Por qué no abres la carne y buscas,
hurga hasta la cavadura del hueso, esa astilla,
esa médula que se hornea en el rescoldo
una escritura sellada en las entrañas.
Agonía.
Hunde tu mano hasta la última víscera
el animal yace inerte con su boca deslenguada,
no podrás comértela, qué pena, pero invito,
cómete el hígado, el pulmón, el útero,
sobran restos de humanidad apetecida.
Cómetelos.
Una arteria inflamada tiñe el mantel
arroja morados coágulos hirvientes
flotan jugos en el mar sangriento de su vientre,
navegan juncos jinetes jabalinas jaguares
danzan los caníbales en la mesa del martirio,
despostan vibran palpitan gruñen
cómete la piel, la grasa, si es que puedes,
cómete la letra, la escritura, la palabra tallada,
degusta las sobras del festín, sírvete un trozo,
el animal yace inerte, vaca herética.
Su sacrificio.
Nunca supe hablar de sutiles ruiseñores
me disculpas.
Tierna carne que me sabe a nada.
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