miércoles, 6 de mayo de 2026

Cecilia Romana

Y ahora me llama porque se siente solo

 

y dice que el viento ha vuelto a soplar y entonces

 

el humo bajó a su casa

 

que está separada del resto por una hilera de árboles

 

que no sabe qué tipo de árboles son

 

pero sus hojas solo saben dar sombra en verano

 

como su corazón que solo sabe apagar lo que toca.

 

Pero el fuego no se apaga en el este.

 

 

 

Quisiera verla, dice.

 

 

 

Hay un álamo frente a mi casa. A su lado un tilo.

 

En verano la gente pasa

 

y arranca hojas para hacer infusiones.

 

 

 

Las hileras de su corazón no tienen especie.

 

Mi corazón se quema bajo esa sombra.




 

Gonzalo Vega: Viernes

El sol rebotaba

sobre el lomo del río,

achinábamos los ojos

para poder avanzar.

Martín me había dicho

Que el equilibrio en piragua

se logra llevándole la contra

al remo del otro.

Los pescadores volvían

de su jornada

zumba un motorcito villa

zigzagueando entre las islas

con la Central Eléctrica

cuidando nuestras espaldas.

Las ramas de los sauces

caían sobre el río

parecía que estaban

a la espera del pique.

lunes, 4 de mayo de 2026

Ana Gervasio: MI PADRE ERA UN OBRERO QUE CANTABA

camino hacia la fábrica,
mientras la llanura hechizaba los ciervos 
y una flor abría su corazón rosado,
mi padre pedaleaba sobre el camino guadaloso
cuesta arriba y salvaje.

a través de la hilera de árboles
la antigua bicicleta brillaba 
como un dulce misterio. 
la historia entera de un obrero 
encendía las semillas,
el principio del pan, la espiga de los pobres.

los gorriones seguían su estela
que labraba una huella perenne
como la fuerza de todos los trabajadores.
su cuerpo laborioso, ileso de la muerte,
dejaba un resplandor que se albergaba
en los jardines de las casas blancas.

mi padre era un obrero que cantaba,
camino hacia la fábrica, cantaba.


Horacio Zabaljáuregui: EL PRIMER DESCONSUELO

También hay condiciones objetivas
para que mi queridísima me deje un sábado por la noche.
Corrientes abajo voy,
la lluvia me arruga la yema de los dedos.
Calado, termino viendo Derzu Uzala,
entre sobresaltos de sueño.
Quedará una sinusitis crónica;
es la primera muesca del desengaño;
viene con la culebrilla de los celos, su collar de ahorque.
La contradicción principal:
el fantasma del otro, la discordia del tercero,
y el desencuentro;
en su reclamo hay un retrato de mí,
en el que apenas me reconozco.
El desarrollo desigual y combinado de la pasión
y el desencanto.
Un manto de reproches:
estas cuitas siguen su propia línea.
No hay síntesis en el corazón de la desavenencia.
Es la primera pena y parece insondable.
Su dialéctica es oscura:
y lo único que recuerdo
es cómo me empeñé en mojarme,
en disolver en lluvia,
el primer desconsuelo.

sábado, 2 de mayo de 2026

Amanda Pedrozo: Adaptación


Si retirase con esta mano
cuanto hubiese dado con la otra
si a mi mano izquierda no le importase
en qué asuntos anda la derecha
si con buenísimas maneras me convencieran
de que lo cortés no quita lo valiente
si de tanto hacer la ronda
se me diera al fin por elegir pareja.

Si considerase gentil
ceder la última palabra
si viviera nombrando a Dios
en tanto voto por César
si alabase el orden establecido de las cosas
y decidiera consecuentemente
tornarme buey por el camino,
y punto.

(Donde Ud. por supuesto, decidiera ponérselo
rotundamente y absoluto)

Claudio Archubi

Otra vez mi pensamiento era uno con la
montaña del Norte: entero, claro y distinto, en la
escarpada mañana, claro y distinto.

Y yo ascendía por mi montaña
comprendiéndolo todo, para perderlo todo, mientras el
cielo se cerraba sobre mí, con su triste blanco,
moviendo sus nuncas y sus siempres, y su otro lado
escrito en griego.

Lengua muerta, cielo lento, otra lluvia: caían
sobre mi piedra hasta volverla más pesada, tanto como
una pregunta, la que no alimenta, una que se derrite en
centurias, pero sigue pesando, una para ir con ella,
sosteniéndola, como la hormiga con su carozo de hielo.

Así mi piedra fue la montaña y yo no ascendí
sobre ella sino que caminé por debajo.

Mi cielo estaba hecho de tierra y yo descendía
arqueado, siempre la misma ladera clara y distinta, con
sus raíces, esas, las nunca crecidas, tan cercanas y
blancas, con su duro corazón de nieve, con su otro lado
escrito en griego.



En: "Sísifo en el norte"

miércoles, 29 de abril de 2026

Carolina Massola

Existe esta memoria estelar
donde arden los rostros del Universo
donde caer es girar en torno a incontables soles
e incontables mundos surgen de mí
estallan de mí
se expanden en un remolino solar
soy eso que se aleja
este caer del centro de la estrella
en un temblor de nacer que vibra
en cada partícula del Universo
en cada célula que respira en mí
todo es polvo gas
y confusión en mí
donde bordear las fronteras del caer
es llegar a las entrañas de la luz
que abastece al día
arañar los confines del Universo
dormir en un latido del mundo.

Yo tengo los restos de esa noche
y todos esos soles aullando en mí.

Cecilia Romana

Y ahora me llama porque se siente solo   y dice que el viento ha vuelto a soplar y entonces   el humo bajó a su casa   que está separada del...