martes, 5 de agosto de 2025

Lidia Rocha: cuántos años caminaste

Cuántos años caminaste esta tierra

sin saber qué eras,

de dónde viene el tedio,

de qué tan lejos un domingo a las seis de la tarde.


Te habías alistado en la vida de todos.


Eso fue antes de que pisaras la trampera.


Donde hubo un cielo sin sentido,

el mismo sol quemándose,

la misma luna tornadiza,

ahora hay un par de ojos

que miran a través de tu carne.

Una boca que habla y dice lo que ve.


Hay signos desperdigados en tus células

que todavía permanecen ilegibles,

por eso los quemo con un clavo.


No habrá alivio.

Ni en la hoguera, ni en la lluvia.


No me sigas.

Tengo el paso ligero.

Los siervos que me escoltan van borrando mis huellas.

Cuando los suelto, son cáscara vacía.


📚 "Hechicerías", Sigamos enamoradas, 2024




  

Tania Favela Bustillo: sóplame al oído

Sóplame al oído  (dijo)  que no vaya a decir ninguna estupidez


al oído y luego a la boca  (sóplame)  (dime ahí)  en lo cóncavo


ahí  (desde ahí)  que resuene tu voz en silencio    adentro


tu voz con todos sus sonidos en silencio  (en lo cóncavo)


─pensó─    y pensó en ese caracol que es el oído


                                   ese caracol que escucha    la espiral ─pensó también─


la voz entrando (o saliendo) por la espiral


                                          (ahí sóplame) ─dijo─   al fondo de esa espiral   arriba


la escalera de caracol?


                               ─pensó─   el vértigo de la caída


                                                    como si no pasara nada/ pero todo pasa


un susurro al oído  ─eso es todo─  el aliento cálido que entra


                                                                ─el caracol que se estremece─   eso es todo



             la vida  ─pensó─  es un susurro.


📚 Del libro "La marcha hacia ninguna parte" (Komorebi Ediciones, 2018)




lunes, 4 de agosto de 2025

Juan Carlos Moisés: perro negro tallado en la nieve

Si al galgo negro le dijera que en estos días animados

es posible concebir la realidad con liebre albedrío

me diría que los juegos de palabras no son lo mío.

No es necesario engañar a nadie con el lenguaje,

esa especie de conciencia crítica en la memoria. 

Las cosas tienen su maravilla y su complicación 

y los sueños no se pueden torcer en el sueño. 

Las palabras piden estar donde las cosas suceden: 

quieren seguir en escena, despiertas y fantasiosas, 

con sus ropas y sus historias para ponerse.

El poema se talla como a un perro negro en la nieve.




domingo, 3 de agosto de 2025

Miriam Cairo: senos pequeños

I

Noto que mi mano se ha vuelto torrencial de tanto escribir la palabra torrente.

De puente a puente, de orilla a orilla.

Voy a morir, poesía, mostrame tus senos.

Yo no soy una poesía voluptuosa.

Soy un poema que va a morir, quiero ver tus senos, escuchar el gran zumbido de tus células alfabéticas.

A qué se debe ese terrón desnudo.

La vida es breve, demasiado larga, quiero morir en lo que he soñado.

Hablás como si hubieras nacido para ser poeta.

Hablo con la palabra encorvada.

El ala encorvada y las malas influencias.

Tus senos enormes como una nube de tormenta, quiero ver, poesía.


II

Que no soy una poesía de grandes senos, te he dicho.

¿Qué es grande?

Un doctorado en sismografía.

¿Qué es un tulipán rojo?

Una constelación muy muy baja que se yergue hasta una altura desusada.

¿Acaso un talismán?

Un presagio.

Un presagio.

Pienso en aquellos poemas, en sus ademanes grandiosos, en sus palabras de amor. He pasado muchas noches junto a esos versos. Lo que hicimos ha sido parcial, parcialmente oculto, parcialmente humano, completamente divino.


III

Soy un poema moribundo, mostrame tus senos.

De todos los ensueños, éste me parece uno de los más desarmados.

Si yo fuera poeta, aconsejaría a los que padecen de angustia, que respiren con la palabra aire, con cada una de sus vocales. Con la palabra ante los ojos no se puede hacer otra cosa más que respirar. Con la palabra senos, pasa lo mismo.

Es tan inexplicable el lenguaje como el sueño nocturno.

Si fuera poeta, diría que esas pequeñas arpas eólicas están colocadas por naturaleza en la puerta de nuestro aliento, pero soy apenas un poema. Mostrame tus senos que voy a morir.


