cíclicamente.
Como ordenados ejércitos robot,

como buenas e insensatas guerrillas.
Esa noche y otras sopló el viento
y las hojas cantaron antes de morir
la vieja incomprensible canción.
Pero ella era, de todos modos, otra.
¿Dónde fue a parar entonces la energía
que la había animado y dónde
la energía de todos iría
si pudiesen mirar por la ventana
el mundo ralear en su inmensidad,
achicarse el ansia?
Esta era una pregunta inmerecida
para su descanso atento,
para la vigilia sin armas.
¿Había hecho lo que quiso el universo,
qué ley?
Escuchó al viejo que podría haberle dicho:
no prestes conformidad,
no prestes conformidad a los vestidos del diablo.
Cuando dejes de hablar con dios,
también él dejará su nido.



En "Hacia el mal"

martes, 1 de septiembre de 2026

Roberta Iannamico: Cola de zorro

Hay en su patio un matorral de totoras y otros
de cola de zorro.
Para cruzarlo se agarra los bordes de la poyera y
las piernas se le acarician
entonces los zorros tienen murmuraciones
subterráneas
y refriegan los hocicos en la sal
y se comen las raíces de las totoras

Mónica Sifrim: Poema 4

Ay amor-te dije- Corazón de mirlo. Dos mujeres rotas Se deshacen En la bruma De una espumadera Recordame así Rota. Sobre el piso de mosaicos...