Nos desacostumbramos a los sonidos del monte,
al poco cuerpo de la oscuridad,
clavamos nuestros sollozos como espinas
en los pliegues de un idioma que no conocemos
para marcar un camino,
nosotros,
los que no sabemos llorar.
Una mancha de sangre no sale, pero si la limpiás enseguida tenés más chances. Ahora bien, si te demorás puede que no salga del todo, que ...
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