IV

Cuando prolongo sin fin mis sueños de poesía rebelde llego a pensar que mis senos pequeños son los senos de la inmensidad.

Estoy muriendo.

Son un espacio sonoro que comienzan con un suspiro y se extienden hasta la calma ilimitada.

Estoy muriendo.

Y lo ilimitado penetra en todo lo que no hacemos o hacemos mal o hacemos siempre o hacemos con manos de muñeca.

Estoy muriendo.

Pero estos senos mínimos no son más que sueños.

Quiero ver tus sueños. Estoy muriendo.


V

La oveja se está comiendo un lobo.

Asombra la dulzura feroz del lobo, de la oveja, del apetito.

Tengo en la memoria un poema tan presente, tan inmediato como un olor, como el color de aquella flor que es presagio, como si todos los universos estuvieran aquí.

Soy yo ese poema y está muriendo.

Ese poema entre los dientes del lobo, lleno de agujeros por donde pasa un hilo incandescente.

Tus senos.

No hay gran cosa más allá de este hilo que entreteje la oveja, el lobo y mis senos.

¿Cuánto miden tus versos, tus senos?, ¿cuántas sílabas, metros, frases, estrofas, palabras?

Una vía láctea que se mide en pensamientos.


VI

Estoy muriendo.

Implacablemente, alrededor de un astro amarillo, dulcemente, la oveja se está comiendo un lobo.

La tierra se enfría y yo muero.

Otros sistemas de astros y satélites darán nuevos lobos, nuevos poemas, otras especies de eternidades alimentarán a nuevas especies efímeras, y lo pequeño será inmenso, como mis senos.

El título está cansado de estar arriba mío, las palabras se acomodan unas al lado de otras como muertos a la luz del día y yo moriré de no ver tus senos, aunque sólo sea una ilusión dejar de existir.



sábado, 2 de agosto de 2025

Diego Suárez: (nuestros cuerpos se han rozado)

Hemos comido,

hemos bebido,

se ofreció postre.

Hemos levantado la mesa

(nuestros cuerpos se han rozado),

hemos lavado los platos

(nuestros cuerpos se han rozado),

un cigarrillo se enciende

(se abre una ventana)

y se convida ¿té o café?,

se sirve, se rechaza, se agradece,

se continúa conversando

acerca de las películas por ver,

de las vistas, de los libros que nos gustaron,

de los desconocidos, de los prestados,

del viento reparador

que debe estar soplando en la costa,

de lo temprano que hay que levantarse mañana,

de una última cerveza en el quiosco de la esquina

(abierto todavía), de lo tarde que se hizo,

mejor me voy, gracias por todo. Suerte.


La puerta se cierra.

El silencio por la mitad,

la botella por la mitad,

la soledad por la mitad

(nuestros cuerpos se han rozado).


📚 (De lo habitual -ed. De l’aire-2021)




viernes, 1 de agosto de 2025

Raquel Jadusliwer: "alcanzar esa orilla"

Alcanzar esa orilla, bordear el agua mansa

al cada vez de la memoria de la mano del padre.

Se vuelve, se vuelve a perpetuidad. Vuelven

conjunciones anómalas de dolor y esperanza 

de la mano del padre. Mi mano era incipiente. La tuya

era el lugar seguro, era el albergue cóncavo,

era el puño convexo, alzado contra los fantasmas

del Mal indestructible, para que así nos diera

el sol a pleno y eso fuera la vida, abrir una picada

entre las cortaderas, abrirnos paso al sol.

Ese era el proyecto que nos ofrecías.  Aún no lo sabía.

Ahora me doy cuenta. Esto que digo ahora

es agradecimiento



Oscar Agú: INTEMPERIA

No, no es posible;

hermanos nuestros tiritan aquí, cerca, bajo la lluvia

(Juan L. Ortiz)


Hoy el frío golpeó esta parte del mundo.

Naufragué en la música...

y no pude

y no quise dejar de pensar: intemperie.

En momentos así cuando la música sostiene

una parte de mí íntima goza

la otra no alcanza no puede no quiere

dejar de pensar : intemperie

Hoy precisamente hoy el frío trajo su mensaje

y algo en mí celebra

y algo en mí intemperia.




Norma Etcheverry: Fotos de familia

  1- Papi mataba un cordero Cada cumpleaños Los cuereaba y les sacaba despacito El corazón Delante de mí Papi sí que sabía de vacas y caball...