Es en mi pueblo
donde el conjunto
terroso y cristalino
de las lluvias,
mezcló
su fragancia conjuntiva
con mis huesos.
Allí bebí su ritmo,
su música constante,
allí entreví el murmullo
adocenado del sistema,
su pico genocida.
Hay una inquieta y triste
y dulce (¿y trilce?)
agitación de aguas
en la raíz del sufrimiento?
Un sabor a tierra
y semen
en toda fantasía?
Mi pueblo es el detalle,
la afirmación
de los rasgos infinitos
(el paisaje y la historia)
la energía cristal
del hombre y de la lluvia.
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