Rostros que yo extravié, ¡nunca reposen!
Ámense en la ceniza, enrólense en la ira,
ofrezcan recompensa, exijan mi cabeza,
maldigan a mis hijos y a los hijos de ellos.
Subrepticiamente dejen una bala en mi plato,
debajo de mi almohada, entre fotografías.
Navaja y gran coraje en su oración de sangre,
pero nunca reposen.
Yo los rocé en un sueño sin querer
y les prometí asuntos, no hay perdón.
Hay que tener paciencia, yo sé que
alguna vez seré sombra de sus sombras,
seré miedo en sus miedos
y habrá látigos duros: la palabra Yasmín.

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