lunes, 11 de agosto de 2025

Ohuanta Salazar: nombre originario

Supe que mi bisabuela Rivella vino de Italia pero

yo ando buscando mi nombre diaguita-calchaquí

y no hallo embajada donde acudir.


Sé que ahí están, esos genes, cada vez

que suena el viento como siku entre las cañas

y en la piel trigueña de mi padre Salazar

o en la nariz de mi abuelo González y en esa

sabiduría de yuyos de mi bisabuela Sánchez Paz.


¿Quién habrá sido mi tataratatarabuela y la abuela de su abuela?


Acaso una niña allá, en Ibatín, sometida

por  los changos de Diego de Villarröel

o la habrá matado el paludismo, el hambre o

la zafra bajo el sol.


Tal vez fue una alfarera o tejedora o estuvo

en los cerros resistiendo, montonera

y en los valles o el monte parió a una guagüita mestiza

y le cantó, bajo la luna, la canción de sus ancestros,

nombrándola al oído: Killawarmi o Intihuasi,

hasta que algún criollo la anotó: María o Josefa o Silvia.


Ando buscando mi nombre diaguita-calchaquí y por ahora

para no engañar tanto a mi sangre, me bautizo

con un nombre que recuerdo susurrado a mi oído: Ohuanta,

el hogar de mis abuelos, al pie de los cerros verdeazules,

tierra adentro.



 

1 comentario:

  1. Capaz que andamos cerca. Había un tío que vivía en Tucumán, decía mi madre jajaja

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