viernes, 6 de febrero de 2026

Cristian Aliaga: El lucero del Alba, el refucilo

El lucero del Alba, el refucilo, los fuegos fatuos

detrás de los álamos, mi padre busca

los animales dispersos en la tormenta.

Los rayos iluminan en su rotación grupos de vacas,

caballos, ovejas, gallinas y otros animales

que no hallan hueco entre los tamariscos.

Los perros gimen por galpones y corredores oscuros.

Mi padre corre para salvar lo posible, se engancha

en un alambrado y la mordida de un cerdo atascado

lo marca para siempre. Su mano mala.

El amanecer, siempre, salda la destrucción. Cada objeto

destruido, cada animal muerto, deja congoja y trabajo

a repetir, tareas de esclavo.

Con ropa seca y la gorra hasta las orejas, mi padre no habla,

empieza la reconstrucción de lo ajeno.

Abomina de la queja y de los patrones. Silba en su tumba, y me despierta

para jugar el juego del falso dormido.

Me ha legado la rabia, y una manera propia de mirar

el horizonte y los alambrados.



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