Si la pregunta es qué pienso, no pienso nada. Pero si escribo hay cosas que ocurren. Crece la mañana en el extremo de la cuadra, donde comienzan los jardines. Tarde o temprano el sol va a entrar por las ventanas. Falta poco para que la mente vaya tras ellos, los pensamientos que van a encandilarse. Puedo prever el desarrollo del día, el agua que se calienta para el baño, la diferencia de temperatura entre habitaciones. El invierno cavó una zanja de kilómetros. Nunca se había visto. Es como una fosa. Una fosa en el océano. Más escribo, más profunda. Ahora mismo caemos como Alicia, sin amarras. Las maravillas son del Bosco. Un país increíble se abre paso entre los árboles. Un gato con botas se come a un león. Bajo el influjo de la palabra desafiante se volvió un ratón pequeño. Los túneles ya están iluminados. La noche tuvo siempre la luna. Los pensamientos huyen para que vayamos. Se esconden con los amigos de la piedra libre. No pienso. No puedo pensar. Pero si escribo, la luna viste de plata la llanura argentina. Esa luna nos pensó alguna vez. Seguimos la estela que se pierde. La luz buena. La luz de los vivos.
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