Cerca de Catriló gira un cardorruso,
mi abuela, maestra, va de un pueblo al otro,
el conductor del auto putea
por las condiciones del camino,
mi abuela se espanta, me lo cuenta
en Mar del Plata, mi madre estaba en casa.
Tiempo atrás dos changas tupamaros
al entrar a la obra son advertidos
por el tamaño de sus respectivos cuchillos
—son para comer —
aducen como respuesta definitiva.
En el mismo lugar Sofanor el sereno
trabajó durante dos años en una cochera
llamada Jamemu donde se caracterizaba
por su gestos para dirigir
el estacionamientos de los autos,
su cuarto tenía las paredes de telgopor
y en ella después se colgarían pósters
de una marca denominada Robert Lewis.
Una tarde después de terminar
el encofrado con el mismo testigo
hablaron de La Pampa
con Antílopes y bueyes de agua,
del estímulo externo en el horizonte de sucesos,
de la simultaneidad de posesión y desapego.
Mientras en otra zona hablábamos
de un tiempo que nunca llegaría,
pensábamos en acompañar al pasado
en su acceso al futuro para aislarlo
en un eslabón sin posibilidades
de trasladar sus propiedades
a lo largo de una historia común
a toda una especie. Tiempo que es materia
y tecnología paralela:
simultaneidad del desconcierto
que aunque parece sacrificio
no es otra cosa que una conexión ocasional.
📚 En "La sexta armonía"

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