miércoles, 18 de febrero de 2026

Roberto Echavarren: AMORES

Bajo el agua, la roca,

bajo los recortes del collage, la sequía,

bajo tu párpado pintado por Ingres o Dalí

un cuenco opaco y hueco;

tras el batir de plumas rítmico, sin posarse,

cuando Psique y Cupido se besan, las paredes del cuarto

erosionadas, inmóviles.


El sentido íntimo de las cosas es una membrana sin espesor atravesada por una navaja.

No hay secreto de conjunto sino en cada cosa cuando llama la atención:

papel al viento vuela hacia el huerto.


El cielo tiene una cicatriz de plomo diagonal;

Vibran las hojas de la vid.


A los cinco años no pude ver a mi abuela

tras el tul de mosquitero cadente sobre cu cama.


Escuché el ruido del mar antes de verlo:

Caracol blanco en la escalera de caracol.


Las cosas no se quedan pero vienen de nuevo

para ser vistas por primera vez.


Ella las vio; yo las veo por ella hoy;

Ayer me anunciaban algo,

no sé si alguien las verá por mí.


Las cosas callan;

la lluvia corre, no queda nadie.


Juguete de la circunstancia, ya sin tul de mosquitero

penetré la grupa, arrebaté la trenza reservada para mí.


De niño estuve muerto.

Encima de los parrales surge una mancha naranja,

tiza naranja bajo agua,

tuna roja en la maceta roja

rajada por presión de las raíces.


Estoy en su cuarto, en su cama;

de madrugada se oyeron pájaros y lluvia

que chorrea por techos y desagües.


Un gato color herrumbre pasa por el muro del fondo:

él es yo, blanco, gozo latente, punto de rebote.


La neblina a bocanadas engolfa la avenida.

Luces verdes de mercurio explotan, fruta húmeda.


Recogí la flor naranja fluorescente entre arroyos improvisados, espuma, pausa,

cuando los actos dejan de importar pero otorgan un acabado a cada acto

porque siempre estuvo aquí aunque yo no estaba.


Aquí no hay nadie.

Recogí la flor, te la regalé.


Gracias a ti hay performance.

Una noción vuelve del limbo

donde no llovió por mucho tiempo.


Parte de la gracia es no ver a través del otro,

No hacernos jamás transparentes en el paraíso,

Pero fue suficiente tu estadía en tierra de nadie

para que el cielo pasara de oscuro a naranja,

las sábanas, las paredes, el balcón vacío.



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