domingo, 14 de junio de 2026

Mari Lamas FAUSTO SIGLO XXI

Iba a la iglesia los domingos.
Comulgaba y rezaba
arrodillado
ante el dios de los altares de los ricos
como él,
que tuercen la cara y se santiguan 
si les hablan de los pobres;
ese dios miope que evita los crucifijos 
y no reconoce
más hijo que el dinero.
Insatisfecho y ambicioso como era
quiso venderle su alma al diablo
y resultó ser que el diablo,
tasador astuto
y conocedor del paño,
se la compró por nada.

Mari Lamas: FAUSTO SIGLO XXI

Iba a la iglesia los domingos.
Comulgaba y rezaba
arrodillado
ante el dios de los altares de los ricos
como él,
que tuercen la cara y se santiguan 
si les hablan de los pobres;
ese dios miope que evita los crucifijos 
y no reconoce
más hijo que el dinero.
Insatisfecho y ambicioso como era
quiso venderle su alma al diablo
y resultó ser que el diablo,
tasador astuto
y conocedor del paño,
se la compró por nada.

Daniel Quintero

Mi abuelo se sacaba las uvas
de la boca para alimentarme
éramos una familia de pájaros
no volábamos /al menos yo
él recorría el patio en busca
de las uvas para cruzar el mar
hasta su aldea de Galicia
así amábamos el vino
así él me daba de beber
«hoy la parra es algo
que sucede en el pasado»
ni mosto ni abejas libando
ni ratas que hurguen
en los racimos maduros
ahora que dejé el alcohol
recuerdo a mi abuelo
entre las parras
extrañarlo es
mi síndrome de abstinencia.

jueves, 11 de junio de 2026

Valeria Zurano: Insular

Insular
«…Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo?”.
Haroldo Conti

Dejaré la casa de la isla a la mañana
las aguas han crecido durante la noche.
Crecieron con una calma absoluta
sigilosas y oscuras abrieron
las puertas del sueño.
Dejaré los ojos en el borde de la orilla
el cuerpo tendido sobre la arena,
los zapatos flotando junto a cada objeto
que fue puesto allí
con la esperanza de una vida.
Temprano me arrancarán de lo que fue mi casa.
Dejaré la cama tibia y el agua humeante
la voluntad de los que juntan
las redes vacías y luego,
retornan.

Cuando las aguas crecen
la corriente se lleva todo,
las palabras junto a los mudos camalotes
buscan el sosiego de una playa.
No hay impulso valedero en el furioso arrastre
sino un aliento guardado para el final.
Al llegar a la desembocadura
un enjambre de llamados y de pérdidas
improvisan un embalse:
la amalgama que se forma de plumas y de hojas
tapa la locura de ver cómo va yéndose
en aquellos camalotes
mi alma terrestre.

Los caracoles trepan las varas de las leguminosas
por la ruta verde de sus estambres
buscan la gota que piensan que es la luna.
Los que hallaron un tronco flotante
no saben cómo detenerse
las olas se los llevan, hunden sus cuerpos
ahogan el pedido desesperado de una soga
el grito de sus nombres.
Un dolor trepa por las varas de mi espalda
busca aquella gota que es la luna;
los mensajes del destino se escriben
y se borran
bajo la estrella gris de la sudestada.

Rendidos al movimiento de la espera
las empalizadas del muelle oscilan.
Algunos se entregan a la inercia del descenso
y otros son empujados hacia las copas de los árboles,
jamás hay que perder de vista
un punto en el horizonte
ni dejar de oír el torbellino de la arcilla.
Oníricas linternas nos llaman
desde los barcos
que Ella veía entre la niebla.
Todo se va cuando las aguas suben
las vidas se separan
se abren con la resignación de lo que madura.

Martín Gambarotta

Una pieza
donde el espacio del techo es igual
al del piso que a su vez es igual
al de cada una de las cuatro paredes
que delimitan un lugar sobre la calle.
La bruma se traslada a su mente
vacía, no sabe quién es y el primer
pensamiento “un perro que se da cuenta que es perro
deja de serlo” vuelve a formar parte
del sueño pero aparece, difusa,
la maceta: una pava abollada con plantas
en el centro de la mesa: dos caballetes
sosteniendo una tabla de madera
–entonces está despierto.
Las manchas de óxido en el cielo–
el color de la luz sobre las cosas, el cielo
que se retrae y es óxido borroneado
entre sus ojos y cae dormido de nuevo, pero aparece
un orden en la materia despierta.
La ubicación lúcida
del lugar en el día, el ruido,
el cuerpo latiendo,
la ruina de una idea que corre
por una red de nervios,
palabras de acero
contenidas en un soplo:
un orificio cabeza de alfiler
en una cavidad del corazón.

lunes, 8 de junio de 2026

Natalia Oroño


Hace un tiempo que no tengo paz
y ojo que no hablo de tormentas
hablo de la falta de casa
de no encontrarme en ningún lado
como si la falta de hogar se hiciera
falta de cuerpo.
Yo, sin poder encontrar un lugar
dentro de mi sostengo el día a día
sin que nada pase realmente.
Ni el sol, ni escucharte hablar
nada dirigido a mí

Claudio Portiglia


Si llevarse la voz hasta los huesos
si achicar la palabra y llevarse la voz hasta los huesos
si quitar las linduras
si rasurar los brotes de tilinguería que sombrean la cara
y dar vuelta el adentro para mostrar las costuras del revés
si escaparse de todas las lisonjas
si confiar en que algo de nosotros hablará mañana
para ese interlocutor desconocido
y una pizca de verdad trascienda la provisoriedad con que escribiéramos
si pudiéramos de veras revelarnos
si pudiéramos de veras rebelarnos
este oficio tal vez nos salvaría de tantas horas hueras
de tantas horas yermas
de tanto andar a ciegas por caminos que nos llevan adónde


Mari Lamas FAUSTO SIGLO XXI

Iba a la iglesia los domingos. Comulgaba y rezaba arrodillado ante el dios de los altares de los ricos como él, que tuercen la cara y se san...