Nos desacostumbramos a los sonidos del monte,
al poco cuerpo de la oscuridad,
clavamos nuestros sollozos como espinas
en los pliegues de un idioma que no conocemos
para marcar un camino,
nosotros,
los que no sabemos llorar.
viene la loba es cada día más voraz salgo a cazar su presa disfrazada de loca no más de mí para entregar la noche cabe entera en su respirac...
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