viernes, 19 de junio de 2026

Lorena Nittoli

Habrá que construir

ciudades

donde se desborden los ríos

donde el agua

corra

hacia el encuentro

de todos los hombres

en la naturaleza primitiva:

Herbópolis

la ciudad de los sueños

Allí

donde los límites del tiempo

se desvanecen

donde la tierra

no tiene dueño

donde se escucha

una sola canción:

la canción de los vientos.



Herbopolis (fragmento)-(De ‘Voces en el cenotafio. El lenguaje de las piedras’. Lorena Lucía Nittoli. Poemas en alta voz. 2021)

Gerardo Burton: XXIX

las desgracias

no son naturales, no

las catástrofes

tampoco

a los muertos no los mató la lluvia

a los torturados

no los sometió la electricidad pura

 

la pereza de mirar subyuga

y así

ondean las banderas del enemigo

fabricando

cementerios a su paso

 

hay que buscar una victoria

recordar

las batallas ganadas hace tiempo

volver

a ganarlas, a pelearlas

aun cuando

las bombas lluevan, los vientos rasantes

sobre la culpa

pudran

el alma

 

no hay fiesta en ello

no hay gozo, sólo miedo

porque tener deudas

es terrible, mirás y 

algo falta, algo muere

por eso

la victoria debe ser recordada

su raíz, cuidada, y de a poco

convertida en dura, alegre memoria resistente

 

no existe, dicen los que viven

más amor, mejor amor

que la vida

que pasa de uno a otro a otra

a una a otro y así

así

interminable

amor

inter

mi

na

ble


En "Cantares de Junio"

martes, 16 de junio de 2026

Florencia Madeo Facente: Nota en un restaurant

Una mancha de sangre 
no sale,
pero si la limpiás enseguida tenés 
más chances.
Ahora bien, si te demorás 
puede que no salga del todo,
que quede imborrable el contorno 
y se forme algo monstruoso
como un país,
un país que solo vos
(no importa si la sangre es tuya
o de otro, importa sólo tu motivación 
para borrarla) sabrás vacío.


Ariel Williams

Hasta muy vieja corrió con sus piernas de fibra. Desde
muy joven corrió con sus piernas. Niña corredora
bajo los cielos quemados de azul.
Sola. Definiendo un estilo,
marcándolo con pasos golpeadores de cascotes,
asustadores de insectos.
Cuando ella se acercaba a una ciudad, la anunciaban
montones de abejas desbocadas y saltones con las caras verdes.
“Ahí viene la niña de los insectos”, decían, “la que los huye”.
De entonces quedó decir, con las mangas de langostas,
que venía la niña de los insectos.
Embarazada de mí, casi adolescente, hermosísima
como una muerte, corrió sosteniéndome en sus aguas
internas.
Yo dormía en su panza ovalada, aprendía el ritmo.
Así se forman las culturas.
Cuando ella me desaguó, lo primero que asomó al mundo
fueron mis piernas, y ya calzaban unas zapatillas finas
de correr.
Los niños galgos nacemos por las piernas.


En “Vengo de una Galga Mayor”, La risa hué

domingo, 14 de junio de 2026

Mari Lamas FAUSTO SIGLO XXI

Iba a la iglesia los domingos.
Comulgaba y rezaba
arrodillado
ante el dios de los altares de los ricos
como él,
que tuercen la cara y se santiguan 
si les hablan de los pobres;
ese dios miope que evita los crucifijos 
y no reconoce
más hijo que el dinero.
Insatisfecho y ambicioso como era
quiso venderle su alma al diablo
y resultó ser que el diablo,
tasador astuto
y conocedor del paño,
se la compró por nada.

Daniel Quintero

Mi abuelo se sacaba las uvas
de la boca para alimentarme
éramos una familia de pájaros
no volábamos /al menos yo
él recorría el patio en busca
de las uvas para cruzar el mar
hasta su aldea de Galicia
así amábamos el vino
así él me daba de beber
«hoy la parra es algo
que sucede en el pasado»
ni mosto ni abejas libando
ni ratas que hurguen
en los racimos maduros
ahora que dejé el alcohol
recuerdo a mi abuelo
entre las parras
extrañarlo es
mi síndrome de abstinencia.

jueves, 11 de junio de 2026

Valeria Zurano: Insular

Insular
«…Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo?”.
Haroldo Conti

Dejaré la casa de la isla a la mañana
las aguas han crecido durante la noche.
Crecieron con una calma absoluta
sigilosas y oscuras abrieron
las puertas del sueño.
Dejaré los ojos en el borde de la orilla
el cuerpo tendido sobre la arena,
los zapatos flotando junto a cada objeto
que fue puesto allí
con la esperanza de una vida.
Temprano me arrancarán de lo que fue mi casa.
Dejaré la cama tibia y el agua humeante
la voluntad de los que juntan
las redes vacías y luego,
retornan.

Cuando las aguas crecen
la corriente se lleva todo,
las palabras junto a los mudos camalotes
buscan el sosiego de una playa.
No hay impulso valedero en el furioso arrastre
sino un aliento guardado para el final.
Al llegar a la desembocadura
un enjambre de llamados y de pérdidas
improvisan un embalse:
la amalgama que se forma de plumas y de hojas
tapa la locura de ver cómo va yéndose
en aquellos camalotes
mi alma terrestre.

Los caracoles trepan las varas de las leguminosas
por la ruta verde de sus estambres
buscan la gota que piensan que es la luna.
Los que hallaron un tronco flotante
no saben cómo detenerse
las olas se los llevan, hunden sus cuerpos
ahogan el pedido desesperado de una soga
el grito de sus nombres.
Un dolor trepa por las varas de mi espalda
busca aquella gota que es la luna;
los mensajes del destino se escriben
y se borran
bajo la estrella gris de la sudestada.

Rendidos al movimiento de la espera
las empalizadas del muelle oscilan.
Algunos se entregan a la inercia del descenso
y otros son empujados hacia las copas de los árboles,
jamás hay que perder de vista
un punto en el horizonte
ni dejar de oír el torbellino de la arcilla.
Oníricas linternas nos llaman
desde los barcos
que Ella veía entre la niebla.
Todo se va cuando las aguas suben
las vidas se separan
se abren con la resignación de lo que madura.

Lorena Nittoli

Habrá que construir ciudades donde se desborden los ríos donde el agua corra hacia el encuentro de todos los hombres en la naturaleza primit...