No gires la cabeza, Claudio,
cuando aquellos que te miran
hablan de sangre y silencio.
Vuelve una vez más a casa e inventa
el canto del ave y de su imagen.
Vuelve a casa como quien
coloca monedas sobre el camino
y trae tu cansancio ahora que crees morir.
Vuelve a casa,
nadie traerá tus muertos hasta esta fosa
en este destierro que llamabas en silencio “distancia”.
Vuelve a casa, cabizbajo como un monje joven
que llora bajo un ciprés.
Así observamos la voluntad de decir “amén” con otras palabras.
Claudio, ahora vuelve y recupera la infancia y las cartas de tu padre.

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