domingo, 25 de octubre de 2026

Vivi Núñez: UNO POR UNO

Si fuera una película
si esto fuera una película
ahora, 
después de haber arrojado
los gritos al silencio y al puño apretado 
continuaría la escena del perrito 
recordando que hay que salir 
y salir es una buena excusa 
para largar la pena entre las piedras. 

Entonces vendría la parte 
donde el abrigo rojo de lana 
cubre un poco del frío y un poco del rostro 
para no ver el tuyo, ahí tras una pantalla. 
Para que no veas el mío, 
que no puede quitar esta pesadumbre a la mirada. 

En la película, 
la cámara estaría tomando el plano del perrito, 
que camina gracioso y a su tiempo, eligiendo las paradas. 
Tomaría mi sombra 
de las luces menguantes de la noche, 
una sombra alargada 
donde ondea la falda del abrigo y espera. 

A veces, me tomaría desde la espalda 
mostrando los gestos inútiles que pelean contra el frío
alguna vez el primer plano del perrito 
que me mira 
respondiendo a una palabra, una indicación. 
Mis ojos tropezarían con las piedras, 
pero eso no pueden mostrarlo las cámaras. 

Caerían unas gotas azules.
En el camino podría haber flores
algún perro que ladra encerrado 
el celo de nuestra libertad nocturna y solitaria. 
En algunas tomas, 
tendría las manos en los bolsillos, 
algo de aplomo. 
Como si caminar fuera un exorcismo para el alma. 

Un transeúnte nos miraría pasar y lo saludaría brevemente.
El perrito, mientras tanto, mearía la rueda de un camión. 
Pasaríamos luego por un bar o un restorán 
con alguna mesa afuera 
y subiría entonces el cuello rojo de lana 
para cubrir mi tristeza. 
Él vendría hasta mí 
mostrando en un plano picado 
cómo le acaricio la cabecita 
con mi mano levemente humedecida de añil.

Volveríamos al zaguán de donde habíamos partido, 
estratégicamente iluminado 
y buscaríamos donde sentarnos. 
Yo buscaría, el treparía hasta mi falda. 
Así sentada –rostro en primer plano; mejor un plano múltiple- 
mis ojos desbordarían azul de metileno, 
azul de Prusia o de ultramar 
y pasarían imágenes de nuestras fotos 
escenas de bailes o de besos
yo, cantándote Stand by me; 
cosas así. 

Desbordaría de azules uno poco más 
y volvería a entrar. 
Ya en el escritorio apretaría la tecla delete. 

En la próxima escena 
estaría cerca de una ventana por donde entra el sol 
pintando una tela tensa en un atril; 
una camisa blanca, inmaculada (en las películas, las camisas no se manchan)
un pescador (no importa en qué color). 
Habría tonos naranjas en mi mirada. 

Pero esta historia no fue tan mínima para Sorín 
y Subiela no pudo con tanto azul. 

Entonces me siento, escribo, me desvelo. 
Y asumo 
que tengo por delante la labor de deshacer
borrar lavar quebrar deslucir ajar 
despintar descoser desabrir descuidar
desacompañar desoír desmirar desamar deshabitar 
tanto recuerdo 
en los próximos días, entre azules celestes, 
uno por uno.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Ramón Altamirano: SEPTIEMBRE

Primer ciruelo florecido El tren suburbano  por un instante  me regala la grafía del asombro A orillas de lo que fue un río la biznaga  ese ...