lentamente con tu cuerpo
un ovillo que contenga:
torso, cabeza, extremidades, dolor
y donde nada pueda
separarse entre sí. Vas a mostrar
una sonrisa abierta y los dientes
que aún atesora tu boca
serán las cuentas de un collar.
Y digo vas y voy
con la cabeza gacha
haciendo parches y remiendos
con los hilos que tengo y no
hay nada más visible que esta costura tosca
que nadie me enseñó a perfeccionar.
Perdón, es que no quiero darle
ya más vueltas a esto. Una garúa
leve se hace lluvia copiosa a trasluz
y lejos de querer buscar refugio ahora
me quedo aquí parada con esta gratitud.
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