Masticando vidrios caías
con las alas destrozadas
por las tempestades de las ciénagas.
Lamías las heridas
que la rabia había encarnado
en tu cuerpecito feliz.
Picoteando estrellas fugaces
que estallaban en tus plumas
de alabastro enfermo.
Rastros audaces de patéticas lunas
quedan
sembradas en tu existencia.
Ave del firmamento
caída desde los cielos
de nuestros tiempos más crueles.

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