jueves, 30 de octubre de 2025

Daniel Freidemberg: OCTUBRE

Lluvia lenta y charcosa, hoy.

Dos autos rojos sobre el gris

y, por supuesto, taxis.

Hace un año, mi padre, su

gran cuerpo inocente en una clínica de extramuros,

me daba algo a saber. Soy

ese que pasa ante vidrio iluminado, ante

plástico blando, hierro pintado y mármol

como quien siente algo que llueve atrás: palabras

(“Oro”, una palabra: tres letras en papel fluorescente).

Ahora, arribado al fin a esta planicie del cosmos, puedo ver

algunas cosas: charcos,

hojas de paraíso en la luneta de un dodge,

dos “o” y una “r” fluorescentes, mármol, plástico y

cielo entre el agua, etcétera,

como quien dice “esto era todo”.

¿Esto era todo? Uno: ni azar ni error,

ni el cumplimiento del mandado de nadie. Dos:

saliva agolpada en la boca, tensión muscular.

Tres: manchas, rostros (¿igual que pétalos

en una rama húmeda?). Cuatro: esta ciudad

vulgar en la que vivo

es la misma en que amé y no creí ser amado. Cinco:

de la violenta madrugada, estas paredes

tienen fosforescencias como de mar, una

palabra me inquietaba, o dos. Seis:

lo que llamaba “el corazón”. Siete: la carne,

eso que está, no el alma, eso que al final

se retira y se aplana, terreno de nadie.



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