sábado, 19 de septiembre de 2026

Beatriz Vallejos: El diáfano

Hay un sitio en la Tierra.
Hay un sitio en la Tierra, sí.
Digo que hay un sitio en la Tierra;
no, el dolor lo retrae, lo lleva
más allá de nosotros,
más allá de nuestra pobre
posibilidad de explicación. No
hay un sitio en la Tierra,
pero entonces el diáfano canta
para nuestro oído perceptible
de toda transfiguración de la memoria también.

¿Has oído cantar el diáfano
que absorta niñez
lo bebía de cielo?
¿De dónde regresaba?
¿En qué lugar de la Tierra, entonces?


Alejandro Schmidt: Remotamente vivo


 Yo que soñé las lecturas en el cielo
termino carne amarga y necesaria
lo poco que me di
lo he recibido
y en lágrimas de luz
lo fui gastando
como prodiga un dios
su nieve en los infiernos


quién era yo
un claro error
roto en su madre apenas terminado
disuelto y ya pequeño
si algo prometí
no lo he cumplido

y así
sabiéndolo o no
entre dispersos boletines
quieto asisto
a esta torpe mano
cuya fortuna
abre los huecos de otra noche

alguien dirá
y alguien lo dice
todo es azar, destino, cosa oscura
pero
no cambia
el beso de los padres muertos
amigos del Enigma ya perdidos

penumbras que pisé
voces buscadas
y siempre su retrato
de labios apartados
años donados
al mensajero ebrio
buscadas voces

y canta la infancia entre paredes muertas
salmodia su fábula de sombras

lo mucho que le di
me lo ha quitado

porque
si para otros fui
soplo de diálogos
el espesor de un cuerpo
dicha del reino que se guarda
lo fui sin mí

lo fui sin mí
profunda máscara en festival macabro
hueca balanza de ladrones

no cambia su espejo
esa casa blanca que encontré paseando
-yo era joven-
allí amables criaturas
bordaban calendarios
la estación del fervor, la primavera, el ángel,
las palabras

y sentí que el mundo daba a los muros de esa casa

golpeé y salió un monstruo

bienvenido dijo, al hogar del miedo
¿sabés?
me alimento de dolor
y compró mi altura y dibujó mí cara

son los rasgos que llevo
en el amor de las estatuas
en tan larga oración
de vergüenza y anhelo

con mi afilado hueso rayo
solemnes relámpagos de chasco

idiota y semejante
el pan que aúlla
a la gloria del perro entre confusos amos

lo poco que aprendí ya lo he olvidado

y este rendido lápiz
guarda salarios pobres
compra pasajes del verano.

Remotamente vivo
sin darme la sorpresa
hombres felices
altos ríos

signos de polvo inclino
obsceno en mi estupor

quién era yo
a esa pregunta voy
y vuelvo consumido

canta el candor
en su país sin nadie.


martes, 15 de septiembre de 2026

Antonio Requeni: MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
—aunque yo soy su deudo más humilde—
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.

Antonella Vulcano

madre

rompí ese jarrón 

huérfano

en el que guardabas 

las cosas ínfimas

que sostenían la casa

madre

el tiempo da saltos

que parecen nidos

porque a veces yo también

me acerco a esas puertas

como si no fuesen

mi hogar

como si ocultaran burla o plomo

en vez de mantas 

como si procurases alejar de mí las cosas pequeñas

porque me las puedo tragar.



En "Las cosas ínfimas", Tiempo de parque, 2025

viernes, 11 de septiembre de 2026

Mónica Sifrim: Poema 4

Ay amor-te dije-
Corazón de mirlo.

Dos mujeres rotas
Se deshacen

En la bruma
De una espumadera

Recordame así

Rota.

Sobre el piso de mosaicos
Me crucificaron

Pero yo
Aprendí
El don de gentes

Enrique Winter

por capas el mar va poniendo en el sol

el recuerdo del recuerdo de la luz

sábanas que descorren la leche derramada

en el braceo

y una nueva oportunidad para entenderse

en pares trae la noche

que toca a los actores secundarios

 

adónde miran los protagonistas confluirán sus aguas 

servidas de café o té verde

en algo como el mar sal de los ojos

sal de quien mira atrás

las sábanas la leche o por la tarde

por capas la pintura va poniendo en la tela

el recuerdo del recuerdo de la ola

 

luz derramada de interrogatorio

qué nos quiere decir el retratado

si ahora mira como no podría

una quietud inquieta

le inquieta acaso hueso o solo humus 

cuando contempla inapetente

la arena que no está en las córneas de quienes lo indagamos

aprieta el pecho y se parece al hambre

en un idioma que no habla el castellano se refugia

en un castillo y castra

                                  el color es la costra o su accidente

braceando los actores secundarios

una piscina roja con los muros marrones

     el nácar raspa un hueso día que al sanar la carne oculta

como su mano sobre el pecho 

nada en la tela que respira

mano distinta sin tomarla 

entre las nuestras ni juntarnos 

en la playa por un café por el té de las cinco

 

esa mano en el pecho de la tela

que no damos ni nos busca

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria De Vito: Maravilla

Hoy lunes

a esta hora

de la tarde

donde no se escucha más

que un colectivo que pasa

lejano

este poema

aparece

y se ilumina la ventana

con la luz que entra

a morir en el sillón

de cada palabra

el día se ahoga

y en contraste

los colores cambian

igual que la maravilla

sombría de las cosas.



En "Cosas que pierdo con los días" Ed. Trapezoide


Beatriz Vallejos: El diáfano

Hay un sitio en la Tierra. Hay un sitio en la Tierra, sí. Digo que hay un sitio en la Tierra; no, el dolor lo retrae, lo lleva más allá de n...