De las muchas coartadas para justificar la mezquindad, la usura,
la violencia y el horror, la plusvalía,
el crimen y la ruina general que nos producen
los que viven del trabajo ajeno
y están dispuestos a viajar por todo el mundo comprándose corbatas,
resulta fácil señalar
esa suma de vaguedades que se nombra
naturaleza humana.
Seguramente un día alguien dirá
que fue cuestión de células u hormonas.
Después de todo, nada cuesta imaginar
una química idiota que nos traduzca el mal,
lo justifique,
lo vuelva comprensible
y lo diluya.

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