un manual de buena conciencia
que da clases con un echarpe cubierto de pines
estampados con consignas que defienden todas las causas
-se diría: un auto de Turismo Carretera promocionado
por empresas autogestionadas de izquierda- en un acto de contrición
por haber obrado mal en su vida vieja
cuando creía en el dinero y en la hetenormatividad
le dio un baúl de ropa usada a la chica que trabaja en su casa
y gastando de la herencia residual de su propio pasado
unas semanas después en una confusión temporal de roles
-la patrona que había sido, la que no quería ser-
le preguntó qué había hecho con las prendas
que no modificaban en nada su vestuario habitual
-el jogging, las zapatillas, la camperita de cuero-
y la chica, de repente distante, en modo principesco natural
empapando una esponja en detergente y agua:
“se las regalé a los pobres”.
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