jueves, 24 de septiembre de 2026

Gabriela Clara Pignataro

El agua en la zona de tormentas

refleja lo que nos aterra

el latido entrecortado

el deslumbre 

de las palabras apretadas 

en las manos, apenas un gesto

puede destruirlo todo,

trazar un corte perpendicular

a la sensatez:

las habitaciones doradas

por la costumbre

caen de tu hombro izquierdo

con voluntad inútil,

como un músculo que desentiende

la extensión de su fuerza.

 

Vos viste el rayo en el ojo

la luz bailando enloquecida,

simulada por el sol

quedaste ciega

el disco volado de la boca

de tormentas

girando

girando

en la calle desierta

orbitando,

inundada de fe.



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