jueves, 1 de octubre de 2026

Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1-

Papi mataba un cordero
Cada cumpleaños
Los cuereaba y les sacaba despacito
El corazón
Delante de mí
Papi sí que sabía de vacas y caballos
A las vacas
Las miraba a los ojos
Y ellas permanecían impávidas
Pensando, vaya uno a saber qué.
A los caballos
Les acariciaba las patas con
Delicadeza y después
Les daba una palmadita
Como podrían saludarse los viejos amigos
Papi me decía “nena, no se dice 
puta”
Y yo aprendí con inocencia
De cordero
“pu, no….ta, no…-le decía-
Puta sí”.


                   2-

Mami tampoco era inocente
Le retorcía el cuello
A una gallina 
En un santiamén
Con la excusa del puchero
Una vez la vi llorar
Frente al despeñadero
De plumas
A lo mejor era nostalgia
Por las causas perdidas
O tal vez lloraba con lágrimas
Del pato
Que –estoy segura—amaba
A la bataraza en el cadalso.

                  3-

Me caso para divorciarme
Y qué
Les dijo mientras María
se confundía 
con las cenizas del Ave
y la guitarra 
de Pablo Milanés
No ama quien quiere sino quien puede
Elegir/se
Con libertad
Más tarde diría Spinetta
Que buscar se parece a nada
Pero buscar siempre es mejor
Que morir de sed
Adoro lavar, planchar y 
cocinar
Pero todavía 
Sueño con bordear
Lo marginal
Correr
El peligro de saber quién soy
Me caso, y qué
Les dijo y los hizo
Testigos de que todo
Futuro es imperfecto.


Rafael Felipe Oteriño: CANTÁBAMOS

Cantábamos sin la lengua adecuada,
cantábamos con la voz del relámpago
y la urgencia del trueno.
Pero nuestro canto estaba inflamado
desde muy atrás:
por voces que nos sostenían
con su cantar ininterrumpido.

Con la convicción de los hermanos mayores,
con el diamante en el pecho
de los que nos habían precedido,
hijos de un lugar, cantábamos:
una canción más alta que nosotros mismos,
una Arcadia más dulce
que la corriente del agua entre los dedos.

¿A quién cantábamos?, ¿con qué imágenes
y artes desconocidas cantábamos,
que el relámpago nos tocaba el hombro,
y no lo sentíamos; que el trueno
era duro y áspero, y no lo oíamos;
que las manos tiraban de nosotros,
y no obedecíamos?

Cantábamos
con labios acostumbrados sólo a cantar;
cada vez más lejos de nuestras casas,
por calles que ni los propios padres
reconocerían. Cantábamos, ¿lo recuerdas?,
y las cabezas rodaban de los cuerpos,
aún cantando.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Elián Del Mestre

En una plaza
donde hay miles de pájaros
no se nota.
Compra grandes bolsas de avena
por su suavidad.
50 kg.
Y las subdivide en bolsitas de medio kilo
que lleva cada día.
Puede desaparecer pájaros
con la mente.
Se sienta en chinito
en el medio exacto de la plaza.
Al toque está rodeado de palomas y palomos,
algunos gorriones.
Los distrae espolvoreando el alimento,
mientras disfruta de frotarse
la yema de los dedos.
Se alborotan y ahí, en el medio del caos,
comienza el ritual.
¡Plup!
El primero.
¡Plup! ¡plup! ¡plup!
Así con todos.
Una vez en un viaje
desapareció un cóndor del zoológico de Buenos Aires,
y se desmayó.
¿Y si desaparecen todos?
¿Qué hay después de los pájaros?

Verónica Peñaloza

En mi pueblo hay un zorro
que se mudó a la playa
donde mejor se ven ballenas.
Aparece en un video,
está quieto en la orilla
mientras desde el mar
una ballena asoma la mitad del cuerpo.
El zorro no fija la vista sobre 
el animal gigante
mira tímido, de reojo
esonoexiste esonoexiste dice
ii
Mira dos segundos y se vuelve, nervioso.
Lo hace varias veces.
La mira y mira a su alrededor.
Trata de completar la información
eso existe pero cómo
Las cosas que más me marcaron
siempre tuvieron esa mezcla 
de fascinación y miedo
un descubrimiento que da vuelta todo
eso existe y ahora entonces qué
iii
de noche el zorro sueña
que es una piedra que alguien lanza al mar
se va hundiendo mientras ve
el cuerpo de la ballena bajo el agua
una casa mar abajo
cientos de casas
toca fondo
despierta.
iv
Cómo era de esperar 
ahora lo veo seguido en la orilla
caminamos bordeando el agua
me pregunta
como si fuera un problema matemático:
si cada ballena es una mecha de deseo,
cuántas ballenas entran en una vida.
v
Lo que yo me acuerdo de mí es muy poco.
Una noche encontré una liebre mirando el mar
corría de acá para allá en la playa desierta
eso existe y ahora entonces qué
vi
Cuando se vayan las ballenas,
el zorro y yo 
desorientados
vamos a mirar lejos el mar
achinando los ojos
acá falta algo, vamos a decir.
Con el tiempo quizás no nos acordemos qué,
qué fue lo que encendió el deseo.
Pero estaremos brillantes, 
destrozados, 
vivos
en otra orilla. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Kiwi (Héctor Rolando Rodríguez)

Primer día de febrero de 1997…
Purpúreo

el alguacil

sobre el tallo e la ortiga.


Azules cielos

tras el humo de boñiga.

              ________


En la quietud

corren camalotes marejando

verdes y azules.

              ________


Yo yéndome hacia dentro

nada en la que existo

sol a borbotones.

________


Adormilado bajo

los árboles

del paraíso, alerta

rojo

el chiviro.


Gabriela Clara Pignataro

El agua en la zona de tormentas

refleja lo que nos aterra

el latido entrecortado

el deslumbre 

de las palabras apretadas 

en las manos, apenas un gesto

puede destruirlo todo,

trazar un corte perpendicular

a la sensatez:

las habitaciones doradas

por la costumbre

caen de tu hombro izquierdo

con voluntad inútil,

como un músculo que desentiende

la extensión de su fuerza.

 

Vos viste el rayo en el ojo

la luz bailando enloquecida,

simulada por el sol

quedaste ciega

el disco volado de la boca

de tormentas

girando

girando

en la calle desierta

orbitando,

inundada de fe.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Beatriz Vallejos: El diáfano

Hay un sitio en la Tierra.
Hay un sitio en la Tierra, sí.
Digo que hay un sitio en la Tierra;
no, el dolor lo retrae, lo lleva
más allá de nosotros,
más allá de nuestra pobre
posibilidad de explicación. No
hay un sitio en la Tierra,
pero entonces el diáfano canta
para nuestro oído perceptible
de toda transfiguración de la memoria también.

¿Has oído cantar el diáfano
que absorta niñez
lo bebía de cielo?
¿De dónde regresaba?
¿En qué lugar de la Tierra, entonces?


Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1- Papi mataba un cordero Cada cumpleaños Los cuereaba y les sacaba despacito El corazón Delante de mí Papi sí que sabía de vacas y caball...